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A LOS 16

>> sábado, 10 de noviembre de 2012

Es un hecho, damas y caballeros, niños y niñas, homos sapiens y mutantes: en Argentina, ahora, se puede votar a partir de los 16 años.

Que suene la pirotecnia.

Que suene, mientras La Cámpora invade los colegios con obvios fines proselitistas, algo que sus propios funcionarios prohíben mediante la sanción y ratificación de leyes y decretos.

Este video contiene imágenes de una experiencia camporista en Tandil.



El decreto 2299/11 dice en el artículo 193: 



Prohíbese la colocación de símbolos religiosos o de partidos políticos, en el ámbito de los edificios escolares, excepción hecha de las escuelas de gestión privada confesionales con relación a los símbolos religioso.

Firma Daniel Scioli. ¿Este no era Kirchnerista?

Esta es la reglamentación vigente para la provincia de Buenos Aires. ¿En qué quedamos?

Al parecer quedamos en bombardear la cabeza de los niños y luego darles acceso a las urnas. Mientras poco a poco el famoso, bendito 54% disminuye día a día.

A los 18 no se puede beber en un bar, pero se puede ir a la guerra. A los 16 no se puede salir del país sin autorización paterna, pero se puede votar. Otra de las contradictorias inmundicias del sistema.

¿En verdad se tiene claridad de ideas a los 16 años? Una bomba sólo está hecha para estallar. Una bomba hormonal, lo que es todo adolescente, no tiene otro destino.

¿Alguien va a negar que el sexo se ha utilizado siempre en la militancia? Se usa como herramienta para ganar adeptos, de los “no sabe, no contesta” y de las huestes enemigas. No hay nada nuevo bajo las estrellas.

Mis años adolescentes no están tan lejos como para haber olvidado los días del fanatismo. Defendía ciertas bandas de heavy metal como los fieles defienden el buen nombre de Mahoma. Eso es lo que veo en los jóvenes. Defienden el modelo K, los ya adheridos, como quien ha encontrado su mesías tras una temporada de pie ante las puertas del infierno. Siempre y cuando no interfiera con sus posibilidades de un encame, por supuesto.

¿Lo mismo se aplica al resto? Sí. Pero de ellos he hablado con anterioridad. La llamada derecha (un sector conservador que no logra ponerse de acuerdo). El mecanismo es el mismo con los seguidores de otros, como Pitrola y Altamira, que tienden a llamarse izquierda.

Porque es una simple etapa de la vida.

Y el problema, y por lo que no se nombra a la derecha ni a la izquierda, es que todo lo anterior proviene de un único espacio: los K. Ellos lo impulsaron y lo hicieron para su estricto beneficio. Sea Cristina, sea algún otro, pretenden llegar a los 16 años de gobierno.

Desde los 16, para los 16. Lástima que nunca me interesó la numerología.

Está hecho. ¿Ahora? Ahora deberíamos preguntarnos cuál será la estrategia K para llegar a los 20. Si es que llegan.

La humanidad tiene una infancia larga, un beneficio para todo esto que ves a tu alrededor. Sí, la computadora que usas, las paredes, las ventanas, el escritorio, la taza de café. La civilización y todos sus productos.

En un sentido evolutivo, permanecer más tiempo en la infancia da más tiempo de aprendizaje. A mayor edad, mayor dificultad para aprender las cosas. No se le enseñan nuevos trucos a un perro viejo, por eso nos mantenemos como cachorros más tiempo para tener un mejor arsenal de trucos.

Parece que algunos creen que el tiempo de aprender es el mismo que el de decidir. ¿Han entendido cómo funciona la economía o sólo repiten lo que sus cabecillas dicen? ¿Saben quién fue James Joyce y cuánto ayudó su Ulisses a la liberación femenina o se quedan con Coelho? ¿Pueden hacer un razonamiento propio o se limitan al cassette militante?

Sí, eso pensé.

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Nunca Menos

>> jueves, 24 de marzo de 2011

No comparto la idea. No soy un demócrata tibio y progre del siglo XXI. Soy un anarquista. Pero disfruto las ventajas (pocas, muy pocas) que el sistema me brinda.

En este momento, mi mayor placer es escribir (la verdad, la verdad y sólo la verdad) con toda la tranquilidad que pueda experimentar un hombre. Otros no la experimentaron. Otros escribieron (la verdad, la verdad y sólo la verdad) con plena conciencia de estar colgándose una soga al cuello. Walsh, allá en el 77. Y tantos otros como él.

Dosis de libertad, ningún soma postmoderno, verdaderas herramientas para generar ideas. Dosis de libertad que aprovecho para decir lo que tantos olvidan.

HECHO: En Argentina se cometieron crímenes de lesa humanidad al amparo de la Santa Basura Católica. Los capellanes que estuvieron presentes en las ejecuciones no fueron a auxiliar a las víctimas. Fueron a limpiar la conciencia de los verdugos. "Estos hombres y mujeres están libres de pecado, pueden ir en paz con Dios" decían para consolar a los perros de la guerra de los dictadores.

HECHO: Durante ese período el país estuvo gobernado por un manojo de burros (con perdón de los burros) en todos los aspectos. En todos, excepto en la economía. Ahí, como siempre, se sentaron civiles nefastos que utilizaron las herramientas del país para endeudarnos a todos; para engordar sus propias cuentas bancarias.

HECHO: En nombre de la esvástica por un lado, y de la hoz y el martillo por el otro, se cometieron genocidios a lo largo del siglo XX. Verídico, pero quienes afirman esto debieran recordar que los 30000 desaparecidos criollos fueron sacrificados al dios Mercado en nombre de la Escuela de Chicago, en nombre del capitalismo.

HECHO: La milicada temía no poder evitar la "subversión" cultural. No lo lograron, cosa que aplaudo. Pasamos de la represión de cualquier idea concebida fuera de los torvos límites del establishment a tener matrimonios formados por parejas del mismo sexo, soft porno en canales de aire y remeras del Che para todos. Eso sí, la cultura está destruída en cualquier otro aspecto, pero peor es Videla.

HECHO: En el aspecto económico no fallaron. Lo que se inició con Martinez de Hoz sobrevivió en tiempos de Alfonsín y vivió su luna de miel con Menem. Después vino De la Rúa, los cinco presidentes en una semana y esta era K, que tantos quieren asociar con el primer peronismo.

HECHO: Fue una dictadura fascista. Sin el componente del prejuicio racial, sí, pero el prejuicio racial no es conditio sine qua non del fascismo.

HECHO: La izquierda peronista no era Montoneros. Montoneros no era Firmenich. Firmenich era católico y comenzó su militancia en Tacuara, un grupito fascistoide. Esto último no lo comprobé. Todo lo demás sí.

HECHO: El famoso "pueblo peronista" estaba más cerca de Rucci negociando con el establishment que de Montoneros llamando a la revolución social.

HECHO: El argentino promedio es un cobarde. El primer día les creo la pasividad. En siete años tuvieron tiempo de sobra para matar a los tiranos. Pero no lo hicieron. Lógico, estaban ocupados mirando pulcras señoritas en la televisión.

HECHO: ¿Cómo se enfrenta un tanque de guerra? En China alguien se pararía delante y no le permitiría avanzar.

HECHO: ¿Cómo se dice la verdad? Arriesgando la vida. Walsh lo sabe.

Y tantas otras cosas que nunca se dicen. No hubo dos demonios. Hubo un demonio y una sociedad imbécil. No hubo proceso de reorganización nacional. Hubo una puta tiranía. No hubo juicios. Hubo comedia sin gracia (gracias, Alfonsín, por las leyes de obediencia debida y punto final, me dieron ganas de matarte, así descubrí mi vocación regicida).

La última dictadura es, en esencia, el gran trauma patrio. La patria es una mierda. Nunca más, esta mierda, por favor, nunca más.

Y nunca menos que esto, tampoco. Nunca menos que decir la verdad. O intentarlo.


Diego Nieto | www.unamaldicion.com.ar

Difundir si se considera pertinente.

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ABORTO: "¡Viva la muerte!" gritan los defensores de la vida

>> lunes, 25 de octubre de 2010

“¡Viva la muerte!” fue el grito entonado por los fascistas en la universidad de Salamanca en 1936. Narró la anécdota, si la memoria no me traiciona, Miguel de Unamuno, quien falleció poco tiempo después, quizás de tristeza.

“¡Viva la muerte!” es la expresión que mejor resume la esencia del fascismo; es el motivo por el cual muchos se posicionan como antagonistas. No se confundan. Hollywood no tiene mucho que ver con esto.

Los que exclamaron “¡Viva la muerte!” fueron los mismos que afirmaron ser defensores de occidente, de la civilización y, como no, de la vida.

Hoy, en defensa de la vida, se oponen a la regulación del aborto por parte del Estado. Puede parecer obvio, puede parecer que están en lo correcto, pero la realidad nunca es simple.

Todas las mujeres condenadas a causa de un aborto tienen una característica en común: son pobres.

Las hijas de los adinerados no son denunciadas. Esos abortos, que también existen, nunca salen a la luz. Los pudientes pagan clínicas con tecnología de punta. Las intervenciones se realizan en condiciones sanitarias óptimas, con riesgos mínimos.

La mujer pobre debe abortar en el comedor de una vecina. Sin atención profesional, sin elementos esterilizados, con peligro de infección letal o desangramiento o ambas cosas. Y no hablemos de la carencia total de contención afectiva.

Ambos son procedimientos clandestinos y, al menos de momento, ilegales. No obstante, hay una diferencia evidente. ¿O acaso no sabemos todos cuales son los nosocomios de la ciudad en la que se practican estas operaciones?

La hija del señor juez no arruinará su figura ni su futuro. Asistirá a X clínica, saldrá, será doctora en leyes y vivirá una vida color rosa.

La hija de mi vecino abrirá las piernas para que alguien le introduzca una aguja de tejer por la vagina, contraerá una infección, dejará huérfanos a sus otros cinco hijos y tendrá una muerte roja sangre.

No obstante, hay algo que es común a toda mujer que alguna vez abortó, sin distinción de clases: ambas, pobres y ricas, sufren un trauma.

Y lo sufren, en buena medida pero no exclusivamente, a causa de los valores establecidos por la hegemonía. Históricamente este milico país ha sufrido los abusos de dos instituciones: la Iglesia Católica y las Fuerzas Armadas. Y conocemos bien a ambas, pero no está de más hacer un breve repaso por significativos hechos como la inquisición, las cruzadas, el genocidio de las culturas precolombinas, entre otros; no está de más hacer un breve repaso por significativos hechos como catorce dictadores, miles de desaparecidos, represión absoluta de la libertad de expresión, entre otros.

Por supuesto este no es el factor que desencadena el trauma, en países con mayor tradición democrática, como la ininterrumpida de USA, también la mujer debe lidiar con sus fantasmas. Pero apostaría a que el peso de la historia del sitio en que nació potencia la angustia y el dolor.

¿Pero es matar el aborto? Sí. Pero también lo es recoger una flor. Un ser humano está vivo. Y un virus también. La vida es, desde el punto de vista biológico, “un estado o carácter especial de la materia alcanzado por estructuras moleculares específicas, con capacidad para desarrollarse, mantenerse en un ambiente, reconocer y responder a estímulos y reproducirse permitiendo la continuidad”, según Wikipedia, la fuente más accesible pero no necesariamente la más próxima a la exactitud.

Me dirán que no es lo mismo arrancar una flor que abortar, y estoy de acuerdo. Pero yo conozco mis motivos, por eso pregunto los de ustedes: ¿por qué es diferente?

No acepto dubitativas respuestas de manuales religiosos. Quiero convicciones. O, al menos, que admitan que no tenemos que hablar de vida, sino de persona.

¿Cuando se es una persona? Quizás es una pregunta necesaria pero muy poco realizada. Aún cuando los juristas indiquen que JAMÁS se debe redefinir el término persona.

Miro mis uñas. Son parte de mí. Lo mismo mi pelo. Mi barba. Pero no son yo. Son puñados de células que, en general, se mantienen con fines estéticos.

¿Y un feto es una persona? Lamento informar que en el momento inmediato posterior a la concepción un feto no es más que un espermatozoide (una célula) fusionado con un óvulo (una célula), es decir, un cigoto. El cigoto humano no es distinto del cigoto de un hongo. No poseen emociones. Ni recuerdos. Ni tienen modo alguno de sufrir porque no tienen sentidos y, por ende, no son capaces de recibir estímulos de orden empírico.

El aborto anula la existencia de una persona en potencia, pero no acaba con una persona real, nunca más claro, no acaba con una persona de carne y hueso.

Y acá hay un dato interesante: la cantidad de personas permitidas por nuestro ADN supera con creces el número de personas que existen. Cada espermatozoide que no alcanzó un óvulo es una persona en potencia que jamás conoceremos. Guitarristas mejores que Blackmore. Poetas superiores a Blake. Científicos más brillantes que Darwin. O, sin más, buenas personas.

Dicho en otros términos: la naturaleza tiene un mecanismo donde juega la potencialidad de la existencia. Y esto, mis amigos, tiene el significado que ustedes quieran darle. Yo sólo les menciono un hecho.

Permítanme mencionar otro hecho. Hay fetos que se gestarán por completo y, aún así, no vivirán. Hay ocasiones en que, simplemente, el organismo no será capaz de sobrevivir fuera del útero, por diversos motivos. Esto, con la tecnología actual, puede saberse desde las primeras semanas de embarazo.

Una mujer en tal situación debe sufrir un trauma muy superior al del aborto. Debe gestar durante nueve meses un hijo que no vivirá. En la práctica lleva en sus entrañas un cadáver y nada más que un cadáver. Jamás hablará. Jamás la abrazará. Jamás lo sostendrá en sus brazos. Todo cuanto podrá hacer es enterrarlo.

En algunos países, aunque el aborto sea ilegal, en tales condiciones, excepcionales sin duda, se permite interrumpir la gestación. Reitero: en algunos países. No en todos. En Chile, por ejemplo, el sistema obliga a la mujer a continuar con la gestación.

Y en este punto me gustaría señalar algo que debiera tener en cuenta la mitad de ustedes antes de tomar posición: es fácil oponerse cuando se es hombre. Nosotros no lo experimentamos más que como testigos. No es nuestro el peligro de morir en el comedor de la vecina, no es nuestro el cuerpo donde debe gestarse el feto.

Me atrevo a decir que, en demasiadas oportunidades, demasiados de nosotros, juzgamos por el simple hecho de vivir insertos en una sociedad patriarcal que, aún hoy, privilegia al género masculino.

Son demasiados los factores que no tomamos en cuenta a la hora de hablar. Sí, hay preservativos gratuitos provistos por el estado, pero no educación para todos. Todos los que nacimos a partir de 1980 fuimos bombardeados por la televisión con el mensaje que nos indicaba que usáramos preservativos, pero eso no significa que estemos formados. Sólo estamos informados. Y con eso no alcanza.

¿Qué hay del sempiterno “de eso no se habla”, aún tan presente en muchos sitios, como por ejemplo las provincias feudales? Si una chica de trece años no puede preguntar a un adulto cómo cuidarse a la hora de disfrutar de su cuerpo, ¿cómo podemos pretender que exija a su compañero que utilice un profiláctico?

Esto se nota mucho más en los sectores humildes. En las villas, entre gallinas, en los chiqueros, los excluidos, los silenciados, los que desconocen la existencia de un mundo más allá de la mugre.

Saben que existen los métodos anticonceptivos pero, quizás, nunca se plantearon el utilizarlos. Porque el chico de 15 años que trabaja como jornalero se limitó, como mucho, a decirle a su noviecita de 12 “Tomá pastillas” y ella no tiene idea de cómo conseguirlas, o no comprende que el ingerirlas, para que sean efectivas, debe ser un hábito.

Y lo cierto es que al sistema nada le conviene más que una sociedad ignorante, porque así es más dócil y, por ende, más manipulable, funcional a sus fines; a los fines de las corporaciones, que están interesadas en vender miles de cosas que nadie en verdad necesita. Sí, amigos míos, el cartonero también tiene celular.

Y la Iglesia, esa que no dudó en masacrar culturas enteras, sólo se preocupa por los nacimientos. Defiende el parto, no al individuo. Defiende el bautismo, defiende su bolsillo, repleto gracias al trabajo de todos nosotros, ya que la mantiene el Estado. ¿Y luego me hablan de moral? Excluyan tal concepto de esta discusión, por favor.

Así nos quieren: pobres e ignorantes, meras ovejas guiadas por un siniestro pastor.

Y luego los hijos de los pobres nacen al desamparo. Al frío. Al hambre. A las calles. Vienen a soportar la exclusión económica, social y cultural. Y tienen que ser buenos pobres, conocedores de su lugar, allá, al fondo de la putísima jerarquía. El resultado es violento. Pero no importa, pedimos mano dura y, tras defender a ultranza la vida, reclamamos al gobierno la pena de muerte.

Porque al negarnos a una debida regulación del aborto, gratuita y en condiciones sanitarias dignas, este es el resultado. Una vez más, “¡Viva la muerte!”. La de la mujer en el comedor, la del crío en las calles, la del peatón en un asalto.

No han cambiado nada desde 1936.

Por un aborto legal, seguro y gratuito, para los que DE VERDAD defienden la vida.

Diego Nieto | Maldito Lobo

www.unamaldicion.com.ar

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Algunos...

>> domingo, 10 de octubre de 2010

Algunos, mientras más rebeldes se muestran, más sumisos son.

La palabra SHOW es una voz anglosajona. Significa, literalmente, MOSTRAR. O, para ser exacto: EXHIBIR.

Es bien sabido que la pintura en una galería se exhibe, visto que es una obra de arte y su objeto es permitir la contemplación de todo aquel que no sea su creador. Lo mismo ocurre en los escenarios, con la música en vivo. O al menos eso nos hacen creer.

Incluso los productos en las góndolas de los supermercados. Son formas de existir. No las únicas posibles. Podemos imaginarnos otras. De hecho, existieron otras. Ningún tractor se exhibió en Moscú en 1950.

¿Pero qué pasa cuando el producto es el ser humano? Pasa… el siglo XXI. Ahora no son sólo las putas en la esquina, o en las vidrieras si vive en Ámsterdam.
Hoy la prostitución es el deber ser, el paradigma esencial alrededor del cual se construye la sociedad. VENDETE es la consigna. Pero los cupos son limitados. Así que para validar este comercio lo imponemos a la comunidad como modelo de conducta.

Sí, LO, porque vos y yo también somos responsables, por acción o por omisión.
Fijate, desde la caja boba Juan Salvador Pelotudo muestra gatos pulposos a diestra y siniestra. Y de pronto la silicona es la vacuna contra el rechazo social.
Fijate, la televisión es un reciclaje continuo de una novelita barata repetida cada noche alrededor de un concursito de baile. ¿Miramos como bailan? No. Ustedes miran culos y tetas, no mientan. Sean inteligentes como el que suscribe: miren porno. Hay minas desnudas pero no sapucays involuntarios de algún animador potentado económicamente por nuestra imbecilidad criolla. Y no digan que no somos imbéciles.
Somos los que votamos al fascistoide Perón. Somos los que votamos al inútil De La Rúa. Somos los que rendimos homenaje a genocidas como Roca. Somos los que vitoreamos a dictadores como Videla. Somos unos pelotudos.

Y lo peor no es nada de lo antes mencionado. Lo peor es que esto es lo que consideramos transgresor. Como cuando creímos que Hanglin con su nudismo transgredía. No me sirve de nada que un periodista que se pasea en pelotas si defiende a la derecha. Es decir, si defiende a los sectores que cada día son más adinerados a costa de que otros sean cada día más pobres.

Si defiende a instituciones jurásicas como la Iglesia Católica, siempre enemiga del progreso social y amiga de los neo señores feudales y el oscurantismo. Si defiende la alienación del chiste fácil, las tetas, los argumentos de cuarta que, de tan mediocres, parecen haber sido escritos por Coelho, Corín Tellado y la autora de la saga Twilight, que no me importa lo suficiente como para recordar su nombre.
No me sirve de nada pasar del sexo tapado de los días de los dictadores, donde el 69 era subversivo, a coger sin tapujos como hoy, si todavía hablamos en voz baja de regular el aborto en un marco legal, seguro e higiénico, privilegiando la vida de la mujer por sobre la potencialidad que albergue cualquier puñado de células.
Es lo que tenemos que gritar desde los tejados. Estemos a favor o en contra, pero tenemos que gritarlo. Si cientos de miles en dos siglos sangraron para que tengamos el derecho, legítimo e inalienable, de hacerlo.

Pero… no. Mejor apoltronarse en el sofá, mejor permitir que un Juan Salvador Pelotudo nos cuente como es el mundo. Mejor, ¿no?
Los problemas son ajenos. Eso sí, me permito darles un único consejo.

El que quiera rebelarse, que se pare frente a una cámara con un traje de buzo.

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Las Cloacas de la (In)Seguridad

>> domingo, 26 de septiembre de 2010

1- Los Mecenas de la Secta del Gatillo

Nosotros, sociedad, hemos atestiguado hasta el cansancio el bombardeo de reduccionismos que la clase política utiliza para intentar explicar el fenómeno que llamamos INSEGURIDAD. Los dirigentes señalan con el dedo el fétido pozo del que ha surgido el demonio que posee a la sociedad, todos tienen sus falaces soluciones. Acá, la derecha, demanda bajar la edad de imputabilidad y endurecer los castigos. Acá, la izquierda, demanda “compartir la riqueza del mundo”, como si el último siglo no hubiese probado que el económico es sólo uno de los múltiples aspectos de la brecha que divide la sociedad en clases.

La diferencia se encuentra tan sólo en los matices. De los pseudo revolucionaros no-obreros a los tragasirios de misa diaria (enemigos del aborto pero amigos de la pena de muerte), todos insisten en minimizar las causas, derramar lágrimas de cocodrilo por las consecuencias y soslayar la verdad que se halla oculta tras el velo de la mentira de estado.

Lo cierto, lo evidente, es que el crimen no sufre un desborde, cómo sí ocurre en México y en Brasil, porque es regulado. La obvia pregunta es por quién. Y la (aún más) obvia respuesta es por aquellos que poseen el monopolio de la violencia pública legal. Sí, la policía, aparcero.

La policía cumple tres funciones esenciales no para la sociedad, sino para el estado. A saber:

A) Disciplina

El sector que sobra, los excluidos, Los Nadies, los que no tienen acceso a la educación, a la salud, al trabajo. Son criminalizados. Si antes la subsistencia era dura, hoy es imposible. Se los convirtió en el caldo de cultivo del crimen. Son los que no tienen derecho a nada. Y si tiempo atrás el pobre era al menos un obrero y, como tal, un necesario engranaje de la maquinaria, hoy ya ni siquiera eso es. Escoria, el desecho, el que no sirve para nada. Su única posibilidad de subsistencia es tomar lo que el mundo le niega desde la cuna.

B) Regulación

Las famosas “zonas liberadas” son producto de la regulación del delito. Los uniformados ponen las reglas del juego. Controlan las apuestas ilegales, la prostitución, la trata de blancas, el comercio de objetos robados, el tráfico de drogas. Son partícipes directos del proceso. Todo esto apunta a mantener el termómetro dentro de los índices aceptables. Lo contrario generaría una tercera fuerza hegemónica que compitiera con las corporaciones y el estado: las mafias.

C) Financiación

El presupuesto provincial para mantener en actividad a la fuerza es insuficiente. La participación en el delito, como reguladores, es el ingreso necesario para que los patrulleros puedan transitar las calles y las armas puedan ser disparadas.

Así, el estado posee una fuerza policial que mantiene a raya el crimen y se autofinancia. El modelo funciona a la perfección para sus propósitos.

¿Cual es el grado de responsabilidad de los funcionarios?

Ante tales afirmaciones oir a quienes se rasgan las vestiduras gritar a viva voz “No se puede generalizar”. Acá generalizamos. Y no es un capricho, la propia realidad lo demanda.

Existen dos formas de corrupción. Por acción y por omisión. Cada individuo que observa el problema y prefiere mirar hacia otro lado, cuando su trabajo es proteger al ciudadano, es un cómplice. Sin excepciones.

¿Es posible ser parte de la institución y no conocer sus cloacas? Sí. Durante el primer cuarto de hora. A partir del minuto 16 se atestiguan ya los primeros atropellos.

En la práctica, no nos engañemos, que un policía vea a su comisario traficar y no haga nada al respecto no es lo mismo que ver traficar a cualquier otro y adoptar la misma actitud.

Las vendettas intestinas no le permitirían continuar su vida con normalidad. Pero eso no lo justifica ni mucho menos.

Al final del día lo que tenemos es una institución corrupta. No ciertos elementos, no algunos individuos, sino una institución completa.


2- Sigue Al Líder


Según consigna Ragendorfer en su ensayo socio-político “La Bonaerense”, la mecánica psicológica empleada en el adoctrinamiento policial es una forma básica y primaria del adoctrinamiento de masas del nazismo.

Fromm, en “El Miedo A La Libertad”, explica que en Alemania se construía la mentalidad del sujeto de modo tal que aquel que no fuera un perfecto engranaje ario, tal como consignaba la visión del Fhürer, nada sería. En la policía bonaerense, como en la de las provincias demás provincias, todo comienza en el entrenamiento básico del individuo. Se vive inmerso en un sistema que da al ingresante la más baja posición imaginable dentro de la jerarquía: a duras penas le permite creer que es aún humano.

Llamarle “sanguijuela” al futuro funcionario y obligarlo a arrastrarse hasta los pies del instructor es algo normal. Y suave comparado con el resto de los actos que componen el Show Del Entrenamiento Para El Cinismo Postmoderno. A través de la constante denigración se pierde la dignidad, por lo que es realmente simple que la conclusión final de la víctima es que no tiene derecho a nada. Cuando finalmente, tras largas penurias, los hombres y mujeres egresan y alcanzan la tan ansiada obra social, el trabajo fijo, el sueldo a fin de mes, van a parar a distintas comisarías donde los peces gordos, poco a poco, les revelan la inmundicia que se guarda -no esconde, sino guarda- bajo la alfombra. Progresivamente, a base de pequeños favores (un auto a comprar en cómodas cuotas, un departamento que puede ser alquilado sin presentar garantías, etc.) las cúpulas ganan la confianza de sus subordinados y comienzan a hacerlos partícipes de sus negocios. El resultado es una persona que se corrompió sin tener consciencia de ello y que ve un benefactor en aquel que lo inició en la delincuencia.

Y quienes no se corrompen son incapaces de obrar en contra de los hechos. No pueden proteger al ciudadano. Cómo hemos explicado, son cómplices.


3- Se Viene El Estallido...


Ocurrió en el Bronx, NY, USA, ocurrió en Medellín, Colombia, ocurre en Argentina. El alto grado de exclusión de un amplio sector de la sociedad genera violencia extrema. Los que no tienen nada deben poseer algún tipo de patrimonio para subsistir. Al no poder abastecerse de bienes por las vías legales, incurren en el delito.

El crimen reporta beneficios económicos, cierto grado de status, respeto de algunos. En otras palabras, otorga un modo de inclusión que devuelve al sujeto al estado de PERSONA.

Según los indicadores oficiales, en las cárceles del país aumenta la presencia de mujeres de entre 50 y 60 años procesadas por tráfico de drogas. Son primerizas, no poseen antecedentes. Los tiempos modernos cada día dejan menos lugar para las viejas prácticas que ayudaban a subsistir a las mujeres solas ya entradas en años. En el siglo XXI, al parecer, es menos la gente que busca curanderas o pretende echar mal de ojo a algún enemigo.

Los sectores marginales se han transformado en una verdadera bomba de tiempo que no puede ser desactivada con planes trabajar ni asignaciones universales, que son paliativos pero no soluciones.

Así es como arribamos a lo acontecido pocos meses atrás en Bariloche. Represión al más pobre, brutalidad policial, fusilamientos y luego... una marcha a favor de la “mano dura”. Todo esto sucede con aval de las clases altas. Las mismas clases altas con las que la clase política se encuentra en connivencia desde tiempos inmemoriales. Con y sin Sociedad Rural.

Independientemente de los lobbys ante los que responde, el gobierno Kirchner, que en rigor de verdad es el menos nefasto de cuantos han pisoteado este país, saca un cero en materia de seguridad.

Al igual que todos y cada uno de los anteriores, milicada incluida. Las dimensiones reales del problema sólo se comprenden cuando se toma consciencia de la bifurcación del camino. Por un lado, todo puede seguir como está. Por el otro, estas fuerzas pueden decidir que ya no serán funcionales al gobierno e independizarse. ¿Qué sigue? Probablemente inversión legal de fondos obtenidos por medios ilegales. Porque de momento el dinero se lava, es decir, se busca un medio justificar su posesión. ¿Pero qué ocurriría si ese dinero pasara a financiar otro tipo de actividades e instituciones?

Retomemos el caso de las favelas en Brasil: ante la ausencia del estado los narcos satisfacen las necesidades de la comunidad en la que operan, donde viven sus clientes y soldados, ganando así un leal ejército.

¿Y si la mafia que controlara todo fuese una policía que no rinde cuentas al estado? ¿Qué tipo de leyes y regulaciones podrían ser implementadas? ¿Cuales podrían ser derogadas? ¿A qué grado ascendería la impunidad de unos y otros?


4. Que Prometeo No Pierda El Bondi


“Ellos mandan hoy porque vos obedecés”

Albert Camus.


Hay dos grandes verdades que deben ser dichas antes de abordar el cierre de esta nota:

HECHO UNO: La inseguridad es verídica. La exageración desmedida de los medios de comunicación también. Los índices son alarmantes, pero no críticos.

HECHO DOS: Como atestiguan los países que apelan a la “mano dura”, los castigos excesivos, la pena de muerte y la disminución de la edad de imputabilidad ni siquiera merman los índices de violencia. Resultan infructuosos y sus consecuencias son sólo más exclusión y brutalidad.

¿Cómo se crea una sociedad segura?

Educación + salud + integración + dignidad + equidad de oportunidades – policía sanguinaria y homicida = justicia. O, al menos, algo no tan violento.

El estado no va a cambiar las reglas del juego porque le resulta funcional. No hay políticas de prevención, como las propuestas en el párrafo anterior, porque eso no acarrea beneficios políticos.

Las vergonzosas condiciones cuasi inhumanas en las cárceles no serán solucionadas porque el inconsciente colectivo cree que el criminal debe sufrir mientras está privado de la libertad, en vez de comprender ese período como un modo de rehabilitación.

Los humildes seguirán siendo prescindibles para el sistema. Su vida seguirá valiendo menos que la bala que los mata, a decir de Galeano.

El único modo de solucionar esto es tomar las riendas de la carreta, nosotros, los afectados por el problema, a través de la ACCIÓN DIRECTA. Pero eso será material para un futuro artículo.


FUENTES

La Bonaerense (Rodolfo Ragendorfer | Carlos Dutil)
El Leviatán Azul (Marcelo Saín)
Veintisiete Años En Argentina (Yo Mismo)

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Convergencias

>> lunes, 6 de septiembre de 2010

Decía José Pablo Feinmann, en su ensayo La Sangre Derramada, que uno de los grandes problemas contemporáneos en la lucha de los oprimidos es el desconocimiento de aquellos que transitan las mismas epopeyas en frentes distintos.

El piquetero que corta la ruta para defender su empleo sin auxiliar al docente en paro que defiende su sueldo. El docente en paro que no apoya al estudiante que toma un colegio en reclamo de mejoras edilicias. El estudiante que no defiende al piquetero. Un círculo vicioso donde distintas guerrillas combaten las nefastas actitudes de la hegemonía sin unificar fuerzas; sin comprender que su adversario es uno, como uno es el problema.

En el panorama actual el Hombre En Serie, ese, el que José Ingenieros llamara mediocre, se desentiende del Todo. No es de su incumbencia el destino de piqueteros, docentes ni estudiantes. Ni de inmigrantes, ni de villeros, ni de nadie que no sea él mismo. Es un indiferente. Le da igual todo lo que no le afecte de modo directo. Un producto de la globalización que tanto aterrara a Feinmann en su libro antes mencionado.

Pero por otros lares suenan los tiros. El filósofo publicó su obra en 1998. Un año antes de La Batalla de Seattle. Un año antes que los norteamericanos ganaran las calles para protestar contra la Organización Mundial de Comercio, un año antes de la eclosión del Movimiento Antiglobalización. A raíz del llamado de sindicatos, ecologistas, docentes, periodistas, feministas, anarquistas y algunos individuos sin mayor ostento de ideas que la pura consciencia y solidaridad, el pueblo (y esto no es retórica populista) pisó el pavimento y dejó oír su voz.

No se triunfó, pero se sentó un precedente. Desde 1999 hasta la fecha las convocatorias han aumentado progresivamente. Los activistas de distintos sectores comienzan a comprender que el problema de uno es de todos; que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, por usar un cliché.

Hoy Europa sufre las consecuencias de la globalización: la crisis económica. Y, como ayer, se busca un chivo expiatorio; y, como ayer, el responsable a juicio de los necios es el extranjero, el inmigrante, el gitano. El único que en el siglo XXI puede ser considerado El Otro, ahora que, al menos en teoría, hemos superado la imbecilidad del juicio de valor ligado a la raza, la clase y la sexualidad.

Y hoy Francia remite a 1944. La Francia Libre y la Francia de Vichy; los que pretendían aplastar a la sanguijuela nazi y los colaboracionistas. Nicolas Sarkozy se queja de los extranjeros y su pueblo se queja de él.

El fin de semana pasado hubo manifestaciones en más de 130 ciudades en defensa del oprimido. Y, como ocurrió en Seattle, se reunieron activistas de espacios distintos: gente de derecha, gente de izquierda, militantes por los derechos civiles, militantes por los derechos de los inmigrantes, socialistas, anarquistas, Amnistía Internacional, incluso cantantes, como Jane Birkin.

¿Por qué? Memoria, quizás. Tal vez el hombre comienza a comprender las palabras de Niemöller, atribuidas a Bretch: “Primero vinieron por los comunistas, y yo no hablé, porque yo no era comunista”. Hoy vienen primero por los inmigrantes. Y los nativos gritan, porque luego vendrán por ellos. O no.

Gritan por solidaridad. Gritan por el gobierno, responsable de la crisis, que pretende culpar al inocente por sus propios errores. Gritan porque vimos esto hace setenta años. Gritan para consolidar una sociedad inclusiva. Gritan.

Y acá el obvio, y necesario, paralelismo es la referencia al Matrimonio Igualitario sancionado en julio en Argentina.

Fue militado por homosexuales, sí, pero también por personas de izquierda, por activistas de toda bandera y, especialmente, por ateos. Porque en la vereda opuesta se encontraba la ignominiosa cúpula de la Iglesia Católica. ¿Cuando el ateo será sujeto de hecho para la ley, que no contempla su existencia en ningún documento y por ende no lo protege del mismo modo que sí protege a los practicantes de todos los cultos? Nunca, si no se limita la esfera de influencia de la institución católica, histórica arpía metida en cuestiones de Estado, soez manipuladora conservadora, que pretende limitar los contornos de la sociedad, entidad dinámica si las hay.

La suma del ateo a la causa del homosexual es necesaria. Es la misma situación vista en Francia el fin de semana. Y en Grecia durante los disturbios de mediados de año. Y en Génova en 2003. Y en Seattle en 1999.

Similar al Matrimonio Igualitario es la nueva ley que regula los medios de comunicación. No es necesario repetir lo antes dicho, pero sí hay una nota obligada de por medio: el enemigo tergiversa los hechos. Miente, inventa motivaciones irreales.

La vieja ley dictatorial fue una herramienta imprescindible para el control de Argentina por parte de Videla y sus correligionarios de la Secta de la Tortura. Hoy cae. Y no es un asunto menor, no atañe sólo a los obreros de los medios de comunicación. Quien se suma a su lucha no lo hace necesariamente por oficialismo, como afirman algunos. Se hace por consciencia.

Pluralizar las manos que manejan los medios (desde donde se construye el consenso; desde donde se vende ficción como realidad y hechos como fábulas) es imprescindible para ampliar las voces que se alzan. Todos los diarios, radios y estaciones de televisión son funcionales a quienes los sustentan económicamente, pero si ya no es un único lobby quien maneja la totalidad del negocio, si las distintas facciones pueden prepararse en condiciones de igualdad para el combate, nuevos puntos de vista, antes excluidos, pueden ingresar en la hegemonía y transformarla, al menos en parte. Porque lo que entendemos como realidad desde la concepción metafísica está dado por el consenso. Desde el concepto estético que hace de un par de tetas un BUEN par de tetas hasta la xenofobia.

Así las fuerzas afines comienzan a converger. Así se unifican los frentes. Así comienza a menguar el desconocimiento del otro.

Así el señor Feinmann puede estar más tranquilo. Quizás el panorama global en el futuro inmediato no sea tan oscuro como los agoreros vaticinan. No hay nada obligatorio en la historia, ya se ha dicho, pero sí existen agendas para determinados intereses. Intereses que tienden a explotar a los muchos para beneficio de unos pocos.

Hoy los muchos comenzamos a caminar juntos. Nos aguardan años interesantes.

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Los Fantasmas de la Derrota

>> lunes, 5 de julio de 2010

El termino fascismo remite al fascio, al haz de ramas, la fuerza en la unidad. Una vara sola se quiebra con facilidad. Un puñado no. Es la triste historia de la humanidad: la tiranía del número y el poder.

El concepto de república (res pública; la cosa pública) nace con los griegos, creadores de la democracia, un sistema de orden imperfecto pero efectivo, donde los derechos y libertades civiles son amplios y merman la injusticia que abunda en todos los otros aspectos de la política.

Las polis estaban regidas por una oligarquía, un gobierno de “los mejores”, donde todos los ciudadanos, que no todos los habitantes de la ciudad, tenían derecho a participar en la política de su comunidad.

Los griegos tenían una palabra para quienes reunían todas las condiciones para ser ciudadano y se negaban a asistir al ágora: imbécil.

Ayer los inteligentes, pero egoístas, del mundo intentaron arriar a los imbéciles con la intención de llevar agua hacia su molino. El problema es que ellos mismos, sin saberlo, estaban bajo el líquido. Era un manotazo de ahogado.

Argentina está a punto de sentar un inmenso precedente en América Latina en lo que a derechos civiles respecta. Se pretende reformar el código civil para que el Estado otorgue protección jurídica a parejas sin distinción del género de sus miembros. Parejas reales, familias de hecho, que existen, que están, que viven, pagan impuestos, expensas e incluso tienen hijos, sea a causa de una relación heterosexual anterior, sea por adopción.

El sector conservador se opone rotundamente. ¿Por qué? Podemos citar sus argumentos, propios del medioevo, que engañarán sólo a quienes estén desinformados. “Antinatural”, le llaman a un contrato social que es un producto humano tanto como la computadora que vos, lector, usas en este preciso instante. “Contrario a las leyes de Dios”, afirman, cuando no sólo tras milenios no han aportado evidencia alguna de la existencia de sus dioses sino que las mismas divinidades fueron poco originales al plagiar una construcción social humana. “Luego de esto sigue casarse con un perro”, mi favorito, porque todos sabemos que los perros pueden firmar contratos, aunque Hobbes se los prohibiera en su Leviathan. Sin contar las acusaciones varias que igualan a la comunidad LGBT con los pedófilos, los zoofilicos y los violadores.

Y los reclamos televisivos. Y los discursos apocalípticos. Y las mentiras. Y las marchas “en defensa de la familia”. Y esa vomitiva actitud que los lleva a utilizar a los niños para justificar sus propios prejuicios.

Y, por supuesto, el plesbicito, el cúmulo de todas las ignominias de la derecha, la madre de todas las vergüenzas conservadoras: querer utilizar el número para negar a una minoría los derechos civiles que debieran haber tenido siempre.

Hay que comprenderlos, es un intento de utilizar la fuerza en la unidad. Solos no pueden. Por eso pretenden recurrir al rebaño que han educado desde la infancia, a las ovejas que han aterrorizado con la cruz donde, dicen, murió un carpintero y el infierno regido por su némesis, Lucifer, el protorevolucionario socialista.

Casi puedo oírlos decir “Nos negamos a aceptar que ustedes, los diferentes, son nuestros iguales”. Porque, en última instancia, los conservadores, mediante las falacias y el chantaje emocional, pretendían mostrar una sociedad tan retrógrada como ellos. Por la culata le salió el disparo al francotirador ultramontano. La ley dijo NO.

No. No, porque la democracia directa es el mejor método de participación político y no permitiremos que lo mancillen. No, porque los derechos civiles no se someten a los prejuicios del dominante. No, porque no es una decisión de la sociedad en tanto y en cuanto no afecta a esta de modo completo.

No, porque es un insulto a la comunidad homosexual. Y a la inteligencia del hombre.

Liliana Teresita Alonso de Negre, senadora ligada a Rodrigez Saa y la siempre impresentable Cinthya Hotton, enviada especial desde el medioevo, encabezan la oposición. Son la primera línea de defensa de los conservadores. Las centinelas del Occidente Cristiano, derecho y humano. En la vereda opuesta la comunidad LGBT, los medios de comunicación, toda la izquierda y un abrumador número de heterosexuales con consciencia.

Al haz le faltaron ramas. Se volvió débil. Pronto escucharemos su crujir al partirse a causa del peso de la realidad. El mundo cambió. Los dinosaurios se extinguieron, aunque aún no lo saben.

El catorce de julio se votará la ley. Se puede sentir la cercana libertad en el furioso bramido de los mares del devenir. Mientras tanto, los mismos de siempre aún se llenan la boca con sus profecías. Pero no importa. Sus voces y sus rasgadas vestiduras son apenas una sombra de algo que fue sólido eones atrás. Son los fantasmas de la derrota. Perdieron. Como cuando se instituyó el matrimonio civil; como cuando se legalizó el divorcio. Perdieron. Y tendrán que aceptarlo.

El marcador en el Siglo XXI es:

Humanidad 1 | Fascio 0

Es su turno. ¿Cual será nuestra próxima batalla?

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Concepto Y Error

>> viernes, 4 de junio de 2010

Kirchner & Kirchner. Oficialismo. Gobierno, un viejo enemigo. No porque sea el gobierno de los Kirchner, sino porque es gobierno.

¿Soy un "gorila", término ultraperonista, por mi oposición? No. De ninguna manera. ¿Es un verdadero gobierno de izquierda el que nos rige? Tampoco. El kirchnerismo ha tomado causas largamente postergadas (por temor e indiferencia a partes iguales), las ha hecho parte de su propuesta y, así, venció. ¿Pero a quienes venció? Al sector conservador, a la campocracia, a los monopolios. ¿Para mejorar el país? No exactamente. Si el país ha mejorado (y lo ha hecho) es por cuestiones colaterales, no por objetivos.

Tenemos diferentes facciones de un mismo estrato. Facciones opuestas entre sí, verdad, por lo cual no es incorrecto del todo hablar de "derecha e izquierda". Los que tuvieron siempre el poder (los Martinez de Hoz, los Anchorena, los Leloir) quieren mantenerlo y los que llegan lo quieren para sí. He ahí la posición frente al cambio. Lo que no hay que confundir es la dirección que la aguja señala: siempre al norte. Las luchas intestinas entre las clases dominantes son de poco interés para los que vivimos en las capas inferiores de la pirámide social.

Era necesario enjuiciar a los tiranos de ayer, descentralizar las manos -o bocas- de la información, otorgar la asignación universal, aumentar el sueldo a los jubilados... pero eso podría haberlo hecho cualquiera de las facciones.

¿Por qué? Porque hay un error de concepto muy grande: es fingir que las cosas son hoy diferentes al pasado. Desde el '83 en adelante, durante cuarto siglo, hemos perdido la militancia y el ansia de participación política; la formación desde el hogar y la consciencia de clase.

El pobre quiere ser parte de la clase media; la clase media, acomodada; el acomodado, millonario. Eso nos muestra la TV. Nuestros modelos en la segunda década del siglo XXI serán imbéciles famosos por ostentar lo que el esfuerzo de los obreros cautivos por sus familias les dieron. ¡Y queremos ser como ellos! En vez de salir a la calle a protestar junto a los trabajadores, queremos ser como el gusano chupasangre. En vez de aplastar al explotador alimentamos su ego.

Y acá es donde aparece el elemento clave de la discusión: hay banderas políticas, apropiadas por distintos sectores, verídicas y que convienen al pueblo (Kirchner hoy, pero bien podría ser cualquier otro) y hay banderas que, en verdad, resultan cortinas de humo.

El caso más claro es el de Macri. Macri y su sempiterno discurso amarillista, miserable y ruin, sobre la inseguridad.

Los crímenes no van a terminar aunque llenemos de policías cada esquina del país. Porque, lo cierto, es que no hay inseguridad. Lo que hay es algo muy distinto, algo de lo cual fuimos advertidos en su momento por Marx. Lo que hay es LUCHA DE CLASES.

Explica la doctrina marxista, y con mucha razón, que siempre hay lucha de clases. De un modo u otro, la confrontación entre los de arriba y los de abajo está siempre presente en la sociedad de consumo.

Las condiciones de exclusión en esta Argentina Siglo XXI donde los giles lloran pero no maman, han generado un nuevo tipo de pobreza: la de consciencia. Hoy el homeless sabe que vive en la calle y por qué, pero no quiere destruir al sistema que lo puso ahí, como pone a miles a diario, sino que quiere ingresar en el mismo. Los chicos de la calle, los llamados, de modo harto despectivo por la gente PRO, "trapitos", tras la globalización, han ingresado en un estado cuasi animal de preservación. Vivo hoy, mato mañana, muero pasado. No hay Futuro. Son los que quedaron fuera. Y, al menos yo, no voy a insultarlos por intentar continuar vivos. Algo similar pasa con el obrero que quiere ascender en la pirámide. Cuarenta años atrás hubiese participado en alguna organización, de algún modo, para transformar la sociedad. En 2010 todos gritamos "¡Salvese quien pueda!".

Pero esta falta de identificación con el otro no quita, de ninguna manera, el combate que genera permitir que cuatro gatos locos reúnan en sus manos el 90% de los recursos mientras el resto tenemos que sobrevivir con lo poco que queda. Nos matamos entre pobres por un celular. Parece que nadie escuchó hablar de un inglés, un tal Robin Hood.

La inseguridad del (¿cuasi?) fascista Macri es un ardid para mantener este orden homicida en el que los de abajo luchan entre sí. De este modo, sus propiedades, como la de los Martinez de Hoz, los Anchorena, los Leloir, quedan a salvo de expropiaciones.

Si el PRO afirma que, de llegar a la presidencia, acabará con la pobreza yo le creo. Porque Macri estaría muy feliz de vernos asesinándonos unos a otros. Nosotros no somos los suyos, no somos argentinos. Los pobres no tienen patria. Somos los números. Su capital. Está muy claro que, a ojos de los mercaderes, dejamos de ser seres humanos hace tiempo para pasar a ser recursos humanos.

Es una treta tan canalla como efectiva. Se ahorran la fama de verdugos y el dinero de las balas. Pero, claro, son idiotas pero no tanto. No pueden matarnos a todos, necesitan quien vigile mientras duermen; necesitan quien opere las fábricas, necesitan quien barra sus pisos. Por eso se apunta a la clase media. Se le da la razón, desde los medios se intenta mostrar como un gigante un problema que, en realidad, no supera las dimensiones de un pobre troll tolkeniano. Y así nos encontramos con una izquierda y una derecha en nuestro estrato.

Los pobres excluidos, que intentan sobrevivir, que están jugados, que no tienen nada para perder; los pobres laburantes, que pretenden ascender en el sistema aún con las trampas que aguardan en el camino, aún a sabiendas de marchar sobre las fauces de una inmensa, colosal máquina de picar carne. ¿Cual es la derecha y cual la izquierda acá?
No me pregunten a mí. Estoy contra todos. Estoy en total desacuerdo con el chico de 18 años que sale a robar, que mata y que no espera nada de la vida tanto como estoy en desacuerdo con los que piden mano dura, el regreso de la milicada y/o la pena de muerte. Estoy en contra del poder del arma del delincuente; el poder del arma del represor disfrazado de agente de la justicia. Estoy en contra de toda autoridad.

No se hace justicia si no es por la paz. A los tiros sólo se consigue sangre. Y no es la ingenuidad de los necios, de ninguna manera. Es la consciencia de quien comprende que sin eliminar las condiciones de posibilidad de la violencia de ambos lados no se logra resultado positivo.

Sin condiciones dignas, sin democracia participativa (o, lo que es lo mismo, sin democracia directa), con hambre, con miedo, no se puede esperar nada que no sea una sociedad antropófaga.

Diez o doce años atrás Lalo Mir condujo un programa de TV llamado "Planeta Caníbal". Su eslogan era "Una mitad devora a la otra". Quizás esta idea esté hoy más vigente que nunca.

Mientras tanto, el señor Macri, su juventud PRO, que por maniquea asociación nos hace al reto AMA(TEURS), reclutada mayoritariamente en la occidental y cristiana UCA, meca de cerebros lavados enemigos del aborto pero amigos de la pena de muerte, insiste con reprimir, con sacar de las calles a los violentos trapitos, limpiavidrios y malabaristas, origen de todas las penurias del SER NACIONAL (aunque debiera ser del SER NAZIONALISTA).

Ante esta realidad quisiera tomar un fusil e internarme en los montes, en la histórica altura, como lo hizo una vez un médico devenido en guerrillero.

Muy a mi pesar, en el SIGLO XXI las revoluciones han sido suplantadas por la televisión.

¡ODIO TODO ESTO!

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La Eterna Discordia

>> miércoles, 31 de marzo de 2010



...o no. Discordia sí, eterna no. En estos tiempos empezamos a debatir con seriedad sobre el aborto. Y es curioso que nos pongamos a hacerlo AHORA cuando, por ejemplo, 74 años atrás fue legal. ¿Dónde? En España. ¿Cual España? No la católica, derecha y fascista. No la nacional. La republicana. No la de Franco. La de los revolucionarios. La de los socialistas, los anarquistas, los sindicalistas, la del POUM, la de la CNT, la de la FAI. La de Federica Montseny, uno de esos casos increíbles. No sólo una mujer que ocupó un cargo político, sino una anarquista que ocupó un cargo político. Contradictorio, cierto. Tan cierto como que esa contrariedad ideológica nacida de la necesidad (estaban en medio de una guerra intestina, para el que desconozca los hechos) sentó precedentes con respecto a los derechos de la mujer; a la equidad de género.

Pero ya sabemos, la derrota final fue para el bando republicano (electo por voto popular) y la historia la escriben los vencedores. Ojalá la presencia de un notable periodista como Orwell, que se jugó el pellejo en las trincheras, hubiese bastado para que los aliados en la Segunda Guerra entraran a Madrid a sacar al tirano para devolver el control del país a las masas, que en efecto controlaron partes de España, como esa Barcelona que hoy, en el siglo XXI, parece una lejana utopía, una ciudad marcada por un furor revolucionario ficticio, romántico, imposible.

Pero no ocurrió así. En buena medida, quizás, es por esto que hemos tardado tanto en debatir algo que de trivial no tiene nada.

¿Debe ser legal el aborto?

Como mínimo, debe ser despenalizado. Hay muchos factores a tener en cuenta. El primero es la libertad de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo. El contra-argumento es la protección de la vida potencial (o vida a secas, depende como se mire). En general, se recurre a esto como motivo moral. Ahora quiero que me respondan algo. ¿Qué moral hay en permitir una vida si vamos a arrojarla a las calles, al hambre, al frío, a la miseria, a la explotación sexual, al abuso emocional, a la discriminación, a los prejuicios? ¿Qué moral hay en esa rubia de Palermo Hollywood que se llena su botoxísima boca con lugares comunes "pro-vida" que ignora al nene que en un semáforo quiere lavarle el parabrisas a cambio de unas monedas? Monedas que le sobran, porque sólo existen ricos (pocos) cuando existen pobres (muchos). El capitalismo que da sus privilegios a la rubia de Palermo Hollywood DEMANDA el desempleo (¡Qué termino más significativo! ¡El que no puede ser empleado, utilizado, cual si de un objeto se tratase!). Lo demanda porque para que el sistema no se desmorone cada individuo debe ser perfectamente reemplazable, nadie puede ser indispensable, todos deben ser números, estadísticas. Y mientras un homosexual reprimido muestra en TV la fortuna que posee gracias a los chocolates que inventó su abuelito, los empleados de sus fábricas reclaman condiciones dignas de trabajo. ¿Cual es la verdadera diferencia entre el payaso de la TV y el obrero? Simple: el obrero es un productor de bienes, el otro un parásito.

Cuando ocurren estas cosas no podemos hablar de moral. No hay moral alguna en decir "esto es mío y hago lo que quiero" cuando otros se mueren de hambre. No hay moral porque no hay un verdadero motivo para que vos podás tener, y ostentar, cuanto producto de consumo -exclusivo- se lance al mercado por obra y gracia de todos aquellos que trabajan de sol a sol a en tus empresas. No posees nada que sea útil en la cadena de producción de los recursos, pero sos el principal beneficiado. Entonces, sos el verdadero prescindible en este meollo.

Del mismo modo, no hay moral en que te pongás en contra del aborto pero ignores a todos aquellos que no fueron abortados. Porque de otro modo se defiende el parto, pero no la vida.

Los que, en efecto, defienden el parto pero no la vida son los fascistas, quienes se declaran a favor de la pena de muerte. Y no es casual. Algo similar pasa con la iglesia. Mientras se los bautice, no hay problema. Un número más para alimentar a la gran Puta de Babilonia. Al facho, en cambio, no le interesa el número sino mostrarse más humanos. A fin de cuentas, son los perdedores de la historia. Los verdaderos perdedores. Al menos a mí nadie me insulta cuando me llaman anarquista. Y nadie que sepa qué es el anarquismo puede considerarlo un insulto. Pero el fascismo...

Por otro lado hay un argumento muy discutible que es el de la conveniencia. No es tan simple como no entorpecer el normal desarrollo de la vida de los padres, si no el tener plena consciencia de dos cosas: A) el momento histórico que se vive y B) el lugar, y la historia del mismo, en que se reside.

Este es el mejor momento para empezar a discutir estos asuntos. ¿Por qué? Porque, ya lo dijo Enrique, "más vale tarde que mañana". Perdiste tiempo, che humanidad, superalo. En este momento el coming out de las personas con sexualidades alternativas, las nuevas tendencias espirituales, la conspiranoia, internet, el way of life y las justas reivindicaciones reclamadas por cientos de colectivos nos dan la oportunidad de hablar. Callar es cometer un crimen.

Hoy es cuando podemos presentar verdaderos, fácticos argumentos. Como por ejemplo, el del mal menor.

Es una realidad que los abortos ocurrirán. De nosotros depende seguir como ahora (y que ocurran en el comedor y los realice cualquier persona sin formación médica con una aguja de tejer, que la paciente contraiga una infección, muera y deje huérfanos a sus otros siete hijos) o que se realice en un quirofano (por profesionales, en condiciones sanitarias óptimas). Porque no puede ser evitado.

Pero nada de lo anterior sirve de algo si no entendemos los por qués. Este, aparcero, es un país jodidamente católico. Acá manda la tiranía de la Santa Puta de Vuestro Sagrado Corazón de la Contumacia Y Cristo Loco El Inepto. Poco a poco, los otros hemos empujado y si bien aún no tenemos una verdadera separación entre iglesia y estado, algo de espacio conquistamos. En este, el país de los cinco presidentes en una semana, en este, el país donde un primer mandatario manda a lavar los platos a los científicos, en este, el país donde se vende en 300 millones una central nuclear que genera 250 millones al año, en este, el país donde viven tipos tan pelotudos como para pensar que el dolar y el peso podían valer lo mismo en la década del noventa, todos los cargos políticos importantes deben ser consensuados con el clero. Ese clero que lava plata manchada con sangre, ese clero obscenamente adinerado, ese clero genocida, ese clero homofóbico, esclavista, misógino, hipócrita, miserable, ruin, déspota y manipulador.

Ese clero al que nada le importa la vida humana. No sean estultos, señores, la inicua iglesia católica se opone al aborto no por defender el derecho a nacer del crío, sino por cuidar sus intereses de una buena imagen y, por supuesto, de bautizados. No es por caridad que tratan de estar siempre presentes en los sectores más humildes. No sólo porque los humildes son mayoría, no sólo porque es más fácil engañar al ignaro que al docto, sino porque enarbolar las justas causas de los oprimidos les da cierta licencia para opinar, y presionar, sobre asuntos de la vida pública, que conciernen a la sociedad por completo. ¿Pero qué coño me puede decir el cura católico de la educación sexual en las escuelas, tan necesaria para combatir el aborto? Se supone que él es casto. ¿Qué puede saber? Mucho y nada. Sabe muy bien que monopolizar los contenidos que se dictan en la escuela ayuda, en demasía, a su sistemático lavado de cerebros.

Y acá, algo vital, es la educación de los pueblos, esa práctica libertaria que en la teoría se defiende y en la práctica se omite. También por conveniencia. Al empresario le conviene que estemos apoltronados frente a la TV, sedándonos, alienándonos con un par de tetas, que tengamos tantos hijos como sea posible, que todo nos chupe un huevo. A fin de cuentas, con un hueso se contenta al perro y con pasto a la oveja. Similar ocurre con los políticos. No muy diferentes son los militares. Y no hablemos ya de la policía.

A ninguno de los antes mencionados les conviene que SEPAMOS. Que sepamos de educación sexual. Ni de sociología. O teoría de comunicación de masas. O semiótica. O música. Y aunque parezca que vuelvo a vagar por las laberínticas ramas del Árbol del Conocimiento de la Ciencia del Libre y el Facho, lo cierto es que todo está relacionado. Nunca dije que la realidad sea simple, por cierto.

Métodos anticonceptivos gratuitos, cosa poco vista pero verídica, son necesarios para comenzar a revertir esta situación. Pero ni los preservativos ni la educación sexual serán regla hasta que eliminemos el tabú. Y acá viene el meollo del asunto: que el sexo, la política, la religión y el aborto sean tabú es un beneficio para las mismas mentes siniestras de siempre. Si no se abre el debate, nunca llegará el cambio. Todo tenderá a permanecer igual.

Mientras tanto la sociedad sigue sumida en el desamparo, la ignorancia, la explotación y el engaño. Ni siquiera nos hacemos una pregunta esencial: ¿Está preparado el individuo para ser padre?

Un pibe de 17 años no está listo más que física, biologicamente para procrear. Se priva de aspectos de su vida y priva a su hijo de un futuro guiado por un sujeto conocedor de los modos del mundo. La clase de persona que, cuando el crío llega a la edad del "¿Por qué?", es sincero cuando dice "no sé". ¡Claro que no sabe nada! ¡Claro que no tiene opinión formada sobre nada! Tiene 20 años y la madre de su hijo es una chica de 18 que quedó embarazada a los 15, que a los 29 será abuela porque así sólo repetimos este ciclo de ignorancia, en el cual se benefician los pocos a costa del sufrimiento de los muchos.

Formación. Información. Derecho a decidir. Y luego sí, me hablan de moral. Incluso de derecho si se quiere. Pero en tanto y en cuanto los intereses de los cultos, las corporaciones y los partidos políticos primen; en tanto y en cuanto vivamos en la realidad del mal menor; en tanto y en cuanto no se comprenda que no son homicidios por gusto (esos los cometen otros), no me jodan con la moral.

A favor de la legalización del aborto con un estado presente que brinde contención y condiciones sanitarias seguras.

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Liga Patriotica Argentina

>> viernes, 22 de enero de 2010

Liga Patriotica Argentina


La galería de verguenzas históricas argentinas es, cuando menos, extensa. Si se puede poner un punto de inicio de modo imparcial, creo que sería justo hablar de la conducta de Urquiza en la batalla de Pavón. O, tal vez, del ignominioso accionar de Roca en la “conquista” del desierto.

No obstante el objeto de este artículo es mucho más siniestro porque, a diferencia de lo que ocurre con una batalla regalada o un genocidio, está vigente en pleno 2010.

Desde el siglo XIX han existido grupos armados de derecha al servicio de la oligarquía, cuya existencia han sido toleradas, cuando no animada, por los gobiernos.

En USA, el Klu Klux Klan, organizado por oficiales del ejército sur de Estados Unidos, contra los afroamericanos y los liberales; en España los Somatenes; en Francia, los Camelots, cuerpo armado de la monárquica y antisemita Action Francaise; la Guardia Blanca, al servicio del Zar contra la revolución de octubre.

En Argentina, la Liga Patriotica.

El 18 de abril de 1919 se funda esta organización. El presidente vitalicio fue Manuel Carlés. Entre sus destacados miembros se encuentran “notables” hombres como Miguel Martínez de Hoz, monseñor de Andrea, Joaquín de Anchorena, Jorge Mitre (director de diario La Nación), Ezequiel Paz (director de La Prensa), José Cortejarana (director de La Razón), Federico Leloir, Estanislao Zeballos, Antonio Lanusse y unos cuantos “ilustres” más.

Entre sus estatutos se señalaba:

B): Intensificar la educación nacionalista en los establecimientos oficiales, sean cuales fueren su carácter y su grado.

N) Adoptar las medidas necesarias para que los elementos de la Liga puedan agruparse en organizaciones vecinales que cooperen a la acción represiva de todo movimiento de carácter anarquista.

Carlés nació en Rosario en 1870. En Buenos Aires se doctoró en jurisprudencia, dio clases de Filosofía y Literatura en el Colegio Nacioal, en 1898 fue convencional constituyente para la reforma de la carta de magna y, en el mismo año, fue Diputado Nacional por la provincia de Santa Fé.

En 1916 el mundo comienza a agitarse, listo para atrevezar los mayores cambios en lo referido a la regulación de los derechos del obrero. Argentina, entonces bajo presidencia de Hipolito Yrigoyen, quien había declarado la inexistencia de clases y la equidad de todos los hombres, en derechos y responsabilidades, tenía que lidiar con huelgas a diario. El reclamo justo de los trabajadores chocaba con la ambición desmedida de la patronal.

La enorme inmigración italiana durante y tras la primera guerra mundial trajo las ideas socialistas, comunistas y anarquistas al país, fue el nacimiento de la izquierda; fue el nacimiento del terror de los defensores del status quo, gente de clase alta que se creía superior a los obreros, en todo sentido, que atestiguaba por vez primera un peligro para su heredados privilegios.

El clima de tensión llegó a su cénit en 1919, durante la Semana Trágica. Fue el bautismo de fuego de la Liga Patriotica Argentina, aunque habían participado antes en represiones (como un acto pacífico en Gualeguaychú, o un ataque a una reunión de la FORA), nunca habían tenido la posibilidad ofrecida en aquel enero, en el que, junto a la policía y el ejército, dejaron un tendal de 700 cadáveres, 1500 detenidos y un número incierto de heridos.

Se salió a matar “anarquistas, rusos, judíos y todo enemigo de la patria”. Yrigoyen dio el visto bueno al general Dellepiane, sustituto del genocida Ramón Falcón -quien fuera asesinado a sangre hirviendo por el anarquista Simón Radowitzky- como Jefe de Policía, para entregar revolveres Colt a todo aquel que quisiera colaborar con la supresión de los conflictos desatados.

La ciudad se tiñó de rojo sangre. Y al final el estado tuvo que dar a los obreros metalúrgicos lo que pedían (ocho horas de trabajo, como todo el mundo).

El jefe de la logia maligna, Carlés, aseveró el 5 de diciembre de 1921: “Este es el único país de la Tierra en que la autoridad tolera la sedición en la calle contra la nacionalidad, que disimula el desacato y que, saturada de insultos del sectarismo oye como oír llover las mayores atrocidades contra el derecho del trabajo y la moral del honor de la Patria”.

¿Pero cual es la patria de Carlés?

Este abogado defendía los intereses de empresarios de la casta Díaz Bessone y el Council Of America. Los ejemplos no son casuales.

Los Díaz Bessone estuvieron en demasiados actos turbios de la historia derechista Argentina, incluso con uno de ellos en la última dictadura, como ministro de planeamiento al servicio de Jorge Rafel Videla. El Council of America pertenece al clan Rockefeller, miembros de la Comisión Trilateral y el Club Bildelberg, los cerebros detrás del New World Order.

La Liga Patriotica Argentina era muchas cosas menos argentina.

Tuvo una importante participación en Santa Cruz durante los hechos conocidos como Patagonia Trágica (o Patagonia Rebelde). A continuación expongo la tabla de estancieros que conformaron la LPA en aquellos funestos días:

Hermanos Bitsch , alemanes | Braun, Mauricio, ruso | Braun, Sara, ruso-chilena | Cameron, Leslie, inglés | Carmack & Baden, inglés | Carreras, Luciano, español | D'Hunval, Cayetano, inglés | Dickie, Guillermo [William] inglés | Hermanos Douglas, ingleses | Fernández, Eugenio, español | Fernández, José, español | Gómez, Juan C. uruguayo | Halliday, Santiago [James] inglés | Hamilton & Saunders, ingleses | Hamman, Rodolfo, alemán | Henstuck, Carlos, alemán | Jamieson, Alejandro [Alexander] inglés | Kark & Osemburg, inglés | Lezner, Pablo, inglés | MacGeorge, George, inglés |
Ness, William, inglés | Noya, Ibon, español | Payne & Atkinson, inglés.

Lista completa en ESTE ENLACE.

Como verán, ninguno de los participantes era argentino.

Carlés en persona se dirigió a Río Gallegos con la intención de crear brigadas para asistir al ejército en la represión de los obreros. En total, fueron 298 brigadas en las áreas de Ushuaia, Río Gallegos, San Julián, Puerto Deseado, Comodoro Rivadavia y Puerto Madryn. Por supuesto, había un vínculo intrínseco entre la LPA y la Sociedad Rural, ya que ambas entidades estaban integradas por los mismos individuos, es decir, la elite financiera del Far South criollo.

El resultado fue 1500 obreros muertos por los “chicos bien” de Carlés sumados al ejército comandado por el teniente coronel Hécto Benigno Varela, un militar que participó en la represión durante la Semana Trágica. La LPA recibíría medallas por su “valiente accionar en defensa de la patria”. A Varela le cantarían el for he is a jolly good fellow mientras en el prostíbulo de San Julián las prostitutas echaban a escobazos a sus hombres por ser un manojo de asesinos. Al regreso a Buenos Aires lo condecorarían, incluso. Aunque poco le durará la gloria al homicida: una mañana un hombre solo, Kurt Wilckens, un anarquista, le arrojará una bomba y le vaciará el cargador de su revolver, haciendo uso del derecho de matar al tirano.

No es casual ni la dialectica nacionalista del movimiento ni el odio visceral a los movimientos de izquierda en general y al anarquismo en particular.

La Revolución de Octubre era una experiencia muy reciente. Los dueños del capital temían una expropiación masiva en latinoamerica y la conformación de algo que no era, ni más ni menos, que el plan original de los padres fundadores de las naciones australes: una unión de estados libres del sur.

El miedo era infundado. Las condiciones sociales no estaban dadas. Aún así, cundió el pánico burgués. Y de entre todas las ideologías de izquierda que llegaron al país, el anarquismo fue elegido como enemigo principal por tres motivos centrales:

1- Los anarquistas, a diferencia de los comunistas, no tenían ninguna superpotencia que los respaldara.

2-Los anarquistas eran famosos por ser inquebrantables, no se rendían ni siquiera rodeados dentro de una comisaría.

3- Los anarquistas eran los que habían logrado más conquistas sociales.

Es por esto que Carlés explotó el concepto de patria para lograr adeptos a sus fines. Frente al “trapo rojo” (la bandera de los soviets y del sindicalismo) y al “trapo negro” (la bandera anarquista, utilizada para negrar todas las banderas) exaltó la bandera albiceleste; lo nacional frente a lo extranjerizante; el “hijo de Argentina” frente al “Hijo del Pueblo”. Para evitar el avance de las ideas de izquierda, este jurista utilizó la más simple, y efectiva, de las estrategias: dividió para conquistar.

Ellos (los extranjeros malvados) y nosotros (los buenos argentinos). Y, para ser justos, los anarquistas regalaron gran ventaja en este sentido. Desde sus diarios (La Antorcha, La Protesta, Culmine, Anarchia, etc) escupían sin asco ante todo lo que significara patria, estado, ejército, clero y policía.

De ahí las ideas de la Liga Patriotica. Dios, familia, propiedad, tradición, ideas utilizadas como mero chantaje emocional.

Pero no sólo con palabras combate el fascista.

Carlés organizó lo que la sociedad llamó “obreros buenos” (también conocidos como “carneros”), sujetos que reemplazarían a los trabajadores durante las huelgas, con la intención de evitar el cese de la producción ante los reclamos. El consejo del abogado para con estos hombres era el tan célebre “de casa al trabajo; del trabajo a casa”. Sin escalas en bares ni, mucho menos, en sindicatos.

Y en esta feria barata de divisiones, la cereza del pastel fue la oposición del hombre revolucionario a la mujer.
La mujer era quien podía influir en el hombre para que “sentara cabeza” -frase triste si las hay- y abandonara la lucha. Entre otros motivos, porque la ley de residencia (otra idea miserable de Julio Argentino Roca) se aplicaba sólo a los hombres mayores de edad. Por esto, al ponerla en práctica se echaba del territorio al hombre en un barco y se dejaba a su familia en el país, sumida en la miseria.

Y del otro lado, las damas jovenes de barrio norte, secundaban a Carlés en la formación de las obreritas. Les enseñaban “moral”, “civismo” y, dicen algunos, corte y confección*.

Hay que comprender que los conceptos utilizados por Carlés son técnicas de brainwashing. El racionalismo socialista de los libertarios se oponía por mera lógica a lo exaltado por Carlés. Analicemos.

Contra la patria, porque las fronteras son condición sine qua non para las guerras; guerras que sólo existen con motivos A) de conquista y opresión, de saqueo y ocupación | B) económicos, para la venta de armas y la gestión de recursos.

Contra el clero, porque las instituciones religiosas han sido los grandes homicidas y mayores violadores de derechos humanos de la historia; porque con la figura de sus dioses manipulan al pueblo.

Contra el ejército, porque son los portadores de la guerra.

Contra la tradición, porque la tradición ha sido siempre explotar a muchos para que unos pocos disfruten todos los privilegios imaginables; porque la tradición -como por ejemplo, el bautismo católico por parte de familias que nunca van a la iglesia- ayuda a sembrar ideas conservadoras que mantienen el status quo.

Contra el estado, porque es una organización absoluta y vertical que basa su funcionamiento en un escalafón, autoritario, donde la rueda gira sin participación del pueblo que, en teoría, representan.

Contra la policía, porque son el brazo armado del estado, sus represores, quienes defienden el capital, el salario utilizado para esclavizar a las masas.

¿Se supone que deba sentir algo al ver una bandera celesta y blanca? Si se me permite subjetividad en este punto digo que no me produce nada. Rechazo a lo sumo, porque me divide de otros a quienes les impusieron otras banderas.

El hecho es, la Liga Patriotica Argentina toma como virtudes conceptos que han sido siempre perniciosos para el hombre.

Lo terrible del asunto es que esta organización NO HA MUERTO. No se pudrió con el cadáver de Carlés, sólo salió de la vida pública.

Ahí afuera, la basura sigue acumulada. Poco visible, pero existente. Y están reclutando soldados para su causa.

La Liga Patriotica Argentina como tal es un reducto, casi una sociedad secreta, bastante hermética que hace reuniones cerradas. Les llaman “peñas nacionalistas”. El último dato que pude corroborar fue una reunión en septiembre de 2009.

Por supuesto, sus ideas han mutado. Como anarquistas quedan(mos) pocos, ahora vierten su odio hacia minorías como los bolivianos. Se les atribuyen palizas y actos vandálicos. Es necesario remarcar que buscan jovenes frustrados e inseguros, al igual que la Hermandad Aria en USA y los grupos skin neo-nazis en Alemania; se les practica el lavado de cerebro antes explicado y se los suma a sus “grupos de choque” contra los trabajadores extranjeros e incluso otras minorías, como la comunidad homosexual. La comunidad judía no está excenta.

Esto aún no ha podido ser corroborado, ya que se mueven en las sombras; sombras tan oscuras y distantes que aún no han sido alcanzadas por los medios oficiales ni los medios de contrainformación.

Es necesario, en esta instancia, también hablar sobre un pequeño grupo llamado “Juventud Fascista Argentina”. Esta organización comenzó hizo su aparición en el mundo el año pasado por medio de una página web, pronto se creó una división en la ciudad de La Plata. La página fue cerrada al poco tiempo. En teoría, el grupo central se disolvió. El de La Plata, aseguran algunos y niegan otros, continúa activo. Este es el último grupo que, además de todo lo anterior, aún se declara anticomunista y reivindica el proceso militar en Argentina, al duce, “la patria” y a un tal Dios, individuo cuya existencia no ha sido comprobada por este escritor.

El video promocional de este grupo pueden verlo en ESTE ENLACE.

El objetivo de este artículo es informar a los miembros más jovenes de la comunidad sobre el accionar de estas organizaciones, con la finalidad de darles herramientas para que saquen sus propias conclusiones y eviten que sus cerebros sean lavados, ya que los derechistas justificarán, con un millar de falacias, sus crímenes.

FUENTES:

Severino di Giovanni. El Idealista de la Violencia (Osvaldo Bayer).
Los Nacionalistas (María Inés Barbero | Fernando Devoto)
Luchas Obreras Y Represiones Sangrientas (Diego Abad de Santillán)
Pesadilla (Pedro Wald)
Revista Primera Plana (abril de 1969)
La Liga Patriotica Argentina (Mirta Moscatelli)

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¿Por qué escribo sobre putas?

>> viernes, 1 de enero de 2010

En este primer artículo de 2010 pretendo preguntarme algo que no tengo claro ni por accidente y que, sin embargo, condiciona todo mi trabajo. O casi todo mi trabajo.

¿Por qué escribo sobre putas?

Nótese que no llamo putas a todas las mujeres, sólo a las que ejercen la prostitución, y que, definitivamente, no utilizo la palabra como un insulto machista. He de reconocer que me gusta como suena, por cierto, y que por eso la prefiero a sus mil sinónimos.

Algunos días atrás comentaba este asunto con mi amiga Eklectica.

Yo: ¿Te das cuenta? ¡siempre escribo sobre putas!

Ella: Sí, lo he notado.

Yo: ¿Y?

Ella: ¿y qué?

Yo: ¿No te llama la atención?

Ella: Sí, te digo que lo he notado.

Yo: ¿No te parece que soy un escritor machista?

Ella: Voy a pensar que sos un escritor machista cuando digas que las mujeres tienen su lugar sólo en la cocina.

Yo: Me quedo más tranquilo...

Como Eklectica, imagino que la mayor parte de mis lectores habrán notado mi tendencia a escribir sobre prostitutas.

Putas deplorables (La Mujer Desnuda, en Confesión), putas adorables y temibles (las de 30 de febrero), putas inconfesas (en Las Huellas del Olvido), putas menores de edad (en El Refugio Interior), putas divinidades (en Sueña Conmigo) putas por coacción (en Eclipse). Putas, putas y más putas.

Tengo una fijación con quienes venden sus cuerpos. O una obsesión. Aún no lo tengo claro.

¿Pero por qué?

Las prostitutas son fascinantes. Lo han sido en todas las eras. Desde las putas bíblicas, dos milenios atrás, hasta las putas VIP (Very Idiot Person) que acompañan a presidentes y ministros, empresarios y mafiosos.

El hombre, como género, no tiene derecho a la felicidad en la vorágine que caracteriza este malnacido siglo XXI. El hombre tiene derecho a la ostentación cuando ha conseguido poder aunque sea en un grado ínfimo. Y cuando no lo ha conseguido tiene derecho a buscarlo.

Así, revistas como Hombre, Maxim y sus correligionarias en el culto al todopoderoso Dios Dinero, venden relojes, yates, autos exclusivos y, como no, mujeres. Pero no mujeres cualquiera. Nunca una intelectual con anteojos, nunca una científica, nunca una Rose Luxemburg o una Louise Michel. No. Venden cuerpos televisivos, encumbrados en la cima de El Capital por la gran herramienta creada por los mejores cazafantasmas del mundo: photoshop, un software íntimamente ligado a los métodos de control del Big Brother.

Sos más hombre mientras más minas te cogés. Y tienen que ser ESTAS minas. No otras. No las intelectuales, científicas o revolucionarias de las que hablé antes, para nada, esas están bien para los frikis escritores anarquistas incapaces de cambiar el curso de los hechos (pero capaces de triturar tus huesos sin mayor esfuerzo en una pelea mano a mano).

Si no podés tenerlas, está bien. A fin de cuentas, como los Mercedes Benz y los BMW, son exclusivas. Te excluyen a vos, puntualmente. Pero el generoso Dios Mercader te permitirá verlas, por una módica suma.

Y ahí están, insinuando. No las tocás, pero aún así venden sus cuerpos a nuestra lascivia. Son las meta-putas. Y nosotros la prole-cliente. Un poco lumpens en nuestra actitud, somos capaces de soportar El No-Ser televisivo, como le llamaría mi amiga Melisa, sponsoreado por Jorge Rial y sus amiguitos vacía-cerebros. Y lo soportamos por ver esos tremendos pares de tetas.

Siliconas, la vacuna contra el rechazo social, dijo Galeano y yo le robé.

Para inmunizarnos en cierto grado, es decir, para ver las tetas sin aguantar a Rial, podríamos acudir al porno pirateado. Sin guerra de vedettes, sólo siliconas. Siliconas y más siliconas. Sin aguantar a alguna drogadicta con su historia de vida. O no-vida, para ser exacto.

Estas mujeres son el centro de la atención. Y mientras tanto las otras, las que hacen la calle, son relegadas al olvido. No conocen el glamour, pero sí los excesos. No conocen el champagne, pero sí el paco. No conocen la admiración de cientos de tipos que se masturban viendo sus cuerpos semi-desnudos impresos en páginas que terminan pegadas con semen, pero sí las palizas gratuitas de una banda de sádicos inadaptados que liberan sus frustraciones a través de la violencia. Y que se entienda: soy muy amigo de liberar la frustración a través de la violencia, pero creo que debe golpearse a los culpables, como por ejemplo la policía, no a una mujer que trata de sobrevivir como puede en esta realidad adversa que trae a nosotros la cortesía del Dios Tener.

Creo que por eso escribo sobre putas. Porque alguien debe recordarlas. Rial no va a tenerlas en cuenta. Yo sí.

¿Y?

Ah, sí, tengo que cerrar el artículo.

¡Odio todo esto!

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Los Primeros Desaparecidos

>> martes, 29 de diciembre de 2009

Todos recordamos a Julio Lopez, el obrero que desapareció cuando debía declarar en un juicio contra los represores.

Reclamamos su aparición. Con vida. Y nuestros reclamos quedan en la nada. Tristes tradiciones de la milica América del sur, la tortura y el homicidio, el secuestro y la violación. Los soldaditos se creen excentos de todo. La policía no es diferente.

Es probable que casi todo el que lea esto recuerde la historia reciente Argentina. Sobre eso han corrido ríos de tinta. Sabemos de Julio Lopez, de los 30 mil cuerpos que pasaron por la ESMA, por el Olimpo, por infinitas comisarías. ¿Pero quién fue el primero? ¿cómo empezó esta práctica inhumana? ¿quienes fueron las primeras víctimas de la contumacia del sistema?

Para responder estas preguntas debemos remontarnos más de 80 años en el pasado.

Es la década del 20. Argentina se forja día a día, en los campos, en las fábricas, en los sindicatos, desde las redacciones de los medios oficiales y la contrainformación obrera. Las olas de inmigración italiana han traído a los desposeídos que huyen de una guerra absurda. Y con ellos traen sus ideas.

Las primeras huelgas y actos de lucha en la conquista de derechos mínimos -entonces inexistentes- dejan tendales de cadáveres y prisioneros. En este contexto nace el Comité Pro Presos y Deportados, organismo que hoy en día tiene su encarnación en la Black Cross. El secretario general de este comité era un hombre llamado Miguel Arcángel Roscigna, un dirigente metarlúrgico que no cree en el paro ni en la movilización.

Su vida es un ejemplo de la desesperada lucha de una persona que no piensa permitir que el sistema lo aplaste sin dar una buena batalla.

Pretendía liberar él mismo a Simón Radowitzky. Consiguió ser nombrado guardia en el penal en el que estaba recluido el mártir, pero pronto la policía lo supo por lo cual fue cesanteado y expulsado de tierras fueguinas. Antes de marchar, incendió la casa del director del penal, hombre que, lisa y llanamente, hizo la vista gorda cuando tres guardias y el subdirector violaron a Radowitzky.

Los grupos de anarquistas llamados expropiadores (modernos Robin Hood que daban lo obtenido a las familias de sus compañeros caídos en desgracia y financiaban la edición de libros y periódicos) eran perseguidos por la ley y agredidos incluso por las otras corrientes libertarias. No tenían paz, en general. Roscigna pertenecía a estos.

En 1925 se produce un osado asalto al Banco Nación. Varios hombres enmascarados, con pistolas negras. El que habla tiene acento español. Infunde temor en cada grito. La policía lo busca. Eventualmente lo encontrará y condenará a muerte. Pero no será nada original. España y Francia también lo condenarán a muerte. Argentina lo expulsará y seguirá sin ser original, porque otros siete países harán lo mismo. Intentarán desaparecerlo, pero el primer precedente no se pudo sentar por un motivo insoslayable: ese hombre se llamaba Buenaventura Durruti y once años más tarde, en 1936, derrotaría al ejército fascista de Franco con 3000 milicianos muertos de hambre y mal armados, preservando así Madrid del golpe de estado. Al menos por un tiempo.

Con Durruti, máximo héroe del anarquismo en la guerra civil española, estaban Rosigna y Andrés Vázquez Paredes, con él se formaron en el calor de la lucha.

El 24 de julio de 1927, tras los atentados contra el monumento a Washington y le embajada de USA en Buenos Aires (atentados con perdidas materiales pero sin víctimas) la policía detiene a varios acratas, entre ellos Roscigna.

Él miente en los interrogatorios. Dice que todo está atrás, que el anarquismo fue algo de juventud, que ahora se preocupa por otras cosas, primordialmente por su familia.

Lo cierto es que Rosigna no era un carenciado. Vivía en una casa modesta pero con todas las comodidades de la época, era apreciado por su jefe, respetado por sus compañeros y vecinos, tenía una familia que alimentaba. Su motivo era el sufrimiento de los demás.

Lo liberan. No pueden retenerlo. Pero la postura de los uniformados queda muy clara en las palabras que el subcomisario Buzzo le dice:

–Tenés dos posibilidades: irte a críar gallinas a La Quiaca, meterte en un seminario y estudiar de cura, o directamente suicidarte así nos ahorrás el trabajo, porque la próxima vez que te encontremos en alguna calle de Buenos Aires te baleamos, te ponemos una pistola en la mano con cápsulas servidas y te caratulamos resistencia a la autoridad.

Roscigna, aunque seguro tampoco entendió cuales eran las dos únicas de las tres opciones que le dieron, sabía que ya no podría permanecer dentro de los márgenes de la legalidad.

El 1ro de octubre de 1927 Rosigna, Paredes y otros dos hombres (los hermanos Moretti) asaltan la el Hospital Rawson. Esperan el día de cobro en la guardia, disfrazados con vendas en la cabeza. El pagador saca el arma, uno de los cuatro hombres es más rápido. Resultado: policía muerto.

Se exilian en Uruguay. La policía sigue sus pasos de cerca debido a la traición del dueño del garage donde dejan su auto. Cruzan el Delta con la ayuda de Bustos Duarte, un barquero colaborador del movimiento libertario.

Todo parece claro. Las autoridades argentinas piden la colaboración de la policía uruguaya. Les pisan los talones. En cada localidad los anarquistas dejan testigos de su paso: desenbarcan en Palmira, de ahí van a La Agraciada, siguen por Drabble, arriban a Soriano y continuan hasta Mercedes, en Cardona paran a dormir, como no podía ser de otra manera, en un hotel ¡frente a la comisaría!

Tras llegar a Montevideo se refugian en un barrio poblado en su mayoría por libertarios. Y se hace silencio.

El asalto al Rawson fue uno de los hechos más comentados por la población durante la década del `20. La audacia era inexplicable. Cuatro tipos solos se la juegan, regalan la mayor parte de dinero, huyen con la policía atrás, matan a uno, se van a otro país donde la persecución continúa, llegan a destino y desaparecen. El periodismo amarillo explotó esto. La burla a la policía era constante. Y los uniformados, humillados por sus propios actos como siempre, no iban a quedarse de brazos cruzados.

Al poco tiempo los Moretti trasladan a sus familias. Al mismo momento llegan a la ciudad tres catalanes del grupo Durruti con una nota para Rosigna. El héroe del pueblo (como sería llamado después) lo invita a sumarse, la guerra es inminente y lo necesitan en Europa. Rosigna, amablemente, declina la propuesta.

Los Moretti con los catalanes planean un golpe. Roscigna les dice que no es momento para actos de expropiación, que deben mantener un perfil bajo no sólo por ellos, sino por las campañas de liberación de otros prisioneros. Los cinco hacen oídos sordos y cometen un asalto que deja tres muertos y otros tres heridos.

Caen presos rápido. Rosigna vuelve a Argentina y participa en otros actos de expropiación, incluyendo el ataque a Obras Sanitarias con Severino di Giovanni, donde debieron huir de más de 250 enemigos, entre policías y militares, así como el ataque al sanguinario comisario Velar en Rosario, donde ex profeso no se lo mata sino que se lo desfigura.

La búsqueda de fondos tenía como fin la liberación de varios compañeros detenidos en el penal de Punta Carretas, en Montevideo.

Se instala una carbonera en regla. Trabaja durante un tiempo. Luego el matrimonio (Gino Gatti, un anarquista italiano junto a su compañera) se retira. El lugar se cierra.

El 18 de marzo de 1931 la policía rodea la carbonería. Los vecinos han denunciado a unos desconocidos. Suponen que tratan de desvalijar el negocio. Nada de eso. No vienen, sino que van.

Los anarquistas habían hecho un túnel de 50 metros desde la carbonería hasta uno de los baños dentro del penal. A la hora de la fuga, Roscigna y sus compañeros (los ya mentados Gatti y Paredes, más Manuel “capitan” Paz, un compañero en el asalto a Obras Sanitarias y Malvicini, un joven que colaboró con Severino di Giovanni hasta el fusilamiento de este) levantaron el piso del lugar para la liberación de uno de los hermanos Moretti (el otro se había suicidado) y los tres catalanes compañeros de Durruti. Pero algunos presos comunes, al ver la salida, simplemente se colaron.

Tres autos esperaban a los acratas. Tres autos que lograron utilizar. La sincronía fue perfecta. Otra burla hacia el sistema.

Aún así, las cartas ya estaban sobre la mesa y los anarquistas tenían la peor de las manos. Sólo nueve días de libertad pudieron disfrutar. Fueron delatados por un antiguo recluso, compañero de pabellón de Moretti, que fue liberado y obtuvo trabajo en la perrera. Siguiendo un can que se le escapaba descubrió, por accidente, donde vivían los anarquistas y, sin más, los denunció a la policía en un acto que sólo puede ser digno de un lumpen.

Así, Roscigna, Vázquez Paredes, el capitán Paz y Malvicini caen presos.

Detrás de toda la movida se encuentra el comisario Fernandez Bazán, humillado una y mil veces por cuanto anarquista pisó suelo argentino, que hasta llegaron a cometer actos de expropiación y huyeron ¡a pie!

Bazán pide la extradición a través de la cancillería Argentina. Quiere sangre. Matías Sanchez Sorondo, Ministro del Interior, renombrado por los libertarios como Sanchez Sorete, responde con celeridad ya que odia a los anarquistas incluso más que a los Yrigoyenistas que poco antes habían derrocado.

Roscigna sabe lo difícil de su situación. A él no le tiembla el pulso, pero a Bazán tampoco. Ser entregado a las autoridades argentinas es morir, haga o no algo. Se lo dejaron bien claro años antes, la única vez que pudieron detenerlo.

Toma un decisión apurado por el tiempo. Se acusa ante los uruguayos de haber robado tres vehículos para el escape del penal Punta Carretas. Vázquez Paredes, el “capitán” Paz y Malvici lo imitan.

Mientras dure el juicio no podrán ser trasladados. Se los condena a seis años de cárcel. Pero a Bazán no se les escaparán. Quiere aplicar la mano dura. ¿Cómo dejarlos vivir después de tantas humillaciones? ¿cómo, si no están lejos de convencer a la gente de la completa inutilidad de la policía Argentina?

Por la culata le saldría el tiro a Bazán cuando tiempo después, en Madrid, ese otro hombre que tanto odiaba, Buenaventura Durruti, al mando de los milicianos de la Columna Durruti no sólo diera a las fuerzas sublevadas españolas la mayor paliza jamás recibida por un ejército fascista, sino que impidiera el levantamiento en Barcelona y liberara de la opresión muchos pueblos donde la figura de la policía, como la del estado, fue abolida. Y durante tres años, según las declaraciones de quienes vivieron el momento, la sociedad sólo prospero, materializando el menor índice de crímenes de la historia. Sin policía. Sin estado. Sin capital.

El 31 de diciembre de 1936, cuando comienzan a lograrse los mayores logros anarquistas en Europa donde el fascismo es aplastado en cada intento de tomar el poder, Roscigna, Vázquez Paredes, el “capitán” Paz y Malvici terminan su condena. Les aplican la “ley de indeseables” y los embarcan con rumbo a Buenos Aires. Al llegar no logran moverse. Los uruguayos los entregan a los jueces que entienden en la causa del Hospital Rawson. Se los sobresee por falta de pruebas. Al “capitán” Paz lo trasladan a Córdoba debido a otra causa judicial, de donde será liberado tiempo después, a punta de pistola, por otro grupo libertario.

Entonces comienza la odisea. La hermana de Rosigna y Antonio Rizzo, quien tomó la secretaría de la Comisión Pro Presos, averiguan el paradero de los tres anarquistas: La Plata; en La Plata les dicen que está en Avellaneda, de Avellaneda los envían a Rosario, de Rosario a la comisaría de Tandil, y así sucesivamente.

Se pierden las pistas por un tiempo. Luego, en la Isla Maciel, un pescador ve bajar a tres hombres de un celular, directo a la comisaría de Dock Sud. Reconoce a Rosigna. Se le avisa a Apolinario Barrera, un periodista de Diario Crítica, quien publica en primera plana el hecho.

Y acá terminan los traslados. Nada más se sabe de los tres hombres. Por mucho que los anarquistas insisten y presionan, no hay datos. La CNT de España y la FAI (Federación Anarquista Ibérica) aportan fondos para la búsqueda del trío. Todo resulta infructuoso. Nadie sabe nada. En ningún lugar estuvieron. No se los vio.

Pasado el tiempo un oficial de Orden Social habla con los grupos libertarios de modo confidencial.

–No se rompan más muchachos; a Roscigna, Vásquez Paredes y Malvicini les aplicaron la ley Bazán, los fondearon en el Río de La Plata.

Nunca se encontraron los cadáveres. Del caso nadie habló. Este hecho oscuro marca el comienzo de la tradición “desaparecedora” del terrorismo de estado en Argentina. Policías y militares lo hacen desde aquel maldito 31 de diciembre de 1936. En 84 años la tradición de las malditas (e inútiles) fuerzas armadas y policiales (aún más inútiles, si tal cosa es posible) no ha cejado. Nunca se detuvieron. Dictadura o democracia, las torturas, los secuestros, los homicidios y las desapariciones continúan.

Hoy, en las postrimerías de 2009, se rumorea un golpe de estado. Este cronista espera que sólo sea un rumor. Porque si ocurre sólo puede pasar lo mismo de siempre. A menos que cambiemos hoy y decidamos dejar de ser representados y hacernos presentes. Lo cual, en el contexto planteado, significa salir a la calle a deponer a los militares que quieren masturbarse con la constitución y limpiar sus rectos con la bandera a la que tanto amor profesan, ellos como la sociedad civil. Tendremos que imitar al heróico pueblo español de 1936 y salir a combatir el fascismo. O ver como treinta, sesenta, cien mil hombres y mujeres vuelven a desaparecer.

No tengo esperanza, conociendo los antecedentes, de ver al pueblo en armas listo para dar batalla. Pero creo que aprendimos la lección.

No pretendo ser original cuando cierro este artículo:

¡Nunca Más!

Fuentes:

Los anarquistas expropiadores (Osvaldo Bayer).
El corto verano de la anarquía (Hanz Magnus Enzensberger)
Acratas (Virginia Martinez; documental)

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