Efemérides
>> sábado, 20 de noviembre de 2010
Nada que agregar.
“¡Viva la muerte!” fue el grito entonado por los fascistas en la universidad de Salamanca en 1936. Narró la anécdota, si la memoria no me traiciona, Miguel de Unamuno, quien falleció poco tiempo después, quizás de tristeza.
“¡Viva la muerte!” es la expresión que mejor resume la esencia del fascismo; es el motivo por el cual muchos se posicionan como antagonistas. No se confundan. Hollywood no tiene mucho que ver con esto.
Los que exclamaron “¡Viva la muerte!” fueron los mismos que afirmaron ser defensores de occidente, de la civilización y, como no, de la vida.
Hoy, en defensa de la vida, se oponen a la regulación del aborto por parte del Estado. Puede parecer obvio, puede parecer que están en lo correcto, pero la realidad nunca es simple.
Todas las mujeres condenadas a causa de un aborto tienen una característica en común: son pobres.
Las hijas de los adinerados no son denunciadas. Esos abortos, que también existen, nunca salen a la luz. Los pudientes pagan clínicas con tecnología de punta. Las intervenciones se realizan en condiciones sanitarias óptimas, con riesgos mínimos.
La mujer pobre debe abortar en el comedor de una vecina. Sin atención profesional, sin elementos esterilizados, con peligro de infección letal o desangramiento o ambas cosas. Y no hablemos de la carencia total de contención afectiva.
Ambos son procedimientos clandestinos y, al menos de momento, ilegales. No obstante, hay una diferencia evidente. ¿O acaso no sabemos todos cuales son los nosocomios de la ciudad en la que se practican estas operaciones?
La hija del señor juez no arruinará su figura ni su futuro. Asistirá a X clínica, saldrá, será doctora en leyes y vivirá una vida color rosa.
La hija de mi vecino abrirá las piernas para que alguien le introduzca una aguja de tejer por la vagina, contraerá una infección, dejará huérfanos a sus otros cinco hijos y tendrá una muerte roja sangre.
No obstante, hay algo que es común a toda mujer que alguna vez abortó, sin distinción de clases: ambas, pobres y ricas, sufren un trauma.
Y lo sufren, en buena medida pero no exclusivamente, a causa de los valores establecidos por la hegemonía. Históricamente este milico país ha sufrido los abusos de dos instituciones: la Iglesia Católica y las Fuerzas Armadas. Y conocemos bien a ambas, pero no está de más hacer un breve repaso por significativos hechos como la inquisición, las cruzadas, el genocidio de las culturas precolombinas, entre otros; no está de más hacer un breve repaso por significativos hechos como catorce dictadores, miles de desaparecidos, represión absoluta de la libertad de expresión, entre otros.
Por supuesto este no es el factor que desencadena el trauma, en países con mayor tradición democrática, como la ininterrumpida de USA, también la mujer debe lidiar con sus fantasmas. Pero apostaría a que el peso de la historia del sitio en que nació potencia la angustia y el dolor.
¿Pero es matar el aborto? Sí. Pero también lo es recoger una flor. Un ser humano está vivo. Y un virus también. La vida es, desde el punto de vista biológico, “un estado o carácter especial de la materia alcanzado por estructuras moleculares específicas, con capacidad para desarrollarse, mantenerse en un ambiente, reconocer y responder a estímulos y reproducirse permitiendo la continuidad”, según Wikipedia, la fuente más accesible pero no necesariamente la más próxima a la exactitud.
Me dirán que no es lo mismo arrancar una flor que abortar, y estoy de acuerdo. Pero yo conozco mis motivos, por eso pregunto los de ustedes: ¿por qué es diferente?
No acepto dubitativas respuestas de manuales religiosos. Quiero convicciones. O, al menos, que admitan que no tenemos que hablar de vida, sino de persona.
¿Cuando se es una persona? Quizás es una pregunta necesaria pero muy poco realizada. Aún cuando los juristas indiquen que JAMÁS se debe redefinir el término persona.
Miro mis uñas. Son parte de mí. Lo mismo mi pelo. Mi barba. Pero no son yo. Son puñados de células que, en general, se mantienen con fines estéticos.
¿Y un feto es una persona? Lamento informar que en el momento inmediato posterior a la concepción un feto no es más que un espermatozoide (una célula) fusionado con un óvulo (una célula), es decir, un cigoto. El cigoto humano no es distinto del cigoto de un hongo. No poseen emociones. Ni recuerdos. Ni tienen modo alguno de sufrir porque no tienen sentidos y, por ende, no son capaces de recibir estímulos de orden empírico.
El aborto anula la existencia de una persona en potencia, pero no acaba con una persona real, nunca más claro, no acaba con una persona de carne y hueso.
Y acá hay un dato interesante: la cantidad de personas permitidas por nuestro ADN supera con creces el número de personas que existen. Cada espermatozoide que no alcanzó un óvulo es una persona en potencia que jamás conoceremos. Guitarristas mejores que Blackmore. Poetas superiores a Blake. Científicos más brillantes que Darwin. O, sin más, buenas personas.
Dicho en otros términos: la naturaleza tiene un mecanismo donde juega la potencialidad de la existencia. Y esto, mis amigos, tiene el significado que ustedes quieran darle. Yo sólo les menciono un hecho.
Permítanme mencionar otro hecho. Hay fetos que se gestarán por completo y, aún así, no vivirán. Hay ocasiones en que, simplemente, el organismo no será capaz de sobrevivir fuera del útero, por diversos motivos. Esto, con la tecnología actual, puede saberse desde las primeras semanas de embarazo.
Una mujer en tal situación debe sufrir un trauma muy superior al del aborto. Debe gestar durante nueve meses un hijo que no vivirá. En la práctica lleva en sus entrañas un cadáver y nada más que un cadáver. Jamás hablará. Jamás la abrazará. Jamás lo sostendrá en sus brazos. Todo cuanto podrá hacer es enterrarlo.
En algunos países, aunque el aborto sea ilegal, en tales condiciones, excepcionales sin duda, se permite interrumpir la gestación. Reitero: en algunos países. No en todos. En Chile, por ejemplo, el sistema obliga a la mujer a continuar con la gestación.
Y en este punto me gustaría señalar algo que debiera tener en cuenta la mitad de ustedes antes de tomar posición: es fácil oponerse cuando se es hombre. Nosotros no lo experimentamos más que como testigos. No es nuestro el peligro de morir en el comedor de la vecina, no es nuestro el cuerpo donde debe gestarse el feto.
Me atrevo a decir que, en demasiadas oportunidades, demasiados de nosotros, juzgamos por el simple hecho de vivir insertos en una sociedad patriarcal que, aún hoy, privilegia al género masculino.
Son demasiados los factores que no tomamos en cuenta a la hora de hablar. Sí, hay preservativos gratuitos provistos por el estado, pero no educación para todos. Todos los que nacimos a partir de 1980 fuimos bombardeados por la televisión con el mensaje que nos indicaba que usáramos preservativos, pero eso no significa que estemos formados. Sólo estamos informados. Y con eso no alcanza.
¿Qué hay del sempiterno “de eso no se habla”, aún tan presente en muchos sitios, como por ejemplo las provincias feudales? Si una chica de trece años no puede preguntar a un adulto cómo cuidarse a la hora de disfrutar de su cuerpo, ¿cómo podemos pretender que exija a su compañero que utilice un profiláctico?
Esto se nota mucho más en los sectores humildes. En las villas, entre gallinas, en los chiqueros, los excluidos, los silenciados, los que desconocen la existencia de un mundo más allá de la mugre.
Saben que existen los métodos anticonceptivos pero, quizás, nunca se plantearon el utilizarlos. Porque el chico de 15 años que trabaja como jornalero se limitó, como mucho, a decirle a su noviecita de 12 “Tomá pastillas” y ella no tiene idea de cómo conseguirlas, o no comprende que el ingerirlas, para que sean efectivas, debe ser un hábito.
Y lo cierto es que al sistema nada le conviene más que una sociedad ignorante, porque así es más dócil y, por ende, más manipulable, funcional a sus fines; a los fines de las corporaciones, que están interesadas en vender miles de cosas que nadie en verdad necesita. Sí, amigos míos, el cartonero también tiene celular.
Y la Iglesia, esa que no dudó en masacrar culturas enteras, sólo se preocupa por los nacimientos. Defiende el parto, no al individuo. Defiende el bautismo, defiende su bolsillo, repleto gracias al trabajo de todos nosotros, ya que la mantiene el Estado. ¿Y luego me hablan de moral? Excluyan tal concepto de esta discusión, por favor.
Así nos quieren: pobres e ignorantes, meras ovejas guiadas por un siniestro pastor.
Y luego los hijos de los pobres nacen al desamparo. Al frío. Al hambre. A las calles. Vienen a soportar la exclusión económica, social y cultural. Y tienen que ser buenos pobres, conocedores de su lugar, allá, al fondo de la putísima jerarquía. El resultado es violento. Pero no importa, pedimos mano dura y, tras defender a ultranza la vida, reclamamos al gobierno la pena de muerte.
Porque al negarnos a una debida regulación del aborto, gratuita y en condiciones sanitarias dignas, este es el resultado. Una vez más, “¡Viva la muerte!”. La de la mujer en el comedor, la del crío en las calles, la del peatón en un asalto.
No han cambiado nada desde 1936.
Por un aborto legal, seguro y gratuito, para los que DE VERDAD defienden la vida.
Diego Nieto | Maldito Lobo
www.unamaldicion.com.ar
Algunos, mientras más rebeldes se muestran, más sumisos son.
La palabra SHOW es una voz anglosajona. Significa, literalmente, MOSTRAR. O, para ser exacto: EXHIBIR.
Es bien sabido que la pintura en una galería se exhibe, visto que es una obra de arte y su objeto es permitir la contemplación de todo aquel que no sea su creador. Lo mismo ocurre en los escenarios, con la música en vivo. O al menos eso nos hacen creer.
Incluso los productos en las góndolas de los supermercados. Son formas de existir. No las únicas posibles. Podemos imaginarnos otras. De hecho, existieron otras. Ningún tractor se exhibió en Moscú en 1950.
¿Pero qué pasa cuando el producto es el ser humano? Pasa… el siglo XXI. Ahora no son sólo las putas en la esquina, o en las vidrieras si vive en Ámsterdam.
Hoy la prostitución es el deber ser, el paradigma esencial alrededor del cual se construye la sociedad. VENDETE es la consigna. Pero los cupos son limitados. Así que para validar este comercio lo imponemos a la comunidad como modelo de conducta.
Sí, LO, porque vos y yo también somos responsables, por acción o por omisión.
Fijate, desde la caja boba Juan Salvador Pelotudo muestra gatos pulposos a diestra y siniestra. Y de pronto la silicona es la vacuna contra el rechazo social.
Fijate, la televisión es un reciclaje continuo de una novelita barata repetida cada noche alrededor de un concursito de baile. ¿Miramos como bailan? No. Ustedes miran culos y tetas, no mientan. Sean inteligentes como el que suscribe: miren porno. Hay minas desnudas pero no sapucays involuntarios de algún animador potentado económicamente por nuestra imbecilidad criolla. Y no digan que no somos imbéciles.
Somos los que votamos al fascistoide Perón. Somos los que votamos al inútil De La Rúa. Somos los que rendimos homenaje a genocidas como Roca. Somos los que vitoreamos a dictadores como Videla. Somos unos pelotudos.
Y lo peor no es nada de lo antes mencionado. Lo peor es que esto es lo que consideramos transgresor. Como cuando creímos que Hanglin con su nudismo transgredía. No me sirve de nada que un periodista que se pasea en pelotas si defiende a la derecha. Es decir, si defiende a los sectores que cada día son más adinerados a costa de que otros sean cada día más pobres.
Si defiende a instituciones jurásicas como la Iglesia Católica, siempre enemiga del progreso social y amiga de los neo señores feudales y el oscurantismo. Si defiende la alienación del chiste fácil, las tetas, los argumentos de cuarta que, de tan mediocres, parecen haber sido escritos por Coelho, Corín Tellado y la autora de la saga Twilight, que no me importa lo suficiente como para recordar su nombre.
No me sirve de nada pasar del sexo tapado de los días de los dictadores, donde el 69 era subversivo, a coger sin tapujos como hoy, si todavía hablamos en voz baja de regular el aborto en un marco legal, seguro e higiénico, privilegiando la vida de la mujer por sobre la potencialidad que albergue cualquier puñado de células.
Es lo que tenemos que gritar desde los tejados. Estemos a favor o en contra, pero tenemos que gritarlo. Si cientos de miles en dos siglos sangraron para que tengamos el derecho, legítimo e inalienable, de hacerlo.
Pero… no. Mejor apoltronarse en el sofá, mejor permitir que un Juan Salvador Pelotudo nos cuente como es el mundo. Mejor, ¿no?
Los problemas son ajenos. Eso sí, me permito darles un único consejo.
El que quiera rebelarse, que se pare frente a una cámara con un traje de buzo.
1- Los Mecenas de la Secta del Gatillo
Nosotros, sociedad, hemos atestiguado hasta el cansancio el bombardeo de reduccionismos que la clase política utiliza para intentar explicar el fenómeno que llamamos INSEGURIDAD. Los dirigentes señalan con el dedo el fétido pozo del que ha surgido el demonio que posee a la sociedad, todos tienen sus falaces soluciones. Acá, la derecha, demanda bajar la edad de imputabilidad y endurecer los castigos. Acá, la izquierda, demanda “compartir la riqueza del mundo”, como si el último siglo no hubiese probado que el económico es sólo uno de los múltiples aspectos de la brecha que divide la sociedad en clases.
La diferencia se encuentra tan sólo en los matices. De los pseudo revolucionaros no-obreros a los tragasirios de misa diaria (enemigos del aborto pero amigos de la pena de muerte), todos insisten en minimizar las causas, derramar lágrimas de cocodrilo por las consecuencias y soslayar la verdad que se halla oculta tras el velo de la mentira de estado.
Lo cierto, lo evidente, es que el crimen no sufre un desborde, cómo sí ocurre en México y en Brasil, porque es regulado. La obvia pregunta es por quién. Y la (aún más) obvia respuesta es por aquellos que poseen el monopolio de la violencia pública legal. Sí, la policía, aparcero.
La policía cumple tres funciones esenciales no para la sociedad, sino para el estado. A saber:
A) Disciplina
El sector que sobra, los excluidos, Los Nadies, los que no tienen acceso a la educación, a la salud, al trabajo. Son criminalizados. Si antes la subsistencia era dura, hoy es imposible. Se los convirtió en el caldo de cultivo del crimen. Son los que no tienen derecho a nada. Y si tiempo atrás el pobre era al menos un obrero y, como tal, un necesario engranaje de la maquinaria, hoy ya ni siquiera eso es. Escoria, el desecho, el que no sirve para nada. Su única posibilidad de subsistencia es tomar lo que el mundo le niega desde la cuna.
B) Regulación
Las famosas “zonas liberadas” son producto de la regulación del delito. Los uniformados ponen las reglas del juego. Controlan las apuestas ilegales, la prostitución, la trata de blancas, el comercio de objetos robados, el tráfico de drogas. Son partícipes directos del proceso. Todo esto apunta a mantener el termómetro dentro de los índices aceptables. Lo contrario generaría una tercera fuerza hegemónica que compitiera con las corporaciones y el estado: las mafias.
C) Financiación
El presupuesto provincial para mantener en actividad a la fuerza es insuficiente. La participación en el delito, como reguladores, es el ingreso necesario para que los patrulleros puedan transitar las calles y las armas puedan ser disparadas.
Así, el estado posee una fuerza policial que mantiene a raya el crimen y se autofinancia. El modelo funciona a la perfección para sus propósitos.
¿Cual es el grado de responsabilidad de los funcionarios?
Ante tales afirmaciones oir a quienes se rasgan las vestiduras gritar a viva voz “No se puede generalizar”. Acá generalizamos. Y no es un capricho, la propia realidad lo demanda.
Existen dos formas de corrupción. Por acción y por omisión. Cada individuo que observa el problema y prefiere mirar hacia otro lado, cuando su trabajo es proteger al ciudadano, es un cómplice. Sin excepciones.
¿Es posible ser parte de la institución y no conocer sus cloacas? Sí. Durante el primer cuarto de hora. A partir del minuto 16 se atestiguan ya los primeros atropellos.
En la práctica, no nos engañemos, que un policía vea a su comisario traficar y no haga nada al respecto no es lo mismo que ver traficar a cualquier otro y adoptar la misma actitud.
Las vendettas intestinas no le permitirían continuar su vida con normalidad. Pero eso no lo justifica ni mucho menos.
Al final del día lo que tenemos es una institución corrupta. No ciertos elementos, no algunos individuos, sino una institución completa.
2- Sigue Al Líder
Según consigna Ragendorfer en su ensayo socio-político “La Bonaerense”, la mecánica psicológica empleada en el adoctrinamiento policial es una forma básica y primaria del adoctrinamiento de masas del nazismo.
Fromm, en “El Miedo A La Libertad”, explica que en Alemania se construía la mentalidad del sujeto de modo tal que aquel que no fuera un perfecto engranaje ario, tal como consignaba la visión del Fhürer, nada sería. En la policía bonaerense, como en la de las provincias demás provincias, todo comienza en el entrenamiento básico del individuo. Se vive inmerso en un sistema que da al ingresante la más baja posición imaginable dentro de la jerarquía: a duras penas le permite creer que es aún humano.
Llamarle “sanguijuela” al futuro funcionario y obligarlo a arrastrarse hasta los pies del instructor es algo normal. Y suave comparado con el resto de los actos que componen el Show Del Entrenamiento Para El Cinismo Postmoderno. A través de la constante denigración se pierde la dignidad, por lo que es realmente simple que la conclusión final de la víctima es que no tiene derecho a nada. Cuando finalmente, tras largas penurias, los hombres y mujeres egresan y alcanzan la tan ansiada obra social, el trabajo fijo, el sueldo a fin de mes, van a parar a distintas comisarías donde los peces gordos, poco a poco, les revelan la inmundicia que se guarda -no esconde, sino guarda- bajo la alfombra. Progresivamente, a base de pequeños favores (un auto a comprar en cómodas cuotas, un departamento que puede ser alquilado sin presentar garantías, etc.) las cúpulas ganan la confianza de sus subordinados y comienzan a hacerlos partícipes de sus negocios. El resultado es una persona que se corrompió sin tener consciencia de ello y que ve un benefactor en aquel que lo inició en la delincuencia.
Y quienes no se corrompen son incapaces de obrar en contra de los hechos. No pueden proteger al ciudadano. Cómo hemos explicado, son cómplices.
3- Se Viene El Estallido...
Ocurrió en el Bronx, NY, USA, ocurrió en Medellín, Colombia, ocurre en Argentina. El alto grado de exclusión de un amplio sector de la sociedad genera violencia extrema. Los que no tienen nada deben poseer algún tipo de patrimonio para subsistir. Al no poder abastecerse de bienes por las vías legales, incurren en el delito.
El crimen reporta beneficios económicos, cierto grado de status, respeto de algunos. En otras palabras, otorga un modo de inclusión que devuelve al sujeto al estado de PERSONA.
Según los indicadores oficiales, en las cárceles del país aumenta la presencia de mujeres de entre 50 y 60 años procesadas por tráfico de drogas. Son primerizas, no poseen antecedentes. Los tiempos modernos cada día dejan menos lugar para las viejas prácticas que ayudaban a subsistir a las mujeres solas ya entradas en años. En el siglo XXI, al parecer, es menos la gente que busca curanderas o pretende echar mal de ojo a algún enemigo.
Los sectores marginales se han transformado en una verdadera bomba de tiempo que no puede ser desactivada con planes trabajar ni asignaciones universales, que son paliativos pero no soluciones.
Así es como arribamos a lo acontecido pocos meses atrás en Bariloche. Represión al más pobre, brutalidad policial, fusilamientos y luego... una marcha a favor de la “mano dura”. Todo esto sucede con aval de las clases altas. Las mismas clases altas con las que la clase política se encuentra en connivencia desde tiempos inmemoriales. Con y sin Sociedad Rural.
Independientemente de los lobbys ante los que responde, el gobierno Kirchner, que en rigor de verdad es el menos nefasto de cuantos han pisoteado este país, saca un cero en materia de seguridad.
Al igual que todos y cada uno de los anteriores, milicada incluida. Las dimensiones reales del problema sólo se comprenden cuando se toma consciencia de la bifurcación del camino. Por un lado, todo puede seguir como está. Por el otro, estas fuerzas pueden decidir que ya no serán funcionales al gobierno e independizarse. ¿Qué sigue? Probablemente inversión legal de fondos obtenidos por medios ilegales. Porque de momento el dinero se lava, es decir, se busca un medio justificar su posesión. ¿Pero qué ocurriría si ese dinero pasara a financiar otro tipo de actividades e instituciones?
Retomemos el caso de las favelas en Brasil: ante la ausencia del estado los narcos satisfacen las necesidades de la comunidad en la que operan, donde viven sus clientes y soldados, ganando así un leal ejército.
¿Y si la mafia que controlara todo fuese una policía que no rinde cuentas al estado? ¿Qué tipo de leyes y regulaciones podrían ser implementadas? ¿Cuales podrían ser derogadas? ¿A qué grado ascendería la impunidad de unos y otros?
4. Que Prometeo No Pierda El Bondi
Mi quinto libro al fin liberado. Con ustedes, NOSOTROS, la novela que no ganó el PREMIO EMECE 2010.
Sinopsis:
NOSOTROS es la historia de un regreso, como suele ocurrir en los textos de Diego Nieto. NOSOTROS transcurre en La Ciudad, como suele ocurrir en los textos de Diego Nieto. NOSOTROS está protagonizada por un tipo oscuro y violento, como suele ocurrir en los textos de Diego Nieto. NOSOTROS no incluye dioses ni demonios, mitos ni leyendas, a diferencia de lo que sí suele ocurrir en los textos de Diego Nieto. NOSOTROS es la historia de todos, es el acontecer de quienes, sin saberlo, hemos sido declarados enemigos de Ellos. ¿Y quienes son ellos? La ESCUADRA, una banda de neofascistas mitómanos dispuestos a todo para alcanzar unos objetivos que ni siquiera ellos tienen muy claros.
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