Las autoridades de inmigración y sus leyes discriminatorias

>> sábado, 19 de diciembre de 2009

Algún tiempo atrás una amiga mía inició una relación con un alemán. Iba a pasar estas (estúpidas) fiestas (mentiras religiosas/capitalistas) con él en su tierra. Para llegar, primero debía hacer un alto en España.

Pero, como suele ocurrir, la Unión Europea tiene algún tipo de problema con los latinos. No les basta con saquear nuestras tierras, violar nuestras mujeres, consumir nuestros recursos, heredarnos sus enfermedades de transmisión sexual y vendernos toda la mierda de occidente, no, también tienen que agredirnos cuando queremos pasar por su territorio de camino hacia algún otro lugar.

Esto fue lo que le ocurrió a Paola:


Detenida, como lo pienso yo… Retenida, como me dijo una “Trabajadora Social” en España fue lo que tuve que vivir por 41 horas en el “Recinto de No Admitidos” de Barajas, en Madrid.

Llegando sólamente como una pasajera más de Tránsito, que iba a esperar sus 8 horas correspondientes para que a las 15:15 horas del día Martes 15 pudiera tomar mi vuelo con destino a Frankfurt-Alemania y encontrarme con mi novio, que me dijo que no había problema con la carta de invitación porque no era necesario.

Ese fue uno de los primeros errores, en España, la carta de invitación es casi Obligatoria, como no la traía, un guardia (el cual detuvo a 6 mujeres el mismo día) fue el que me dijo que fuera a la estacion que estaba dentro del aeropuerto, previamente quitándome TODOS MIS DOCUMENTOS (dígase: pasaporte, pasaje de ida (con ticket de equipaje), pasaje de vuelta). Fui a una sala blanca grande llena de sillas, lo más impresionante fue que encontré a otra Chilena llamada Patricia la cual estaba invitada por su hermano ahí. Grande fue mi sorpresa cuando veía a los policías haciendo nada, absolutamente nada y la única vez que vi que trabajaban fue cuando ellos mismos detuvieron a dos niñas Brasileñas, y así como llegaron salieron hacia su destino normal gracias a un intermediario que trabajaba en la aerolínea.

Las que eramos más grandes, sin embargo, tuvimos que esperar prácticamente 4 horas para poder dar la entrevista de rigor, y claro, lo único que te dicen cuando llegas es: “¿Qué vienes a hacer a Europa?”, “¿Quién te invitó?”, “¿Por cuánto te quedas?”… Y te hacen firmar un documento el cual dices que entiendes que estás a punto de ser “Devuelta” o más derechamente DEPORTADA a tu país de origen porque NO CUMPLES con los Requisitos que piden. Hasta ahí todo claro, tienes derecho a un “abogado de oficio” que prácticamente no hace ABSOLUTAMENTE NADA por ti.

Después te hacen pasar hacia el subterráneo en un ascensor, el cual es un salón extremadamente grande de color azul y que tiene un pasillo con varias salas, supuestamente yo fui a la sala de los NO Admitidos… ahí me pidieron Mis pertenencias, que apagara mi celular, que tuviera todo cerrado, que en una cartilla anotara mi nombre y que mis pertenencias quedarían en un salón para “retenidos”, excepto que me quedara con el poco y nada de documentos que me quedaron (seguro de asistencia) y el dinero que tenía en mi billetera. Luego la guardia de seguridad te toca todo el cuerpo en caso de que tuvieras armas o drogas y te sacan al salón para esperar a la “Trabajadora Social”… la cual te dice que vas a esperar a un abogado de oficio y que ella con otro abogado deciden si te quedas o no dentro del país… mientras entendía la charla me decía que si quiero llamar a alguien tengo que ocupar uno de los 3 teléfonos públicos que hay ahí y que la tarjeta para llamar cuesta 5 euros cada una. Por lo cual llegué y compré. Mientras estaba esperando a la Abogada me puse a ver cuanta gente había dentro, en total eramos unos 15, con Peruanos, Brasileños, Paraguayos, Nigerianos… entre ellos también estaba la Chilena… lo curioso de todo esto es que había una Nigeriana que estaba casada con un Español, ella tenía 6 meses de embarazo y la tenían detenida hace 4 días.

Pasó el tiempo y apareció la abogada, a estas alturas ya había llamado a mi novio para poder ver que se podía hacer, le pedí que hiciera la carta-invitación a ver si se podía hacer algo, lo cual el llegó y comenzó a rellenar… pasé con la abogada y vamos con el procedimiento de nuevo (el cual estaba celebrado por la abogada, un policia y yo)… antes de que puedas rechistar algo más, traté de decirle al policia que tomaba mi declaración con el abogado que podía acortar mi visita a Alemania, pero el no quiso escribir nada mas, y aparte que escribió mal algunos datos e hizo cosas bastante extrañas como decirme “ya he escuchado mucho ese mismo discursito, que vienen aca sin ganas de quedarse y terminan quedandose”.

Cuando me dijeron que no podía ir a Alemania lloré mucho, pensé en que mi novio iba a estar preocupado, no quería amargar a mi familia ni mucho menos, traté de ser fuerte y a la otra Chilena también la deportaron con regreso en el avión a las 0:05 del día 16/12/2009, en cambio a mi me iban a retirar a Chile 20 minutos antes, a las 23:55 horas…

Tratando de asumir mi destino simplemente pude dormir, traté de dormir aparte de hablar amablemente con las Brasileñas del lugar… había una señora que tenía 6 días ahí simplemente porque la habían invitado a una exposición de arte y no la dejaban salir… Las condiciones del lugar no son inhumanas, pero no puedes ver la luz, estás absolutamente cegada por la luz de techo y no podías salir a respirar nada… todo era alrededor de el “comedor” y de las habitaciones… Te decían que una vez que hablaste con el abogado no puedes hacerlo nunca más… siendo que ellos mismos en su página web promovían que tendrían derecho siempre a un abogado para contestarles sus dudas.

Llegó la noche y pese a estar triste de tener que devolverme a Chile y perder plata por las puras, estaba tranquila porque al menos volvería a mi casa… grande y mas fuerte fue mi asombro cuando no me devolvieron y si retornaron a la Chilena que llegó conmigo en ese mismo avión de Iberia, y a mi… me dejaron en shock, llorando y no entendiendo porque no me regresan también “es por las plazas del avión, lo siento mucho” me decía un policía, uno de los más amables que pude haber conocido, encontré mucha empatía con el.

Lo unico que atiné a hacer fue dormir, trate de dormir pensando en mi novio y en la pena que puede estar pasando el pensando que yo estaba de regreso a Chile… al día siguiente lo llamé y le conté que estaba ahí aún, me dijo que bien porque había mandado el fax hacia la comisaría del Aeropuerto a ver si podía hacer algo. También llamé al Consulado de Chile en España, pero pese a que me dijeron que no podían hacer nada, al menos me ayudaron y asesoraron a mi novio para poder mover hilos, como llamar al Consulado de Alemania en España… al parecer, antes de que el Consulado de Alemania pudiera hacer algo por mi… estos llegaron esa misma noche diciéndome que me iba de vuelta a Chile.

Lo que si destaco de toda esta travesía llena de malos ratos, es la gente que conocí… la mayoría de latinoamérica, que fuimos discriminados por muchísimas razones, personas de Nicaragua, Perú, Paraguay, Uruguay, Brasil, México, Nigeria… pese a que nos daban comida y todo siempre fue en términos extraños, porque cuando no les gustaba alguna cosa eran bastante antipáticos, no nos dejaban respirar ni mucho menos ver una ventana, pese a que ver la luz o hacer cosas que uno hace en libertad está dentro de los Derechos Humanos… nos coartan muchísimas cosas porque pasábamos vigilados las 24 horas del día… fueron 41 horas con muchísimo susto, pese a que habían guardias y policías amables, siempre habían otros que te juzgaban simplemente por el hecho de haber estado con alguien de la Union Europea (que te decían porque no te casaste con el, o lo conociste por internet y eres una ingenua), que te miran pensando que estás dedicada a la prostitución o eras una “mula” de narcotraficantes.

Lo que me llamó la atención fue una de las salas que estaba al lado de la cámara de vigilancia con vidrios polarizados que tenían los guardias junto con un policía. En esa sala había un chico de piel oscura (originalmente no se si era de brasil o nigeriano)… pero lo tenían sin una cama, sólo una frazada para que estuviera ahí, amarrado de manos y pies y cada cierto tiempo le decían que se callara, o de repente lo pateaban (aunque no sé con que fuerza)… pero me produjo una impresión enorme porque pese a que nosotros no nos pateaban, golpeaban a un ser humano, a una persona que gritaba mucho cuando lo golpeaban y una no podía hacer absolutamente nada porque no sabría como iba a ser la reaccion de ellos.

Te daban comida cada 6 horas, que si bien no era buena al menos te iba alimentando, pero una se siente presa, sin poder moverse de un salón y cuando uno quiere respirar aire limpio y puro, salir afuera a fumar… no se puede, simplemente aunque te dicen que te niegan el “transito” te encierran como a un vil ladronzuelo. Jamás cometí ningún delito pero la manera en como me mantenían al tanto del sonido de un teléfono para ver si podía salvarte la existencia del “lugar de nadie” hacía que la esperanza se mantuviera al hilo y que uno mismo se hiciera la pregunta si cometió algún delito.

Lo que también me extraño fue que me dijeron que si quería volver a España podía hacerlo si cumplía con los requisitos, pero… cuando ingresé al avión, con sorpresa un policía me dijo que teníamos un tiempo de Castigo de 6 meses antes de volver a entrar a uno de los países de la UE, y más grande fue mi sorpresa cuando me tacharon con una cruz mi pasaporte (que en el lenguaje de los entendidos quiere decir que fuisteDEPORTADA), por lo mismo cuando llegué hice alguna de las acciones correspondientes… ir a Extranjería de Policía de Investigaciones y me dijeron eso, que mi estado de DEPORTADA no podía usar más ese pasaporte (más plata perdida) y para más remate cuando fui a ver lo del equipaje, si no tenía mi ticket no podía reclamar mucho (claro, si te quita la policia española todo efecto de que estuviste ahí como si fueras una delincuente).

A fin de cuentas que trataré de moverme por cielo mar y tierra, para que a nadie le vuelva a pasar esto, porque estoy harta de la discriminación, de las políticas raciales y separatistas, porque ya estoy cansada que a los españoles que vienen acá los acepten siempre y a nosotros simplemente por ser latinoamericanos nos hacen todos los problemas.
Para más datos, la abogada que no-me represento fue María Luz de León, mi resolución de rechazo fue el 67451 y absolutamente TODO lo que promueven en la página web sobre la dichosa sala de NO ADMITIDOS simplemente es FALSO.

Quiero que se sepa, quiero alzar la voz, porque simplemente me cansé que por culpa de los ESPAÑOLES no pude ver a mi novio, no pude pasar ni navidad ni año nuevo con el… y más encima PERDI MI EQUIPAJE. El colmo… no?

Mi nombre es Paola Madrid López, 22 años

Valparaiso.


Sostengo, y sostendré hasta que las cosas cambien o deba marchar al Valhalla, lo que pase primero, que aún el color de la piel es motivo de discriminación.

En pleno siglo XXI

¡Odio todo esto!

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Sacco E Vanzetti (Film)

>> domingo, 13 de diciembre de 2009

Les dejo una producción franco-itálica que reproduce los hechos que llevaron al homicidio, por parte del estado norteamericano, de Nicola Sacco y Bartolomé Vanzetti.

¡Evviva l'anarchia!

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Los Hechos de Jacinto Aráuz

>> miércoles, 9 de diciembre de 2009

Los Hechos de Jacinto Aráuz

Jacinto Aráuz no es un QUIEN sino un DONDE. Es un pueblo en plena llanura, en el linde entre la provincia de La Pampa y Buenos Aires. Es un lugar que sobrevive en la actualidad como resort vacacional, según su página de internet. Ganó un lugar en el mapa porque el célebre René Favaloro pasó sus epocas como médico rural en este municipio. Incluso hay un museo para homenajearlo.

Pero más allá de estos pintorescos datos en Jacinto Aráuz, 89 años atrás, ocurrió un hecho único en toda la historia argentina. Hecho anecdótico quizás, pero enterrado en las arenas del olvido, perdido, ignorado. La gente no habla. La página del pueblo no relata los trágicos sucesos de aquel 9 de diciembre de 1921. El miedo, la desidia, la tristeza y una tragedia cuantitativamente mayor han relegado al olvido a los tenaces rebeldes de Jacinto Aráuz.

Acá los hechos.


En 1921 terminaba el primer gobierno de Yrigoyen. La lucha de clases en un mundo dividido había dejado miles de muertos, victorias y derrotas. Las grandes victorias para las clases bajas fueron referidas al derecho: se crearon y reformaron leyes y códigos en beneficio del explotado trabajador, no en la constitución, pero sí en los convenios con la patronal.

En la inmensa llanura pampeana se levantaba la cosecha. Esto describió sobre el trabajo, en una entrevista de Osvaldo Bayer, un peón que lo vivió en carne propia:

Lo más penoso no era el trabajo en las chacras, no importa lo agotador de la tarea, sino que lo inaguantable era el trabajo en las máquinas trilladoras, verdaderos lugares de esclavitud. Los horarios, por lo regular, eran desde las 4 de la mañana hasta las 11 de la noche, la comida se
componía de un puchero de carne de oveja con una sopa de arroz y galleta dura. Los maquinistas eran los dueños de las trilladoras que hacían campañas de leguas y leguas de campo- respaldados por la policía y apañados por los políticos lugareños (casi siempre conservadores) eran la única justicia imperante. Si por el viento se podía gastar más la correa del motor, se hacía trabajar a los
horquilleros contra el viento, es decir, que recibían en la cara toda la tierra y la paja que volaba.

Junto a los peones estaban los estibadores, quienes debían transportar las bolsas con la cosecha a los graneros. Muchas veces, se exigía, para mejorar la productividad, que el trabajo se hiciera al trote.

Estas bolsas tenían que ser transportadas en la espalda, ya que pesaban unos 80kg.

La FORA (Federación Obrera Regional Argentina), sindicato horizantal independiente (antítesis de la CGT peronista, vertical y servil, que sobrevive hasta nuestros días) presentó un pliego de condiciones a los cerealistas. Trascribo el documento:

El peso de la bolsa será de sólo 70 kilos; los horarios serán de ocho horas diarias de trabajo de cuatro y cuatro, no se permitirá el consumo de bebidas alcohólicas ni el uso de armas en los lugares de trabajo; en lo que toca a la corrida de vagones, tapado de chatas, movimiento de 'burro', como movimiento de balanza, se cobrará extra; el trabajo no será al trote sino al paso normal de hombre.


La lucha, plagada de infamia, asesinatos, procesos ilegales y falsos, logró que las demandas del sindicato fueran oídas y acatadas. La mayor parte de los empresarios cerealeros debió firmar el pliego.

El caso de Jacinto Juarez es, además, vital ya que elimina la figura del capataz. Los obreros sólo aceptarán al capataz como compañero. El trabajo que antes hacía este será hecho por el delegado semanal (rotaban en el cargo cada semana, valga la redundancia).
Esto es relevante porque el capataz, quien pagaba los sueldos, recibía un extra por cada bolsa de cosecha estibada SIN TRABAJAR. De este modo se terminaba el parasitismo, ya que ese extra, cobrado de todas formas, se dividía en el total de hombres que participaron de la cosecha.

A principios de diciembre de 1921 se presentó ante los obreros de Jacinto Aráuz un hombre de apellido Cataldi, quien dijo ser el nuevo capataz. Los obreros le exhortaron a retirarse, sin violencia, pero con una amenaza implícita. El tipo se fue.

Días después se pidió una reunión en Bahía Blanca, la ciudad más cercana. Los obreros enviaron tres delegados a la vecina ciudad. Se les informó que algunos chacareros protestaban debido a un punto (el peso de las bolsas). Si algunas excedían lo impuesto en el pliego ellos cobraban más. Se le prometió a la FORA que si dejaban sin efecto la clausula que hacía referencia a este aspecto no sería enviada una nueva cuadrilla.

La Sociedad de Resistencia de Obreros Estibadores de Jacinto Aráuz aceptó.

El punto es que nadie esperaba esto. La petición de la burguesía era un mero pretexto para acabar con los anarquistas en la zona.

Tenían, de hecho, preparada toda una cuadrilla para reemplazarlos. En efecto, el hombre que se presentó poco antes como Cataldi era su capataz, pero también era miembro de la infame y ominosa Liga Patriotica Argentina, quienes, como parte de sus objetivos, pretendían reprimir toda actividad libertaria.

El 8 de diciembre el delegado Machado fue a entregar las llaves de los galpones al dueño cuando este le informó que al día siguiente se ocuparía todo el trabajo la nueva cuadrilla. Sin mediar NADA, y ellos habiendo aceptado las condiciones de los empeladores, los estaban echando de sus trabajos.

De inmediato se dio la voz de alarma entre los trabajadores, en Jacinto Aráuz y en los pueblos vecinos Bernasconi y Villa Alba (esta última llamada en la actualidad José de San Martín).

A la madrugada se realizó una asamblea extraordinaria para decidir el curso de acción. Estaba claro: se defenderían los puestos de trabajo.

Tomaron los galpones. La nueva cuadrilla no pudo entrar. Estaba a punto de empezar el enfrentamiento, todos iban armados. La voz de la policía los invitó al diálogo. Guardaron las armas. Machado envió entonces un telegrama vía telégrafo al superintendente de Bahía Blanca, el hombre que, en un principio, fue mediador entre ambas partes, pero que claramente no era neutral, sino funcional a los empleadores. Este respondió el telegrama con un simple “Clausure galpones, yo viajo”.

Esto fue hecho. Alrededor de las 8 de la mañana los anarquistas, reunidos en un local, preparaban una comida cuando fueron rodeados por las fuerzas policiales.

Un policía llamado Américo Dozo les comunicó las órdenes: acompañar a las fuerzas del orden a la comisaría, desarmados.

Tras largas discusiones los anarquistas resolvieron que el señor Dozo los acompañaría a ellos a la comisaría. Armados.

Al llegar a la comisaría los hicieron pasar al patio. Se llamó al primero al interior de las instalaciones: Machado. Tras unos minutos se llamó al segundo: Guillermo Prieto. Prieto no entró al edificio. Dio voz de alarma, ya que vio a Machado en el suelo, ensangrentado, rodeado por el comisario Pedro Basualdo, el subcomisario, varios agentes y hasta un civil. Apenas pudo gritar. Lo metieron al cuarto de la paliza de inmediato.

Llamaron a un tercero sin dar nombre: todos tenían que entrar, todos tenían que recibir la golpiza.

Nadie se movió. Habló un obrero de apellido Quinteros:

-No venimos como detenidos. Que salga el comisario Basualdo y que nos diga que pretende.

En ese momento apareció Basualdo, fusil en mano, y gritó:

-¡Ahora vas a ver! ¡Agentes, métanle bala, no dejen a ningún anarquista vivo!

El primer disparo dio en el cuello de Quinteros, quien moriría poco después, desangrado.

Jacinto Vinelli, secretario de la Sociedad de Resistencia, hizo un llamado a la paz. Fue infructuoso. Los obreros, rodeados en una comisaría, eran atacados en todas las direcciones. Ninguno esperaba algo así; algo que ni siquiera pretende ser un fusilamiento. Por rebeldes fueron encerrados; por rebeldes se los quería matar como a animales.

Sorprendidos, sufrieron bajas y heridas en aquel primer golpe inicial. Pero no se trataba de niños, sino de hombres. Y no hombres cualquiera, sino anarquistas. Tipos que, aunque pobres, habían sido instruidos por sus congéneres. Eran cultos y duros. No iban a rendirse sin luchar.

Y eso hicieron. Sacaron sus revolveres y cuchillos y comenzó un hecho único en los casi dos siglos de existencia de Argentina: un grupo de hombres, a punto de ser asesinados ilegalmente por policías dentro de una comisaría, enfrentó y venció a los uniformados.

Queda claro que si el intento de los agentes fue la quintaesencia de la vileza del sistema, la actitud de los obreros es la quintaesencia de la rebeldía, de la lucha por la libertad, por la vida.

La policía esperaba disparar un poco, matar un par y que el resto se rindiera. Pero los anarquistas no iban a pedir, ni a dar, cuartel. Rodeados, comenzaron a escupir plomo sin asco. Los agentes tuvieron que retroceder, buscar cobijo. Los libertarios, que no tenían un atrás al cual retroceder, avanzaron a filo de cuchillo, secundados por las balas.

En diez minutos tomaron la comisaría e hicieron prisioneros a los policías. Pero las balas se terminaban. Ninguno tenía más que un cargador. Por lo cual, triunfantes, abandonaron el lugar y los “rehenes”.

No obstante, la victoria no fue completa. Quinteros había muerto. Había muchos heridos en ambos bandos. El estibador Ramón Llabrés murió poco después.

En el patio cayeron dos policías, el ya mentado Dozo y un tal Freitas. Poco después fallecerían a causa de las balas libertarias el oficial Merino y el agente Mansilla.

Basualdo pidió refuerzos policiales a los pueblos vecinos. Y entonces comenzó la caza de los acratas.

La versión policial afirmó que un grupo de 40 peligrosos anarquistas asaltó la comisaría.

Se allanó la Sociedad de Resistencia. Destrozaron los muebles, quemaron los libros, so excusa de haber encontrado “material subversivo”. Se allanaron también las viviendas de los anarquistas de toda la zona. Había que escarmentarlos.

Dos anarquistas que participaron en los hechos, Alfonso de las Heras y Teodoro Suarez, quienes habían huido a pie, fueron detenidos y torturados por el el subcomiasrio Bianchi.

Los llevaron a la comisaría. En el patio aún estaba el cuerpo inerte de Quinteros, el compañero muerto. Los de los policías, no obstante, habían sido trasladados para “darles cristiano velatorio”.

Estos hombres, como todos los capturados, fueron atados de pies y manos con alambre de púas y torturados nuevamente. Esta vez los agentes del orden se quitaron la rabia de la humillación a latigazo limpio.

Lo peor no había llegado. Se trajo a las compañeras de los libertarios para que atestiguaran la barbarie.

Pero el latigo no bastaba. Pioneros en la tortura, los policías argentinos encontraron su morboso divertimento en parejas. Un agente levantaba de la cabellera a la victima y otro le orinaba el rostro. Delante de su mujer y de sus hijos. Mientras estaba inmóvil.

Lo anterior está tomado de la declaración de el doctor Enrique Corola Martínez, abogado que atestiguó el accionar policial y tomó la defensa jurídica de los anarquistas.

Entre las mujeres que fueron obligadas a descender, en calidad de testigos, a los sótanos de la humana monstruosidad destaca Zoila Fernández, compañera de Jacinto Vinelli, el secretario de la Sociedad de Resistecia.

Transcribo el relato hecho por esta mujer al juez deferal, doctor Perazzo Naón:

Poco después de las once me visitaron no menos de veinte policías, entre ellos el comisario de Villa Iris, los que entre insultos y amenazas me pusieron las esposas, dedicándose luego al saqueo de la casa. Destrozaron lo que pudieron en la mía, pasando de inmediato al local de la sociedad donde lo que no pudieron llevarse le prendieron fuego. Como todo esto lo hicieron en presencia mía, les pedí me sacaran las esposas para llevar a mi hijito, que apenas tenía cuarenta días, pero mis ruegos fueron desoídos, conduciéndome a golpes a la comisaría. Allí contemplé el cuadro más horrible. Los charcos de sangre causaban una dolorosa sensación. Los heridos respiraban con dificultad y de vez en cuando hacían oír un quejido entrecortado.
Cuando por la tarde los policías se habían repuesto del susto, me llevaron a la oficina, donde después de dirigirme toda clase de improperios me tomaron por la nuca y me llevaron hasta el patio para hacerme limpiar con la cara los charcos de sangre. (Testigos presenciales de este hecho relataron que Zoila Fernández gritaba histérica: '¡no me importa que me hagan esto, es sangre de machos, sangre de anarquistas!'). Luego fui conducida a un calabozo con la amenaza de que a la noche la pagaría, esta amenaza que yo la veía cumplirse, porque no hay espíritu más ruin que el del policía, y el recuerdo de mis queridos hijitos, a quienes no vería más, me estremecieron de espanto y pasé unas horas que me serán inolvidables mientras viva. Sin embargo estaba convencida que antes de ser ultrajada tendría la suficiente fuerza para hacerme asesinar. Felizmente las amenazas no llegaron a cumplirse gracias a un oficial, que habiendo sorprendido las provocaciones de los policías me hizo poner guardia. Más tarde, y por indicación del mismo oficial, logré que me trajeran a mi hijito, que se me moría de hambre y con él presencié las horribles torturas que les fueron aplicadas a indefensos obreros, que ni habían participado del hecho. Nunca vi crueldad más grande. Se les cruzaban las muñecas por detrás y se les ligaba con alambres de púa. El juez Perazzo Naón encontró a los presos en esas condiciones y, por orden suya, después de las declaraciones de práctica se nos puso en libertad a mí y a otra compañera, y a los presos se les quitó las ligaduras. Pero cuando el juez se fue a comer, los polizontes volvieron a ligarles las muñecas a los presos, aunque esta vez con alambres de fardo. Así permanecieron hasta el otro día en que fueron conducidos hasta Santa Rosa

No se tiene el nombre del oficial que defendió a la mujer.

Por otro lado, sí se tiene el nombre de un policía que actuó con justicia. Su apellido era Zárate y fue el encargado de transportar en tren hasta Santa Rosa a los detenidos.

Al llegar a la capital de La Pampa, Zárate debió enfrentar a la indignada población que quería hacer justicia por mano propia y la siempre inicua Liga Patriotica Argentina. Con temple de hierro, más cercano al de los anarquistas que a la cobardía de sus compañeros policías, Zárate condujo a los reos a la cárcel, evitando el linchamiento.

La defensa de los hombres fue tomada por Pedro E. Pico, un célebre dramaturgo, y por el ya mencionado Corona Martínez.

Acá hay otro de esos extraños casos que hacen a la mística libertaria, que en sus actos suele tener siempre algo de novelesco, de insólito, de inverosimil.

Para llegar a la verdad, Corola Martínez se mudó a Jacinto Aráuz y fingió ser un simple corredor de comercio. Así logró investigar los hechos y finalmente probar, en un extenso alegato, que el comisario Basualdo había aceptado una suma de dinero para asesinar a los anarquistas.

Esto deja claro el lugar de la policía: meros sicarios legalizados, perros de la guerra de una oligarquía atemorizada.

Una vez enterados en Buenos Aires del atropello, los distintos organismos de los trabajadores se solidarizaron con los rebeldes de Jacinto Aráuz, pero este hecho quedaría opacado por otro mayor.

Ya llegaban las noticias de las andanzas del teniente coronel Hugo Benigno Varela por tierras australes. Ya se acercaba la Patagonia Rebelde, ya se acercaba la lucha de José Font y Antonio Soto, ya se acercaban los 1500 fusilados, ya se acercaba el desprecio hasta de las prostitutas y, como no, ya se acercaba la bomba y las balas del alemán Kurt Wilckens, el vindicador, héroe y mártir de los hombres libres allá dónde y cuando se encuentren.

Las condenas, pese a la brillante defensa de Corola Martínez y Pico, fueron negativas. Seis fueron condenados a tres años de prisión y el resto cumplió entre once y tres meses.

Todos los policías fueron absueltos.

Jacinto Vinelli, el secretario, y Machado, el delegado, jamás fueron apresados.

Estos son los hechos de Jacinto Aráuz. Hechos devorados por el tiempo, olvidados por el lugar donde ocurrieron. Sólo una vez se contó esta historia que hoy rescato. Porque es necesario que sepamos que, pese a todo, alguna vez hubo hombres que en la inmensa soledad de un país que se estaba construyendo se atrevieron a levantar la cabeza y que por eso se los quiso matar. Pero no se rindieron. Porque en ocasiones hace falta pelear incluso dentro de la comisaría.

Con todo en contra estos valientes hombres ganaron la batalla. No pudieron matarlos. Ni los policías pagados para hacerlo ni el sistema carcelario.

Casi 90 años después las cosas han cambiado poco. Ya no quedan anarquistas en Argentina pero la policía sigue siendo corrupta, sigue aplicando la ley Bazán (tiro primero, pregunto después), sigue matando por encargo, sigue aplastando a los portadores de voces rebeldes y reivindicadoras. A través de este siglo incompleto se han multiplicado los Basualdo y se han extinguido los Zárate.

Aún hoy existen condiciones laborales inhumanas. Pero ya no quedan rebeldes.

En este artículo no pretendo sermonear a nadie ni implantar mis ideas, tan sólo contar la historia que algunos se han encargado de ocultar. ¿Por qué otras historias se cuentan y esta se esconde?

Porque en Jacinto Aráuz ganaron los rebeldes. El sistema perdió.

Fuentes:

“Los Anarquistas expropiadores y otros ensayos” de Osvaldo Bayer.

www.laluchaanarquista.blogspot.com

www.lafogata.org

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Wolfquest

>> domingo, 29 de noviembre de 2009




Existen simuladores de todo tipo. De conducción de vehículos, de construcción de ciudades y sociedades, de gestión institucional, de relaciones sociales y, ahora, ¡también un simulador de lobos!

Wolfquest es un software desarrollado por el zoológico de Minesota y eduweb con el propósito de introducir a la gente en la verdadera naturaleza de uno de los animales más misteriosos que pueblan el mundo.

Las opciones de personalización del animal que encarnaremos son mínimas (tonalidad del pelaje, género y algunos atributos, apenas) pero eso no quita mérito al proyecto.

En el juego se deberá alimentar al lobo (se podrá cazar liebres y búfalos), buscarle un/a compañero/a para iniciar una manada y luchar contra adversarios (coyotes, osos e incluso otros lobos).

El software posee soporte multijugador para que hasta 5 personas interactuen de modo cooperativo en una partida online.



Es muy claro el estudio del animal que fue realizado por los desarrolladores. Los movimientos son muy realistas, así como la ambientación de los escenarios (puntualmente, el parque Yellowstone, en Minesota). La banda sonora es adecuada.

Para cazar o buscar a los oponentes se puede utilizar la "visión olfativa", que nos permite rastrear tanto presas como aliados.

Pueden ver un video ACÁ.

El juego, completamente gratuito, puede ser descargado desde la página oficial de Wolfquest.

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Entrevista a Osvaldo Bayer

>> lunes, 23 de noviembre de 2009

Un reportaje de Rosario Lufrano al historiador anarquista autor de Los Vengadores De La Patagonia Trágica y Severino Di Giovanni, El Idealista De La Violencia, entre otros libros.

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