Herencia

>> sábado, 16 de enero de 2010

El inversor y empresario menorquín Juan Ignacio Balada Llabrés ha designado herederos de su fortuna a los Príncipes de Asturias y a los ocho nietos de los Reyes, según ha comunicado el albacea del testamento a Felipe y Letizia, quienes no conocían al fallecido hombre de negocios.


NOTA ORIGINAL

Justo al que más lo necesita, ¿verdad?

Que el capital quede en la monarquía, que los recursos del mundo no se compartan, mucho menos con las clases bajas, que pobres ya son molestos, mirá si les damos plata, van a comprar armas y nos van a sacar del poder.

Ah, cierto, protestan porque se mueren de hambre, si tuvieran vidas dignas no habría problemas; si los recursos se compartieran no habría reclamos; si las fronteras fuesen abolidas no habría guerras; si las estructuras fueran horizontales no existirían disputas en las organizaciones.

¡Odio todo esto!

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>> jueves, 14 de enero de 2010




Hoy. ¿Por qué hoy? Porque por error entré a la carpeta donde los guardaba. Mails de 2005, 2006. Abrí uno. Texto estulto. Abrí otro. Texto estúpido. Ambos míos. ¿Los de ella? El sólo recordar que su ortografía era pésima me motivó a no querer leerlos.

Cuan tonto puede ser un enamorado. Cuando sufrí por esa puta... aprendí a odiarla. A despreciarla. A desearle la muerte. A reírme de ella. Y, finalmente, a olvidarla. Aún así hoy me pregunté que será de su existencia. ¿Seguirá con el viejo verde? Ya debe tener como 50 años el hijo de puta. Ella está cerca de los 23. ¿Estará con otro pendejo? ¿le hará en este momento a otro desafortunado lo que me hizo a mí? ¿estará haciendo la calle? ¿en qué mierda estará enganchada? ¿estará viva?

No sé. Y la verdad... no quiero saber.

Tildar todos los correos, enviados y recibidos, para luego imitar esa imagen ahí arriba. Borrar la carpeta con su nombre. Cinco años estuvo ahí, quietita, ocupando espacio en la cuenta. Ya no jode más. Es curioso, pero cada vez que hago una limpieza de algún tipo ella aparece, un fantasma de juventud que me acosa en cada oportunidad. Hoy, los e-mails. Antes, fotos bien escondidas y llenas de polvo; polvos filmados destinados a la papelera de reciclaje; notas furtivas de los tiempos en que fui "el otro"; items en la lista de promesas a olvidar; lista perdida, quien sabe cuando y donde; poemas que ahora son para nadie; cartas sin remitente y declaraciones de amor sin destinataria; juramentos rotos; palabras vacías; un mundo simbólico pero verídico que se hunde en la mar del olvido, unas plegarias susurradas por última vez una centuria atrás en La Catedral del Adiós.

Chau, hasta nunca. No aprendí nada. La contumacia es lo mío, parece.

¿Y?

Ya me deshice de los últimos recuerdos que quedaban. I'm free. Como hace tanto...

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Network

>> miércoles, 13 de enero de 2010

La verdad revelada... por la televisión. La única verdad: la mentira.


Fragmento de Network, una película más que recomendada.

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Resistir

>> sábado, 9 de enero de 2010

De nada le valió
haber construido elevadas torres en el cielo
ni se salvó
a pesar de todas sus máquinas
siendo arrojado de cabeza
con su trabajadora horda
para que construya el infierno

Milton.

Y sí. La trabajadora horda no sólo construyó el infierno, sino que lo mantiene en funcionamiento. Impecable, el sistema tiene relucientes las armas de sus mil legiones de sicarios, de sus trabas legales, de sus notas al pie, de su explotación. En la más alta torre de Pandemonium el capital está a salvo.

Gracias a los valientes y comprometidos camaradas de A-infos llegó a mis manos un comunicado de la FORA/AIT firmado por Horacio Seo. No pude menos que leerlo con indignación. Indignación, lo último que debiera sentir un periodista y lo primero que debiera sentir un anarquista ante los hechos narrados. Indignación, porque ya no me sorprende nada. Indignación, porque soy un escritor libertario, no un comunicador imparcial.

Indignación, porque la mafia policial en Mendoza, Argentina, continúa mostrando, sin pudor alguno, su impunidad.

Quedó lejos el verano del '97. Ya nadie recuerda a Cabezas. La amnesia, tan crónica como selectiva, que sufre este país todo lo cubre. Aún cuando conocemos las noticias sobre la iniquidad, corrupción e ineptitud policial, no sólo permitimos su existencia, sino que le permitimos regir las calles a su antojo.

Ricardo Ferreyra es presentado por los medios de comunicación oficiales como un mero ex convicto. Apenas se habla del caso. Pero lo cierto es que este hombre es uno de los pocos que han osado enfrentar al poder de la mafiocracia que reina esta maldita tierra.

Cuando estuvo preso en la Penitenciaria Provincial de Mendoza no guardó silencio ante los constantes atropellos del sistema. Las leyes, las "sagradas leyes" que tanto defiende el sistema, no eran respetadas. La mínima dignidad humana que POR LEY debe existir en las cárceles así como el "proceso de reinserción social" no son más que bromas de pésimo gusto. En las jaulas guardamos lo que no queremos ver, los monstruos que creamos en el sinuoso sendero a la mafiotopía, los olvidados, los cachorros que dejamos atrás y en la calle aprendieron a ser perros para sobrevivir.

Por pelear por un mínimo de Justicia (con mayúsculas, la real, no la de los abogados y sus objeciones basadas en "lo que está escrito") intentaron matarlo en 2004. Los guardias penitenciarios lo trasladaron a un pabellón donde había un grupo armado que lo esperaba. Resultado: Ferreyra herido, un motín a modo de protesta y un piquete en la puerta del edificio.

En 2008 muchos reos se negaron a participar de un motín organizado por los guardias con el fin de presionar al interventor federal de la cárcel. Resultado: se los trasladó a un pabellón clausurado donde fueron golpeados y castigados a diario.

Ferreyra, elegido delegado por sus compañeros, encabezó la lucha. Con ayuda del exterior lograron una reivindicación por mejoras mínimas. El estado debió admitir que ellos mismos no cumplían con sus propias leyes.

Cuando este hombre recuperó su libertad, pocos días después de haberse reunido con su familia, la policía lo retiró de su domicilio por orden del fiscal Giunta. Lo llevaron junto con un "informante" a ver un descampado. Debía declarar haber visto a un tal "Pañalin" asesinar a Marcos Cardozo, un menor, y arrojarlo a un zanjón.

En la comisaría lo espera el fiscal. Le explica que no importa que no viera nada, que tenía que firmar la declaración que le habían preparado. Y le recuerda que si se niega le pueden armar siete causas distintas para llevarlo a la cárcel una vez más. Por otro lado, si firma, le pueden dar algo de dinero y algún plan social.

Giunta llama por teléfono a Ciurca, el ministro de seguridad. Con esa llamada a Ferreyra le queda claro que para el sistema es normal fabricar pruebas y testigos, que nadie lo ayudará en el sistema judicial.

A fuerza de mayor presión, Ferreyra firma la declaración. Le muestran fotos de "Pañalin", para que le conozca la cara. Lo envían a su domicilio. En el camino los policías le comentan los planes que tienen para él, como por ejemplo la participación en un asalto y la extosión a un tal "gordo Milton", en teoría un empresario que se negó a entregarles dinero a cambio de no ser involucrado en alguna causa. Los policías querían que Ferreyra se encontrara con este sujeto y le plantara un kilo de marihuana.

Queda muy claro lo que ocurre. Un hombre no puede reinsertarse jamás en la sociedad tras un paso por prisión. No sólo porque nadie le da trabajo, sino porque la misma policía lo acosa y lo utiliza en sus planes delictivos.

Ferreyra tenía un futuro terrible delante. Negarse a todo e ir preso o continuar hundiéndose cada vez más y más en los sótanos de la corrupción. Sólo podía confiar en un hombre: su abogado, Carlos Varela.

A modo de salvavidas, Ferreyra y Varela filmaron un video donde el primero narraba su experiencia, mostraba pruebas que avalaban sus palabras, incluida la declaración que tuvo que firmar, y mostraba un diario del día, para constatar la veracidad de la fecha. Presentaron la denuncia. La Justicia Federal se declarón incompetente. Tuvo que hacerse cargo la fiscalía de delitos complejos de Mendoza. Ferreyra temía por su vida y la de sus familiares. En ese momento el caso llegó a primera plana en los medios de comunicación. Tal vez esto salvó su vida. Lo cierto es que esa exposición impidió que el asunto durmiera en alguna carpeta guardada en el fondo de un cajón.

Según el comunicado oficial de la FORA/AIT:

Se sumaron abogados a la querella, se sumarió a los policías, se declaró incompetente al fiscal Giunta en la causa que pesa sobre Ricardo y se abocó de lleno al caso la Inspección General de Seguridad. La mutual de los policías amenazó con hacer un paro si se separa de la fuerza a los policías involucrados y el ministro de seguridad y el fiscal titubearon con excusas débiles e inverosímiles intentando desligarse del caso.

Así como se quería meter a la cárcel con pruebas fraguadas al *Pañalín* por la muerte de Marcos Cardozo, el mismo fiscal perdió, los últimos días, la posibilidad de condenar al acusado de matar al policía Cedrón por problemas con los testigos encubiertos que había presentado, por lo que el acusado quedó absuelto.

¿Era una vendetta del sistema el querer inculpar al tal "Pañalin"?

Imposible saberlo ahora. Pero algunas cosas quedan absolutamente claras.

Hecho 1: Los convictos no pueden regresar a la sociedad ya que el mismo sistema los utiliza, una vez libres, para cometer sus delitos.

Hecho 2: Las pruebas son cuasi-irrelevantes en el sistema judicial. Cualquiera puede ser procesado sea culpable o inocente.

Hecho 3: Sólo la mirada de la sociedad parece tener algún efecto sobre estas mafias que rigen nuestro mundo.

Hecho 4: Este es un hecho aislado por un único motivo. Y ese motivo es que pocos tienen la voluntad, y buena fortuna, que hasta el momento ha tenido Ricardo Ferreyra.

Ahora la gente pide "mano dura" contra los "delincuentes" porque hay "inseguridad". Sí. Hay inseguridad. Pero no a causa de los "criminales", sino a causa de nuestras "fuerzas de seguridad". A causa de la justicia (con minúscula, porque es la de los abogados). A causa de las ficciones que muestran los medios.

Y, sobre todo, a causa de la mentalidad pequeño burguesa de la mayor parte de la sociedad. Toda comunidad es emergente, lo cual quiere decir que el mundo no va a ser ni más ni menos inseguro se tenga 10000000000 de policías o no se tenga ninguno, porque el policía es un miembro más de la especie humana. Sin caer en la masturbación intelectual digo que es absurdo pensar que otro hombre pueda hacer el mundo más seguro para los demás. El conocimiento acumulado de la humanidad puede cambiar los tiempos de reacción (ralentizar la muerte, que es todo lo que hacen los medicamentos, por ejemplo) pero no hacer del mundo un sitio más o menos peligroso.

Hemos vivido con estas falacias demasiado tiempo. La historia reciente comprueba que es posible vivir sin policía. ¿Por qué creemos aún que los necesitamos?

Quizás porque la sociedad se niega a ver las mafias que denunciamos. ¿Les jode que lo diga? Me alegra. Porque es su culpa. Suya y nada más que suya. Como dijo el gran Albert Camus: ellos mandan hoy porque vos obedecés.

La famosa "inseguridad" seguirá presente mientras se permita existir a la policía.

¡Odio todo esto!

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¿Por qué escribo sobre putas?

>> viernes, 1 de enero de 2010

En este primer artículo de 2010 pretendo preguntarme algo que no tengo claro ni por accidente y que, sin embargo, condiciona todo mi trabajo. O casi todo mi trabajo.

¿Por qué escribo sobre putas?

Nótese que no llamo putas a todas las mujeres, sólo a las que ejercen la prostitución, y que, definitivamente, no utilizo la palabra como un insulto machista. He de reconocer que me gusta como suena, por cierto, y que por eso la prefiero a sus mil sinónimos.

Algunos días atrás comentaba este asunto con mi amiga Eklectica.

Yo: ¿Te das cuenta? ¡siempre escribo sobre putas!

Ella: Sí, lo he notado.

Yo: ¿Y?

Ella: ¿y qué?

Yo: ¿No te llama la atención?

Ella: Sí, te digo que lo he notado.

Yo: ¿No te parece que soy un escritor machista?

Ella: Voy a pensar que sos un escritor machista cuando digas que las mujeres tienen su lugar sólo en la cocina.

Yo: Me quedo más tranquilo...

Como Eklectica, imagino que la mayor parte de mis lectores habrán notado mi tendencia a escribir sobre prostitutas.

Putas deplorables (La Mujer Desnuda, en Confesión), putas adorables y temibles (las de 30 de febrero), putas inconfesas (en Las Huellas del Olvido), putas menores de edad (en El Refugio Interior), putas divinidades (en Sueña Conmigo) putas por coacción (en Eclipse). Putas, putas y más putas.

Tengo una fijación con quienes venden sus cuerpos. O una obsesión. Aún no lo tengo claro.

¿Pero por qué?

Las prostitutas son fascinantes. Lo han sido en todas las eras. Desde las putas bíblicas, dos milenios atrás, hasta las putas VIP (Very Idiot Person) que acompañan a presidentes y ministros, empresarios y mafiosos.

El hombre, como género, no tiene derecho a la felicidad en la vorágine que caracteriza este malnacido siglo XXI. El hombre tiene derecho a la ostentación cuando ha conseguido poder aunque sea en un grado ínfimo. Y cuando no lo ha conseguido tiene derecho a buscarlo.

Así, revistas como Hombre, Maxim y sus correligionarias en el culto al todopoderoso Dios Dinero, venden relojes, yates, autos exclusivos y, como no, mujeres. Pero no mujeres cualquiera. Nunca una intelectual con anteojos, nunca una científica, nunca una Rose Luxemburg o una Louise Michel. No. Venden cuerpos televisivos, encumbrados en la cima de El Capital por la gran herramienta creada por los mejores cazafantasmas del mundo: photoshop, un software íntimamente ligado a los métodos de control del Big Brother.

Sos más hombre mientras más minas te cogés. Y tienen que ser ESTAS minas. No otras. No las intelectuales, científicas o revolucionarias de las que hablé antes, para nada, esas están bien para los frikis escritores anarquistas incapaces de cambiar el curso de los hechos (pero capaces de triturar tus huesos sin mayor esfuerzo en una pelea mano a mano).

Si no podés tenerlas, está bien. A fin de cuentas, como los Mercedes Benz y los BMW, son exclusivas. Te excluyen a vos, puntualmente. Pero el generoso Dios Mercader te permitirá verlas, por una módica suma.

Y ahí están, insinuando. No las tocás, pero aún así venden sus cuerpos a nuestra lascivia. Son las meta-putas. Y nosotros la prole-cliente. Un poco lumpens en nuestra actitud, somos capaces de soportar El No-Ser televisivo, como le llamaría mi amiga Melisa, sponsoreado por Jorge Rial y sus amiguitos vacía-cerebros. Y lo soportamos por ver esos tremendos pares de tetas.

Siliconas, la vacuna contra el rechazo social, dijo Galeano y yo le robé.

Para inmunizarnos en cierto grado, es decir, para ver las tetas sin aguantar a Rial, podríamos acudir al porno pirateado. Sin guerra de vedettes, sólo siliconas. Siliconas y más siliconas. Sin aguantar a alguna drogadicta con su historia de vida. O no-vida, para ser exacto.

Estas mujeres son el centro de la atención. Y mientras tanto las otras, las que hacen la calle, son relegadas al olvido. No conocen el glamour, pero sí los excesos. No conocen el champagne, pero sí el paco. No conocen la admiración de cientos de tipos que se masturban viendo sus cuerpos semi-desnudos impresos en páginas que terminan pegadas con semen, pero sí las palizas gratuitas de una banda de sádicos inadaptados que liberan sus frustraciones a través de la violencia. Y que se entienda: soy muy amigo de liberar la frustración a través de la violencia, pero creo que debe golpearse a los culpables, como por ejemplo la policía, no a una mujer que trata de sobrevivir como puede en esta realidad adversa que trae a nosotros la cortesía del Dios Tener.

Creo que por eso escribo sobre putas. Porque alguien debe recordarlas. Rial no va a tenerlas en cuenta. Yo sí.

¿Y?

Ah, sí, tengo que cerrar el artículo.

¡Odio todo esto!

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