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Escritor

>> miércoles, 28 de julio de 2010

Tras largas semanas de ausencia, regreso al ruedo. ¿Que qué hice? Lo mismo de siempre, aparcero: escribir. ¿Qué otra cosa voy a hacer, si nada más sé?

Terminé NOSOTROS, mi nueva novela, la cual envié a un concurso. Ah, el concurso. Permitame explayarme.

Primero escribí 50 páginas más o menos aceptables. Mediocres en todo caso. No per se, sino por todo lo que no veía errado y, sin embargo, estaba. Como padre de la bestia sabía que los errores estaban ahí, pero, también como progenitor, era incapaz de reconocer en aquella primera infancia los defectos de mi hija.

PRIMER HECHO FORTUITO: Lucía se ofreció como correctora. Resultado: mediocridad erradicada. Realmente debajo de todo ese pelo violeta reside un cerebro maravilloso con una comprensión del lenguaje digna de aplausos. Me sacó las papas del fuego. Un observador externo diría "Pero si eran cuatro boludeces". Yo respondo: cuatro boludeces que me arruinan todo el trabajo. Ella supo ver lo que yo omití. Y me alegra. Ahora puedo decir que es un libro digno de ser leído.

El problema es que luego de aquel arranque caí enfermo. Gripe. Dolor de cabeza, algo de fiebre, tos (que se niega a irse, incluso ahora), malestares, piernas destruidas. En síntesis: una semana perdida. Luego, un bloqueo no muy extenso, pero que me dejó con apenas diez días para terminar el trabajo.

A base de mucho esfuerzo, noches en blanco, dormir poco, comer casi nada y desligarme de cualquier otro asunto, logré poner el punto final tras una semana de trabajo. En términos generales, la novela tiene una sola falencia grave, un evento apresurado en la trama, lo cual no es tan terrible. Fuera de eso, gracias a las pilas de Lucía, que corrigió todo en unas cinco horas (morite de envidia, Stephen King, no escribiré mejor que vos pero mi correctora supera a los tuyos con creces), dejando bajo mi responsabilidad sólo la leída final de las últimas 80 páginas. Carrera contra reloj superada.

SEGUNDO HECHO FORTUITO: logré hacer el envío en una tarde. UNO. Imprimir y anillar. AUXILIO: los pibes de la fotocopiadora que le metieron pila e hicieron todo en menos de media hora (no es poco al tratarse de más de 500 páginas). DOS. Buscar algo en qué poner todo. AUXILIO: Andrés, del instituto, estaba laburando. Me dio una caja, ahorrándome así el pagar de más en el correo. TRES. Envío. Acá empieza lo denso. No, no podía enviarlo como lo llevaba, tenía que ir envuelto en papel madera. Cruzar a una librería, hacer que lo envuelvan. Regresar. Formar fila de nuevo. No, no se puede entregar en esa caja, en la de al lado. Cambiarme de fila, esperar de nuevo para que me atienda la misma empleada. Embole uno, un viejo que se para atrás mío y se pone a contarme su genealogía comenzando por Matusalen. Embole dos, la empleada se pone a jugar a la agente del FBI y me cuestiona el contenido de la encomienda, que si soy escritor, que a qué premio envío, que bla bla bla. Me faja: 56 pesos. En la librería otros 5. Más 73 de las impresiones y 18 del anillado.

TERCER HECHO FORTUITO: El transporte salió a las 18 horas, lo cual significa que debería llegar el miércoles por la tarde a la casa de Agustín, quien me va a hacer el favor de entregarlo en persona en la dirección correspondiente. Visto que la fecha de cierre es el 30, debo considerarme un tipo con suerte.

Ahora que todo quedó atrás y sólo resta esperar, vuelvo al ruedo. Para conmemorar tan neurótica ocasión quiero dejarles una reflexión sobre el oficio, de la mano del gran genio Charles Bukowski:



COMO SER UN GRAN ESCRITOR

tienes que cojerte a muchas mujeres
bellas mujeres,
y escribir unos pocos poemas de amor decentes
y no te preocupes por la edad
y los nuevos talentos.
Sólo toma más cerveza, más y más cerveza.
Anda al hipódromo por lo menos una vez
a la semana
y gana
si es posible.
aprender a ganar es difícil,
cualquier pendejo puede ser un buen perdedor.
y no olvides tu Brahms,
tu Bach y tu
cerveza.
no te exijas.
duerme hasta el mediodía.
evita las tarjetas de crédito
o pagar cualquier cosa en término.
acuérdate de que no hay un pedazo de culo
en este mundo que valga más de 50 dólares
(en 1977).
y si tienes capacidad de amar
ámate a ti mismo primero
pero siempre sé consciente de la posibilidad de
la total derrota
ya sea por buenas o malas razones.
un sabor temprano de la muerte no es necesariamente
una mala cosa.
quédate afuera de las iglesias y los bares y los museos
y como las arañas, sé
paciente,
el tiempo es la cruz de todos.
más
el exilio
la derrota
la traición
toda esa basura.
quédate con la cerveza,
la cerveza es continua sangre.
una amante continua.
agarra una buena máquina de escribir
y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana
dale duro a esa cosa,
dale duro.
haz de eso una pelea de peso pesado.
haz como el toro en la primer embestida.
y recuerda a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Celine, Dostoievski, Hamsun.
si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a ti ahora,
sin mujeres
sin comida
sin esperanza...
entonces no estás listo
toma más cerveza.
hay tiempo.
y si no hay,
está bien
igual.

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¡Yo también estoy a favor!

>> lunes, 28 de junio de 2010

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¡Yo también estoy a favor del matrimonio para parejas del mismo género!

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>> jueves, 14 de enero de 2010




Hoy. ¿Por qué hoy? Porque por error entré a la carpeta donde los guardaba. Mails de 2005, 2006. Abrí uno. Texto estulto. Abrí otro. Texto estúpido. Ambos míos. ¿Los de ella? El sólo recordar que su ortografía era pésima me motivó a no querer leerlos.

Cuan tonto puede ser un enamorado. Cuando sufrí por esa puta... aprendí a odiarla. A despreciarla. A desearle la muerte. A reírme de ella. Y, finalmente, a olvidarla. Aún así hoy me pregunté que será de su existencia. ¿Seguirá con el viejo verde? Ya debe tener como 50 años el hijo de puta. Ella está cerca de los 23. ¿Estará con otro pendejo? ¿le hará en este momento a otro desafortunado lo que me hizo a mí? ¿estará haciendo la calle? ¿en qué mierda estará enganchada? ¿estará viva?

No sé. Y la verdad... no quiero saber.

Tildar todos los correos, enviados y recibidos, para luego imitar esa imagen ahí arriba. Borrar la carpeta con su nombre. Cinco años estuvo ahí, quietita, ocupando espacio en la cuenta. Ya no jode más. Es curioso, pero cada vez que hago una limpieza de algún tipo ella aparece, un fantasma de juventud que me acosa en cada oportunidad. Hoy, los e-mails. Antes, fotos bien escondidas y llenas de polvo; polvos filmados destinados a la papelera de reciclaje; notas furtivas de los tiempos en que fui "el otro"; items en la lista de promesas a olvidar; lista perdida, quien sabe cuando y donde; poemas que ahora son para nadie; cartas sin remitente y declaraciones de amor sin destinataria; juramentos rotos; palabras vacías; un mundo simbólico pero verídico que se hunde en la mar del olvido, unas plegarias susurradas por última vez una centuria atrás en La Catedral del Adiós.

Chau, hasta nunca. No aprendí nada. La contumacia es lo mío, parece.

¿Y?

Ya me deshice de los últimos recuerdos que quedaban. I'm free. Como hace tanto...

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Bianca

>> sábado, 19 de diciembre de 2009




Ella es Bianca. Es hermosa, nadie (en su sano juicio) negaría eso.

Bianca es de Brasil. Tiene la belleza de la mujer latina, curvas muy bien definidas, exageradas, claro, por la silicona -la nueva vacuna contra el rechazo social-.

En general, tiendo a quejarme por las cirugías con fines estéticos. Pero en este caso las encuentro justas (no justificadas, palabra que algunos interpretan peyorativa; sino JUSTAS).

La mayor fuente de belleza, lo que transmite serenidad, lo que nos hace admirarla, es su rostro. La mirada, la sonrisa. Quizás, a causa de mantener algún rasgo de infancia (que no infantil). A fin de cuentas, gatos pulposos hay a montones y en todas partes. Sobre todo en ese maldito celular que ha instituido, por completo, la Pesadilla Orwelliana en la realidad de cada día.



Bianca sería, sin adornos ni exageraciones, la mujer perfecta si no fuera por un detalle: no es mujer. Al menos no desde la perspectiva pequeño-burguesa que impera en el sistema.

Bianca Freire es una travesti, estrella del cine "para adultos". Tiene pene. Aún así, a primera vista es casi imposible notar su condición. Si la ves en la calle no sólo no te imaginás que nació como hombre, sino que cuando pasa a tu lado te das vuelta para contemplar sus atributos traseros, si sos hombre hetero o mujer homosexual.

¿Cómo dice, aparcero? ¿que si vi The Crying Game? no se apure, ya vamos a llegar a esa parte.

A muchos les molestará. Derechistas, fachos, clérigos, hipócritas. A los homofóbicos les duele. Y les duele más porque Bianca, con toda justicia, es mucho más atractiva que miles, cientos de miles de mujeres nacidas con vagina.

A mí me divierte un poco imaginarme a los fascistas de siempre rabiando. Pero más me interesa ver que los géneros y la sexualidad empiezan a tener límites difusos.

La que probablemente sea una de las mujeres más atractivas de Brasil es hombre. Pero, ¡alto!

Bianca Freire NO ES UN HOMBRE. No, no es un chiste de mal gusto. Bianca Freire es MUJER. O, para ser claros, Bianca Freire es lo que quiere ser. Porque ella no es lo que no quiere ser.

Está claro que en su infancia no sintió comodidad alguna en un cuerpo masculino. Se sentía mujer, tenía inclinaciones femeninas. No podía ser hombre.



La tecnología le ayudó a cambiar su cuerpo. Para revelar su yo interior.

Pero eso importa poco. Muy poco. Lo importante es que PUDO. Los motivos son irrelevantes (siempre y cuando estos sean por motu propio, se entiende).

A Bianca le dio por los pezones y decidió dar el salto (enorme, olímpico) hacia la liberación. ¿O alguien duda que ese imagen varonil que debió tener originalmente no era un cuerpo, sino una prisión?

En la actualidad, los límites que dividen lo que se ES de lo que uno QUIERE SER empiezan a desvanecerse. El género, como la sexualidad, ya no es algo incólume que permanece inalterable ante los tiempos; ante el hombre-masa.

Hoy empieza a tomar las riendas de la sociedad una generación más tolerante (más oveja también, sí, pero sus aspectos positivos tiene esta horda humana). Aceptación, la palabra de la discordia en este contexto, no faltará en el futuro. Por desgracia, el futuro aún no llegó.

Y las travestis (personas que no pueden mantener su sexualidad dentro del círculo íntimo) tienen que sufrir la sistemática discriminación de una realidad aún machista, aún homofobica, que las condena a las calles, a los prostíbulos o en el mejor de los casos al cine condicionado. Si bien es verdad que existen travestis "de farándula" que pueden vestir plumas en el teatro no es una salida laboral verídica para ellas, sino un adorno exótico de la sociedad pequeño-burguesa, una excentricidad que puede permitirse un tipo como Gerardo Sofovich. Y, por supuesto, lo que es simpático si viene de Sofovich, es una blasfemia si viene de casi cualquier otro.*

La liberación de la mujer a través del anarcofeminismo, como bien dijo en su día el controvertido Severino di Giovanni, es la liberación de la especie humana toda. Y hay que tener real consciencia sobre lo que esto significa, hay que comprender que mientras un hombre sea esclavo en este planeta nadie puede ser verdaderamente libre.

Aceptar que las travestis y/o transexuales -operadas o no- son MUJERES es un paso adelante en el largo sendero que conduce a la evolución de la mentalidad de esta era. Un paso más lejos del horror oscurantista, estulto, necio, contumaz de tiempos pasados; un paso más cerca de la que debiera ser nuestra mayor meta: la utopía.

Sueño un mundo donde haya al menos una docena de sexualidades diferentes y todos seamos polisexuales.

Si conociera esta noche a Bianca en un bar y me prestara atención encantado besaría sus labios. Y si la cosa fuera más lejos, más allá de las caricias, directa a la tórrida lujuria que hace más divertidas nuestras existencias, y descubriera entonces que tiene genitales idénticos a los míos... (esta es la parte donde me hago el valiente y digo que tendríamos una noche inolvidable, pero la verdad creo que soy demasiado hetero).

*Las blasfemias son mi Padre Nuestro.

NOTA: Quiero darle 2 millones de gracias a Maryan por haberle enviado, vía facebook, el link a este artículo a Bianca. Esto, más allá del análisis y la reivindicación, es un homenaje; es justo que la homenajeada lo vea.

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Las autoridades de inmigración y sus leyes discriminatorias

Algún tiempo atrás una amiga mía inició una relación con un alemán. Iba a pasar estas (estúpidas) fiestas (mentiras religiosas/capitalistas) con él en su tierra. Para llegar, primero debía hacer un alto en España.

Pero, como suele ocurrir, la Unión Europea tiene algún tipo de problema con los latinos. No les basta con saquear nuestras tierras, violar nuestras mujeres, consumir nuestros recursos, heredarnos sus enfermedades de transmisión sexual y vendernos toda la mierda de occidente, no, también tienen que agredirnos cuando queremos pasar por su territorio de camino hacia algún otro lugar.

Esto fue lo que le ocurrió a Paola:


Detenida, como lo pienso yo… Retenida, como me dijo una “Trabajadora Social” en España fue lo que tuve que vivir por 41 horas en el “Recinto de No Admitidos” de Barajas, en Madrid.

Llegando sólamente como una pasajera más de Tránsito, que iba a esperar sus 8 horas correspondientes para que a las 15:15 horas del día Martes 15 pudiera tomar mi vuelo con destino a Frankfurt-Alemania y encontrarme con mi novio, que me dijo que no había problema con la carta de invitación porque no era necesario.

Ese fue uno de los primeros errores, en España, la carta de invitación es casi Obligatoria, como no la traía, un guardia (el cual detuvo a 6 mujeres el mismo día) fue el que me dijo que fuera a la estacion que estaba dentro del aeropuerto, previamente quitándome TODOS MIS DOCUMENTOS (dígase: pasaporte, pasaje de ida (con ticket de equipaje), pasaje de vuelta). Fui a una sala blanca grande llena de sillas, lo más impresionante fue que encontré a otra Chilena llamada Patricia la cual estaba invitada por su hermano ahí. Grande fue mi sorpresa cuando veía a los policías haciendo nada, absolutamente nada y la única vez que vi que trabajaban fue cuando ellos mismos detuvieron a dos niñas Brasileñas, y así como llegaron salieron hacia su destino normal gracias a un intermediario que trabajaba en la aerolínea.

Las que eramos más grandes, sin embargo, tuvimos que esperar prácticamente 4 horas para poder dar la entrevista de rigor, y claro, lo único que te dicen cuando llegas es: “¿Qué vienes a hacer a Europa?”, “¿Quién te invitó?”, “¿Por cuánto te quedas?”… Y te hacen firmar un documento el cual dices que entiendes que estás a punto de ser “Devuelta” o más derechamente DEPORTADA a tu país de origen porque NO CUMPLES con los Requisitos que piden. Hasta ahí todo claro, tienes derecho a un “abogado de oficio” que prácticamente no hace ABSOLUTAMENTE NADA por ti.

Después te hacen pasar hacia el subterráneo en un ascensor, el cual es un salón extremadamente grande de color azul y que tiene un pasillo con varias salas, supuestamente yo fui a la sala de los NO Admitidos… ahí me pidieron Mis pertenencias, que apagara mi celular, que tuviera todo cerrado, que en una cartilla anotara mi nombre y que mis pertenencias quedarían en un salón para “retenidos”, excepto que me quedara con el poco y nada de documentos que me quedaron (seguro de asistencia) y el dinero que tenía en mi billetera. Luego la guardia de seguridad te toca todo el cuerpo en caso de que tuvieras armas o drogas y te sacan al salón para esperar a la “Trabajadora Social”… la cual te dice que vas a esperar a un abogado de oficio y que ella con otro abogado deciden si te quedas o no dentro del país… mientras entendía la charla me decía que si quiero llamar a alguien tengo que ocupar uno de los 3 teléfonos públicos que hay ahí y que la tarjeta para llamar cuesta 5 euros cada una. Por lo cual llegué y compré. Mientras estaba esperando a la Abogada me puse a ver cuanta gente había dentro, en total eramos unos 15, con Peruanos, Brasileños, Paraguayos, Nigerianos… entre ellos también estaba la Chilena… lo curioso de todo esto es que había una Nigeriana que estaba casada con un Español, ella tenía 6 meses de embarazo y la tenían detenida hace 4 días.

Pasó el tiempo y apareció la abogada, a estas alturas ya había llamado a mi novio para poder ver que se podía hacer, le pedí que hiciera la carta-invitación a ver si se podía hacer algo, lo cual el llegó y comenzó a rellenar… pasé con la abogada y vamos con el procedimiento de nuevo (el cual estaba celebrado por la abogada, un policia y yo)… antes de que puedas rechistar algo más, traté de decirle al policia que tomaba mi declaración con el abogado que podía acortar mi visita a Alemania, pero el no quiso escribir nada mas, y aparte que escribió mal algunos datos e hizo cosas bastante extrañas como decirme “ya he escuchado mucho ese mismo discursito, que vienen aca sin ganas de quedarse y terminan quedandose”.

Cuando me dijeron que no podía ir a Alemania lloré mucho, pensé en que mi novio iba a estar preocupado, no quería amargar a mi familia ni mucho menos, traté de ser fuerte y a la otra Chilena también la deportaron con regreso en el avión a las 0:05 del día 16/12/2009, en cambio a mi me iban a retirar a Chile 20 minutos antes, a las 23:55 horas…

Tratando de asumir mi destino simplemente pude dormir, traté de dormir aparte de hablar amablemente con las Brasileñas del lugar… había una señora que tenía 6 días ahí simplemente porque la habían invitado a una exposición de arte y no la dejaban salir… Las condiciones del lugar no son inhumanas, pero no puedes ver la luz, estás absolutamente cegada por la luz de techo y no podías salir a respirar nada… todo era alrededor de el “comedor” y de las habitaciones… Te decían que una vez que hablaste con el abogado no puedes hacerlo nunca más… siendo que ellos mismos en su página web promovían que tendrían derecho siempre a un abogado para contestarles sus dudas.

Llegó la noche y pese a estar triste de tener que devolverme a Chile y perder plata por las puras, estaba tranquila porque al menos volvería a mi casa… grande y mas fuerte fue mi asombro cuando no me devolvieron y si retornaron a la Chilena que llegó conmigo en ese mismo avión de Iberia, y a mi… me dejaron en shock, llorando y no entendiendo porque no me regresan también “es por las plazas del avión, lo siento mucho” me decía un policía, uno de los más amables que pude haber conocido, encontré mucha empatía con el.

Lo unico que atiné a hacer fue dormir, trate de dormir pensando en mi novio y en la pena que puede estar pasando el pensando que yo estaba de regreso a Chile… al día siguiente lo llamé y le conté que estaba ahí aún, me dijo que bien porque había mandado el fax hacia la comisaría del Aeropuerto a ver si podía hacer algo. También llamé al Consulado de Chile en España, pero pese a que me dijeron que no podían hacer nada, al menos me ayudaron y asesoraron a mi novio para poder mover hilos, como llamar al Consulado de Alemania en España… al parecer, antes de que el Consulado de Alemania pudiera hacer algo por mi… estos llegaron esa misma noche diciéndome que me iba de vuelta a Chile.

Lo que si destaco de toda esta travesía llena de malos ratos, es la gente que conocí… la mayoría de latinoamérica, que fuimos discriminados por muchísimas razones, personas de Nicaragua, Perú, Paraguay, Uruguay, Brasil, México, Nigeria… pese a que nos daban comida y todo siempre fue en términos extraños, porque cuando no les gustaba alguna cosa eran bastante antipáticos, no nos dejaban respirar ni mucho menos ver una ventana, pese a que ver la luz o hacer cosas que uno hace en libertad está dentro de los Derechos Humanos… nos coartan muchísimas cosas porque pasábamos vigilados las 24 horas del día… fueron 41 horas con muchísimo susto, pese a que habían guardias y policías amables, siempre habían otros que te juzgaban simplemente por el hecho de haber estado con alguien de la Union Europea (que te decían porque no te casaste con el, o lo conociste por internet y eres una ingenua), que te miran pensando que estás dedicada a la prostitución o eras una “mula” de narcotraficantes.

Lo que me llamó la atención fue una de las salas que estaba al lado de la cámara de vigilancia con vidrios polarizados que tenían los guardias junto con un policía. En esa sala había un chico de piel oscura (originalmente no se si era de brasil o nigeriano)… pero lo tenían sin una cama, sólo una frazada para que estuviera ahí, amarrado de manos y pies y cada cierto tiempo le decían que se callara, o de repente lo pateaban (aunque no sé con que fuerza)… pero me produjo una impresión enorme porque pese a que nosotros no nos pateaban, golpeaban a un ser humano, a una persona que gritaba mucho cuando lo golpeaban y una no podía hacer absolutamente nada porque no sabría como iba a ser la reaccion de ellos.

Te daban comida cada 6 horas, que si bien no era buena al menos te iba alimentando, pero una se siente presa, sin poder moverse de un salón y cuando uno quiere respirar aire limpio y puro, salir afuera a fumar… no se puede, simplemente aunque te dicen que te niegan el “transito” te encierran como a un vil ladronzuelo. Jamás cometí ningún delito pero la manera en como me mantenían al tanto del sonido de un teléfono para ver si podía salvarte la existencia del “lugar de nadie” hacía que la esperanza se mantuviera al hilo y que uno mismo se hiciera la pregunta si cometió algún delito.

Lo que también me extraño fue que me dijeron que si quería volver a España podía hacerlo si cumplía con los requisitos, pero… cuando ingresé al avión, con sorpresa un policía me dijo que teníamos un tiempo de Castigo de 6 meses antes de volver a entrar a uno de los países de la UE, y más grande fue mi sorpresa cuando me tacharon con una cruz mi pasaporte (que en el lenguaje de los entendidos quiere decir que fuisteDEPORTADA), por lo mismo cuando llegué hice alguna de las acciones correspondientes… ir a Extranjería de Policía de Investigaciones y me dijeron eso, que mi estado de DEPORTADA no podía usar más ese pasaporte (más plata perdida) y para más remate cuando fui a ver lo del equipaje, si no tenía mi ticket no podía reclamar mucho (claro, si te quita la policia española todo efecto de que estuviste ahí como si fueras una delincuente).

A fin de cuentas que trataré de moverme por cielo mar y tierra, para que a nadie le vuelva a pasar esto, porque estoy harta de la discriminación, de las políticas raciales y separatistas, porque ya estoy cansada que a los españoles que vienen acá los acepten siempre y a nosotros simplemente por ser latinoamericanos nos hacen todos los problemas.
Para más datos, la abogada que no-me represento fue María Luz de León, mi resolución de rechazo fue el 67451 y absolutamente TODO lo que promueven en la página web sobre la dichosa sala de NO ADMITIDOS simplemente es FALSO.

Quiero que se sepa, quiero alzar la voz, porque simplemente me cansé que por culpa de los ESPAÑOLES no pude ver a mi novio, no pude pasar ni navidad ni año nuevo con el… y más encima PERDI MI EQUIPAJE. El colmo… no?

Mi nombre es Paola Madrid López, 22 años

Valparaiso.


Sostengo, y sostendré hasta que las cosas cambien o deba marchar al Valhalla, lo que pase primero, que aún el color de la piel es motivo de discriminación.

En pleno siglo XXI

¡Odio todo esto!

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Feeling Lonely

>> viernes, 13 de noviembre de 2009



Feeling lonely, feeling sad... under the rain... is really someone out there, waiting for me?

Fuck off.

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¿Madurar?

>> domingo, 1 de noviembre de 2009

“Y así Bruno pasó, por primera vez en su vida, la noche entera al lado de un moribundo. E intuyó que recién comezaba a ser un hombre, porque únicamente la muerte prepara de verdad para la vida; pues la muerte de un solo ser unido a uno con vinculos entrañables permitía comprender la vida y la muerte de otros seres, por lejanas que fuesen.”


Abaddon, El Exterminador - Sabato*

Terminé de convertirme en hombre. O eso parece. En la penumbra de una solitaria sala de hospital, donde lo único saludable era mi sinuoso cuerpo y la amable presencia de las noctábumlas enfermeras, contemplé a un hombre agonizar por un absurdo. Cirrosis. Hígado destrozado. Necrosis encefálica. Respirador artificial. Suero. Por alguna crueldad del universo el corazón resistía. Soslayando el valiente músculo que pese a todo cumplía con su propósito, no era más que una bolsa inflada y desinflada mecánicamente por un artefacto.

Pero soy injusto. No cumplí la triste labor solo, debo confesar. Ahí estaba mi madre. Ella no supo, y nunca sabrá, si me acompañaba a mí o si era yo quien, en un arrebato, la acompañaba a ella. Tuvo la mano de aquel hombre cubierta con la suya la mayor parte del tiempo. ¿Era un intento por retener en esta realidad algo que ya quiere marchar, o era un modo de decir “acá estoy”, otro modo de acompañar?

Nunca lo sabré. Ni creo que vuelva a preguntarmelo jamás. La mayor parte de los -eternos, inacabables- minutos fueron presididos por el silencio. Silencio de piedad, de resignación, el que precede al sepulcro.

Aguardaba la muerte del hombre que me compró mi primer whisky. Por momentos meditaba en la vida y la muerte. Cada tanto respondía a algún comentario de mi progenitora. Crucé algunas miradas compasivas con las enfermeras. Pero, por sobre todas las cosas, ansié la llegada del amanecer. Quería irme. Y lo peor es que no entendí por qué.

No sentí miedo. No sentí angustia, ni ira, ni me impresioné ante la mecánica respiración, ante la tos aguardentosa, ante la visión de la morfina que se le admistraba a cada segundo por via intravenosa. Sólo no quería estar ahí. Pero no iba a irme.

Peregriné un centenar de veces de la silla al piso y del piso a la silla. Caminé un poco. Leí algunas páginas de un libro que llevé conmigo.

Lenta, pero inexorable, llegó la alborada, el alivio. Tuvimos que dejarlo. Aún cuando estaba inconsciente, no queríamos que muriera solo. Pero había que seguir.

Volví a mi hogar. Dormí unas horas. Durante el día asistí a mi abuela. O eso creo. Me gusta pensar que la ayudé a prepararse mentalmente para lo inevitable. Mala cosa, una persona no debería enterrar a sus hijos. Pero ella tuvo que hacerlo.

Fue a verlo al hospital una última vez. Yo iba a pasar la noche en el nosocomio, por lo cual traté de tener al día mis asuntos. Pero no hizo falta.

Falleció a las 22.45 del jueves 29 de octubre de 2009. Tenía 55 años. Mi madre y una amiga de la familia fueron las dos personas presentes. No se lo abandonó.

Luego vino la parte complicada. Certificado de defunción. Sala de velatorio. Tramites. Documentación. Fotocopias. Subsanar errores de terceros. Retirar el cuerpo. Llamar a amigos y familiares.

Yo hice más de dos tercios del trabajo. De hecho, el certificado de defunción tenía errores cuando me lo dieron, así que tuve que volver al hospital a la una de la madrugada para que lo arreglaran.

A las dos de la madrugada estábamos las pocas personas que asistimos por completo a la ceremonia. Pasé la noche en una silla, con un libro en la mano. No leí ni una palabra, pero me sentía más seguro con Kundera cerca. No sé por qué.

Alrededor de las cuatro mi madre y yo cotemplábamos el cuerpo. No recuerdo que me decía. Mirábamos el rostro mientras ella trataba de trasmitir una idea. La boca, al igual que los párpados, estaban sellados (¿cocidos? ¿pegados?). Aún así, un chorro de sangre se abrió camino a través de las comisuras. Fue una imagen muy fuerte. Casi tanto como el hedor. Salimos corriendo a intentar higienizarlo con pañuelos y servilletas descartables. Pero no fue suficiente. Hablé con los responsables del lugar. Yo quería cerrar el ataúd. Ellos me dieron una alternativa: algodón y gasa.

Absurdo. Pero efectivo. Se lo limpió una vez más y se cubrió su boca. El episodio no se repitió. No sé cómo. Ni me importa.

Con los primeros rayos de sol salí a comprarme un sanguche que comí en la calle. A las siete fui a pactar un anuncio necrológico en una radio, porque la que nos daba el servicio (en FM La Voz, radio que odio) no satisfacía a nadie. Alrededor de las ocho empezó a llegar gente. Tuve que atenderlos, consolar a algunos, contener a otros, saludar al resto y aceptar unos cuantos “te acompaño en sentimiento” de gente que ni me acompañaba ni sentía nada remotamente similar a lo que latía en mi pecho.

A las once me rendí. Me acosté en una cama (sí, en la sala -dividida en varias áreas- había una cama) y dormí un poco. Desde el mediodía hasta las tres de la tarde peregrinaron los rostros, los pesames, las condolencias y mis ganas de mandarlos a re-introducirce en los úteros de sus señoras madres. Estaba cansado.

A partir de las tres y media de la tarde el tiempo, maleable como siempre, comenzó a extenderse. Esas dos últimas horas fueron lo más duro. No dormía como corresponde desde el martes. No comía un alimento de verdad desde el lunes. Caminé, corrí y estuve de pie demasiadas horas. Mis piernas decían basta ya.

El martirio terminó cuando al fin cerraron el ataúd. Luego tuve que soportar la tremenda temperatura en la caravana de vehículos que se dirigían al cementerio. Unas mujeres rezaron. Yo me opuse. Mi madre no. Así que las plegarias se quedaron. Fui uno de los tipos que llevó el feretro hasta un estéril nicho en un muro de ladrillo. Justo tras de mí venía el otro anarquista de la familia. Tiene 73 años, no sé como aguanta. Pero aguanta. Y eso me tranquilizó.

Dejé un ramo de flores que alguien me dio. Y eso fue todo.

Me despedí de algunos y regresé a casa. Al fin había terminado.

La vida sigue.

Y parece que ya soy hombre del todo, aunque no me siento distinto ni en lo más mínimo.

___________________________________________________________

*Por favor, no confundir las tendencias políticas del autor citado con la esencia de la cita.

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46 Años y 10 Dias Despues...

>> domingo, 21 de junio de 2009




46 años y 10 días después el mundo sigue sin dejarse arreglar, amigo mío. Admiro tu temple, pero debo decirlo, no sirvió de nada.

Te llamabas Thich Quang Duc y eras un monje budista. Harto de la persecución religiosa traída por el gobierno de Vietnam trataste de llevar consciencia, allá en Saigón.

Fue el 11 de junio del '63. Esa foto te la sacó un tal Malcolm Browne. No moviste un músculo. No dijiste nada. No gemiste, no lloraste, no gritaste.

En pocisión flor de loto dejaste que las llamas de abrazaran.

46 años y 10 días después las cosas han cambiado sólo en apariencia. Hoy la gente sale con un arreglo floral en la cabeza sin problemas, pero eso no significa que exista tolerancia. Ni comprensión. Ni respeto.

Siguen en el "poder" los abusadore de siempre. Sigue la misma policía y el mismo ejército, aunque han aprendido métodos de tortura nuevos.

Y esa ilusión, el dinero, es lo que sigue gobernando al mundo gracias a la cobarde pasividad humana, a la mirada de oveja.

¡Odio todo esto!

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Un Guiño

>> jueves, 22 de enero de 2009




…me guiña un ojo.


Me quedo clavado al suelo por un segundo. No es que sea la primera vez que me ocurre. En muchas otras ocasiones me lo han hecho. Pero siempre fueron personas relativamente conocidas.


Soren no habló nunca de esto en su Diario. Y si lo hizo, no lo recuerdo.


¿Desde cuando necesito un libro para estas situaciones?


Vuelve a darme la espalda. ¿Está ignorándome o mostrándome cuan generosa fue la naturaleza con ella?


La memoria… ¿hace cuanto que no le hablo a una mujer?


Hace ya mucho tiempo que no me descubro a mí mismo colonizando tierras vírgenes de lobos y sus maldiciones, hace demasiado desde la última vez que me sorprendió gratamente conocer a alguien.


Creo que me mira con el rabillo del ojo.


Es muy atractiva. Dudo un segundo. ¿Todo esto va dirigido a mí? Indeciso y con una falta total de precaución me giro. No hay nadie atrás.


Bien, hora de tomar una decisión. ¿Le hablo o sigo camino, indiferente?


Me gusta, eso no puedo negarlo. Y por algún motivo que me resulta ignoto, parece interesada en mi terca humanidad.


“Hola. ¿Cómo te llamás?”


No.


“Hola. ¿Venís siempre acá?”


Menos.


“Hola. ¿Bailas?”


¡Yo mismo no bailo!


“Hola. ¿Querés in whisky?”


Peor.


“Hola. No mirés, pero atrás nuestro hay cinco agentes secretos de la CIA, me buscan porque robé los planos de un generador de fusión en frío que puede cambiar el mundo para siempre. Quieren matarme y necesito que me ayudés a escapar. ¡Si no lo hacés por mí, hacelo por los niños del planeta!”


Al menos le quedaría claro que imaginación no me falta.


Perdí el tiempo planeando una estrategia innecesaria. Ahora la tengo frente a mí. No puedo respirar. Y buena falta que me hace.


Me sonríe.


Le sonrío.


Camina junto a mí, saliendo del local. Y vuelve a guiñarme un ojo. No le respondo con el mismo gesto. No me pregunten por qué. Prefiero dejar que siga su camino. Que todo siga su camino.


Realizo mi compra y regreso a la madriguera. En el trayecto, vuelvo a verla. Esta vez ella no se percata de mi presencia. ¿O es que no le interesa la ausencia de un tipo que no puede hacer algo tan simple como guiñar un ojo?


Da igual, yo sólo quería facturas para el mate.

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Ouija / La Humana Miseria

>> domingo, 18 de enero de 2009





Esto no es ni pretende ser una obra de terror. Tampoco lo contrario.


23 horas.


Bajo en busca de lo que tanto ansío: milanesas, papas fritas y un vaso grande de negro líquido imperialista (pa’no hacé publicidá, vió)


A media escalera escucho el maldito repiquetear. No, no son los pasos de un negro cuervo que ha ido a posarse en el busto de palas en mi cuarto (en mi cuarto quisiera tener otro tipo de busto a mi disposición, ahora mismo).


Es el maldito y odiado teléfono.


Atiendo, a sabiendas de mi inmediato arrepentimiento.


-Clínica de reconstrucción facial Cursed Wolf Limited, ¿en qué puedo ayudarle?


-¿Diego?


-Diego no está, señor. Soy Sahira Seren, la secretaria importada de Egipto.


-¿Sos vos?


-¡Que soy Sahira!


-¡Dejáte de joder, boludo, que estoy asustadísimo!-dice mi interlocutor.


-Bueh… ¿que pasa, chabón, dónde es el incendio?


-Tenés que venir a casa, man.


-¿Alguna rubia preciosa entre 20 y 30 años?


-En serio, tenés que venir.


Notando el temblor en la voz de mi amigo decido apelar a la seriedad.


-Mirá… todavía no comí nada, no me bañé, tengo cosas que terminar y me estoy quedando sin puchos. ¿Qué pasa que estás tan empecinado en que vaya?


-Es… complicado explicarte por teléfono.


-Es complicado ayudarte si no sé que pasa.


-J está asustada. Quiere que vengás VOS.


Maldigo mi moral y mis debilidades.


-Voy para allá.


Me preparo en menos de un minuto y salgo, mochila al hombro, a la calle, con rumbo a un aburrimiento desconocido.


Son unas treinta cuadras de trayecto bajo un cielo indeciso. Había una tormenta en camino, pero las gotas fueron escasas. El viento se quedó. El agua podría volver en cualquier momento.


Me ato el pelo para que no castigue más mi cara. Paro en un quiosco. Compro cigarrillos y una botella de medio litro de (JURÉ NO HACER PUBLICIDAD). Continúo en silencio (¿con quien iba a hablar?) por las callejuelas de la inmunda ciudad (¿les conté que los recolectores de residuos están de paro).


Deambulo en la oscuridad, seguro del rumbo a seguir, pero sin convicción alguna del motivo. No es la vieja curiosidad, génesis de mis tormentos, quien guía mis pasos. Eso está claro. ¿Entonces?


Arribo al domicilio en unos veinte minutos, refunfuñando y de mal humor. Toco el timbre. Oigo unos pasos. Alguien corre hacia la puerta. Me atienden desesperadamente.


-¡Al fin llegaste!


-Tranquilo. ¿Me vas a decir qué carajo pasa?


-Rápido, entrá. Te necesitamos.


Recorro el pasillo caminado mil veces con anterioridad, rumbo al living de la casa.


J está sentada en un sillón. Sola. La veo con la cabeza apoyada en las rodillas. No me muestra su rostro.


-¿Qué está pasando acá?


Mi voz la sobresalta. Ahora la veo. Está llorando. Mi sangre se congela de pronto. Murmura mi nombre y se pone de pie. Viene hacia mí. Me abraza. Nada puede estar bien.


-Vamos a la cocina, tenemos que hablar-me dice R, mi amigo, el que me arrastró acá.


Descubro que no estamos solos. Hay otras dos personas, desconocidas para mí. Nos presentan con celeridad.


Estoy confundido.


R y yo nos apartamos del resto.


-¿Me vas a explicar qué pasa de una buena vez?


-Mirá… creo que hicimos una cosa muy estúpida…


-Viniendo de vos, no me sorprende. ¿Qué le pasa a J?


-Dejá los comentarios hirientes. Tiene los nervios destrozados.


-¿Pero por qué?


Las invitadas.


-Ellas dos… bueno, las conocí hace un mes, nos hicimos amigos, vos entendés…


-Vos le llamás amigo a cualquiera-le reprocho.


-Bueno, la cosa es que hoy las invité acá. Como estaba por llover y nadie salía…


-Al grano, man.


-Les gusta la oui-ja, juego de la copa, tirar las cartas. Esas cosas.


No le respondo. Si lo hago, mi puño terminará corrigiéndole la cara a mi gusto.


-Hicimos lo de la copa, parecía… no sé, no creo mucho en eso…


-Sabés que J se asusta fácil. Lo sabés de memoria.


-Es que parecía un buen modo de matar el tiempo… vos entendés…


-No. No entiendo. Sabés que J se asusta fácil-remarqué.


-Pero… nunca lo habíamos hecho y…


-Sabés que J se asusta fácil-interrumpí, terminante.


-Es… es que…


-Dejá de tratar de justificarte. Decime qué pasó de una buena vez.


-Hicimos el juego. Todo iba bien, hasta que le preguntaron a la copa qué día iba a morir J…


Un cliché. Infaltable en este tipo de historias. Y conozco muchas.


-¿Por qué hiciste eso?


-No fui yo… fueron ellas… ellas preguntaban…


-¿Sos tan pelotudo que no te avivaste que eso funciona con alguien que guía la puta copa con el dedo?


-No… no era así… no la movieron ellas…


-No estoy de humor para historias de brujas, R.


-Es que… mirá, preguntaron y la copa respondió. Dio una fecha.


-¿Día de los muertos? ¿navidad? ¿año nuevo? ¿su cumpleaños?


-No. Nada de eso. Dijo veinte de enero de 2009.


-El lunes.


-Sí… pero eso no es todo…


La bestia reclama sangre. Su sangre. Cierro el puño. Mis nudillos quieren probar la resistencia de su esternón. Paciencia. Luego habrá tiempo para castigos y furias.


-J se asustó, se lo vi en la cara, pero no terminamos ahí-prosigue-ellas preguntaron más cosas… le preguntaron quien era…


-¿Shakespeare? ¿Hitler? ¿Satanás?


-No, tampoco… dijo que era el abuelo de J.


-El abuelo de J no está muerto, tarado. Yo conozco al viejo.


-El abuelo paterno…


Silencio. Esta vez él tiene algo de razón. Quizás logre salvar sus huesos, después de todo.


-¿Y qué pasó luego?


-Empezaron a hacer preguntas para ver si era cierto… cosas personales…


-Todo puede ser averiguado. Todo puede estar montado. Todo debe estar planeado por estas dos, chabón.


-No… preguntaron cosas que J sabía… que ellas no podrían haber sabido…


-Explicate.


-Le preguntaron como le decía cuando era chica.


-Eso se puede averiguar, no es tan difícil.


-¡Pero si la conocieron hoy!


-¿Y?


-Dejá de lado tus teorías sobre conspiraciones, Diego, esto es real, no un escenario político para debates impopulares.


-No seas…


-Le preguntaron otra cosa… algo raro… que por qué estaba ahí… acá…


-Entonces…


-Entonces dijo que para terminar lo que empezó, que ahora ya no tiene nada que perder. El infierno, no sé.Ahí fue cuando J estalló en un grito histérico y salió corriendo. Nos asustamos todos. Yo corrí atrás de ella. Pasó media hora llorando en el ropero, escondida. Hasta que habló y pidió que vinieras.


-Son unos inútiles. Sinceramente, creo que voy a matarlos a todos.


-Esperá loco. No entendemos lo que pasó. Pero dejamos la sesión sin cerrar. Hace una hora y media que estamos escuchando ruidos desde la biblioteca.


-Me importa tres carajos la biblioteca, la copa, los ruidos y el fantasma de Mussolini. ¿Sos estúpido? ¿no te das cuenta de lo que pasó, de lo que significa algo así?


-¡No entiendo nada!


-Y sí… vamos a hacerlo fácil: ese viejo era un mal tipo, J no guarda un buen recuerdo de él. Era un alcoholico y un violador, se pasó tres días violando a la abuela de J, su padre estaba ahí, en la casa, y tuvo que seguir su vida normal mientras todo pasaba. Tiene una larga lista de complejos y problemas mentales causados por esa y otras experiencias. Hace unos años fue al psicologo y le removieron mucha mierdas, recuerdos reprimidos y demás. No te das una idea del infierno que se desató.


-No entiendo…


-El padre de J entró en estado de ira. A veces le agarraban ataques violentos, rompía cosas, no se podía razonar con él. Una vez lo vi. Y ni yo pude contenerlo.


-¿No?


-No.


-¿Vos no pudiste?


-No. No pude. Traté, pero de un empujón me hizo volar cuatro metros. Me limité a sacarla de la casa y dejar que él se desquite con los muebles.


-¿La lastimó?


-A J no. A su madre, una vez. Así que escucháme con atención. Si puedo probar que estas dos minas planearon esto y vinieron a remover las desgracias ajenas para divertirse te juro que…


-Eso es imposible.


-Todo es posible.


-¿Me podés explicar de una vez?


-La puta que te parió, R. Lo que supuestamente dijo el espíritu… ese tipo violó a varias personas. Todos familiares. Y nunca lo denunciaron porque le tenían miedo. Pero les jodió la vida a todos. ¿Entendés? Decir algo como “voy a terminar lo que empecé” es lo mismo que decir “te voy a agarrar en plena madrugada, te voy a amordazar, te voy a atar a la cama y te voy a violar a mi antojo y nadie puede hacer nada para evitarlo, porque ya estoy muerto. Y por cierto, vos te vas a morir pasado mañana”.


-Pero…


-Pero nada. La jodiste bien esta vez.


-Yo no sabía…


-No importa.


Fui a la cocina y J me abrazó con una fuerza que nunca imaginé que pudiera tener.


-Dejaron la sesión abierta… se escuchan ruidos…-murmuró en mi oído.

Respiré profundo y decidí comportarme como lo haría si fuese la persona que ella cree que soy.


-No te preocupes, yo me encargo-le dije.


Fui a la biblioteca sin mirar a las dos amiguitas de R. Entré y vi el tablero y la copa en la mesa. Me senté, encendí un cigarrillo y contemplé una prueba más de la estupidez humana. Hasta que un ruido me sobresaltó.

Mis ojos ya se habían acostumbrado a la oscuridad, así que no me fue difícil ver que ocurría.


La puerta de vidrio que da al jardín estaba siendo acosada por Arturo, el gato de R. Quizás los ruidos eran reales, a fin de cuentas.


Me incorporé, abrí la puerta y dejé entrar a la mascota. Luego me dirigí al juego y deposité todos los fragmentos del improvisado tablero en el cenicero. Lo incineré todo. La copa la estrellé contra una pared. Y eso fue todo.


Busqué a J, decidido a irme de una buena vez. Afuera llovía nuevamente, pero no me importó. Bajo el chaparrón nos dirigimos hacia una estación de servicio cercana. Compré una gaseosa y nos instalamos en una mesa.


-¿Qué creés?-me preguntó ella.


-Creo muchas cosas. Pero nada de esto es real.


-Yo…


-Ya sé lo que me vas a decir, pero no te preocupes. No puede hacerte daño ahora.


-Fui una de las pocas que no tocó nunca. Por falta de tiempo más que por otra cosa, creo.


-Ya no puede, eso es lo que importa.


-¿Y si estuviera acá?


-Tendría que vérselas conmigo antes de tocarte un pelo.


-¿Y si muero pasado mañana?


-No sucederá. Hay cientos de historias así. Aunque fuera real, aunque fuera un espíritu, no podría dañarte.


-¿Alguna vez jugaste?


-Sí.


-¿Pasó algo?


-Yo movía la puta copa para asustar a los demás. Porque era un crío y estaba aburrido. Nada de esto es serio, J.


-Las cosas que dijo… ¿Cómo podía saber el modo en que me llamaba cuando era chica?


-A la mayor parte de la gente que se llama como vos le llaman así en la infancia. Es sugestión.


Ella me miró, escéptica. A mi izquierda, por el ventanal, vi pasar a las dos amigas de R.


-Ya vengo, no te vayás-le dije a J y acto seguido salí a la calle.


Esperé unos segundos para estar seguro de que nadie me vería desde el local y las abordé.


-Ustedes dos.


Las sorprendí. Estaban riendo antes de mi irrupción.


-¿Sí?-preguntó una de ellas.


-Hicieron mucho daño esta noche con sus mentiras.


-¿Nosotras?


-Ustedes. Ese juego. La actitud. La falsedad. Todo.


-No es para tanto. El juego es muy real.


-Nada de lo que me contaron está vinculado a ningún fantasma.


-Bueno… no pudimos hacer contacto así que decidimos animar la cosa un poco. Pero el juego es real.


-¿Llaman a eso “animar la cosa”? ¿para ustedes fue una fiesta?


-Nos invitaron a divertirnos. Eso hicimos. Y la noche aún es joven.


-Mira-tomó la palabra la otra-nosotras nos ganamos la vida con esto. Tendrían que darnos las gracias por

haberlo hecho gratis, nene.


-¿Entonces de eso se trata, de estafar a la gente, pero como acá no se llevaron una moneda hay que tomarlo como un obsequio?


-Cuando lo decís de esa manera…


-¡Callate! No tienen idea de cuanta mierda removieron.


-Normalmente estas cosas no pasan. Al menos, no tan rápido.


-Jodete, puta-les doy la espalda y regreso con J.


Entro a la estación de servicio y pido los clasificados del diario. Vuelvo a la mesa.


-Llamá a R y pedile el número de teléfono de esas dos arpías-le dijo a J.


-¿Qué?


-Hacelo. Tengo una teoría.


Busco la página de servicios esotéricos. Segundos después llega a mi celular un sms de R con la información pedida. Comienzo a comparar los anuncios con el número que me dieron.


Bingo.


Se lo muestro a J.


-Estaban abriendo el camino. Sugestionándolos para terminar por sacarles plata. Como una línea de cocaína, la primera siempre es gratis. Los problemas vienen con las dependencias. Aunque creo que esta vez el asunto se les fue de las manos. Te dijeron generalidades. No sabían nada de vos, pero parecen conocer bien la conducta humana.


-Cuando las agarre…


-Dejá, ya tuve suficiente bronca por una noche.


Ella me sonríe. Por un segundo me siento un héroe.


-Gracias. Por todo.


-No hace falta, mujer. Nada más prometeme que la próxima vez que reclamés mi presencia va a ser para tomar una cerveza y no para que me toque hacer de John Constantine Latino.


Ella ríe.


Afuera ya no llueve. Es hora de volver a la madriguera y dejar un testimonio de lo ocurrido.


Fantasmas… ¿quién los necesita?

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