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Derrota

>> viernes, 10 de septiembre de 2010

A veces se gana (casi nunca) y a veces se pierde (casi siempre). Yo gané una sola cosa en mi vida: una pastafrola. En una rifa del jardín de infantes, en 1988. Y encima estaba quemada.

Todos DEBÍAN ganar al menos una vez, por eso me tocó. Y me tocó la peor de todas. Mi vieja -y las viejas de todxs los demás- hacían tortas copadas. La más chota fue para mí. C'est la vie, me dije. Algún día se tendrá en cuenta más que la moneda de la rifa y llegará mi hora.

Creí que la hora había llegado. Pues no. Participé en el premio EMECÉ con una novela que permanece ignota... y perdí. No hay premio. Ni mención. Y no figuré entre los finalistas.

Todo el tiempo, mientras escribía y mientras esperaba por el fallo, quise pensar que no iba a ganar. Así aceptaría bien en su momento la derrota, que es, en general, lo que me ocurre ahora.

Pero las cosas nunca son tan simples. En el fondo siempre albergué una esperanza (pequeña pero real). Quizás no el premio... pero ALGO. Me hubiese gustado al menos figurar entre los finalistas. Pero no. Resulta que soy de montón, al menos para Tununa Mercado, Martin Cohan y Fabián Casas, los jurados.

No estoy deprimido ni bajoneado. Ni siquiera triste. Pero... bueno, ya saben. Tenía fe. Sí, yo tenía fe en algo. Esto sólo refuerza mi vieja apreciación: la fe es irrelevante.

¿Será que es una buena novela la que presenté? Lo sabrá el diablo. A mí no me pregunten (a los jurados tampoco, por supuesto). Algo tendré que hacer con ese libro. Ya veré qué. Tendré que consultar. Si a alguien le interesa leerla, que se manifieste, resulta un poco frustrante tomarse tantas molestias (como diseñar portadas y armar el archivo pdf, que nunca es tan fácil como parece)para que nadie lo lea.

Me toca aceptar la derrota con la frente en alto. ¿Alguien me presta una escalera?

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Carta a los confundidos

>> lunes, 21 de junio de 2010

“Queremos un mundo donde quepan muchos mundos”


Subcomandante Insurgente Marcos.


Nos dicen que la familia está amenazada. ¿La familia de quién?

Nos dicen que carece de toda relación con los cultos. ¿Pero quién organiza las marchas en protesta?

Nos dicen que no es discriminación. ¿Pero que diferencia hay entre la heterosuperioridad y la superioridad racial?

Nos dicen que protegen a los niños al impedir el matrimonio igualitario, mal llamado gay porque la reforma de ninguna manera sería excluyente. Pero los críos no tienen nuestros prejuicios.

Tales afirmaciones contradicen todos los estudios científicos serios realizados en los últimos 30 años.

Lo cierto es que ninguno de los argumentos esgrimidos tiene peso suficiente para impedir el avance de los derechos civiles de las minorías. Lo cierto es que la adopción en Argentina no distingue entre sexualidad ni estado civil. Los homosexuales YA pueden adoptar. Al negar esta reforma se niegan derechos básicos a familias de hecho, a familias que existen.

¿Dónde está lo pernicioso en que dos gays o dos lesbianas eduquen a un chico?

Suelen dar dos respuestas:

1- El niño será homosexual. Les preguntamos: ¿Y qué? Al decir tal cosa sólo demuestran su prejuicio. ¿Qué les hace creer que un heterosexual es superior a un homosexual? Recuerdan al Klu Klux Klan, señores dinosaurios. La especie no se extinguirá, ¿o es que si la ley se aprueba ustedes dejarán de ser heterosexuales y ya no tendrán hijos? Y aunque ocurriera, aunque todos nos hiciéramos gays (cosa imposible, por cierto) existen medios técnicos que posibilitarían la continua procreación. La especie no va a extinguirse.

2- El niño será discriminado en la escuela. A ver si se enteran que en la escuela te discriminan por ser muy flaco, o gordo, o hijo de un recolector de basura. La crueldad no es algo raro en la infancia. Pero los responsables somos nosotros, los adultos, que inculcamos el prejuicio. Al utilizar este pueril argumento sólo queda en claro que, dadas las circunstancias, ustedes discriminarían a un chico por ser adoptado por una pareja homosexual. Y es lo que transmiten a sus hijos.

Ahora cierto lobby en la ciudad de Paraná planea una marcha por “la familia única”, integrada por “papá, mamá y el chico”. ¡Qué atroz es la carencia de imaginación de los estultos!

¿No conocen personas viudas o divorciadas que educan de modo magistral a sus descendientes? ¿No conocen familias de chicos huérfanos dónde los mayores se han hecho cargo de los menores? ¿No conocen familias conformadas por dos personas, sin hijos?

Admitanlo, defienden la visión de un mundo como ustedes quieren que sea, con su familia por modelo. Es una actitud fascista. “Las cosas como yo quiero y nada para el resto, amalgamate o morite”.

Igualdad. Libertad. Fraternidad. ¿Les suena? No, claro que no, los ideales de 1789 no significan nada. Ustedes prefieren el triste “Cree, obedece, lucha” de Mussolini. Ni creo en ustedes, ni les obedezco ni pienso luchar por su causa.

Les retuerce el estómago ver todo esto. A nadie le importa ya lo que ustedes crean, no somos esclavos del capricho de los conservadores, no vivimos condicionados por las apariencias, no nos tragamos sus mentiras ni les somos funcionales. Ustedes, señores dinosaurios, son irrelevantes.

El problema es que muchos han caído en sus ardides. Muchos aún ponen veneno en la comida de sus hijos y luego les dicen que el veneno es bueno. La eterna historia de los prejuicios.

Nos han mandado a matar y a morir en sus guerras, con los símbolos, con la cruz del carpintero y el trapo albiceleste, nos han manipulado. Mientras tanto los generales cobran jubilaciones de privilegio sin haber expuesto su vida NUNCA.

Les duele que no seamos sus esclavos. Les duele que las minorías tengamos pensamiento crítico y veamos lo que es, no lo que ustedes nos muestran desde sus medios de (des)información, les duele saber que todo lo que sus abuelos dijeron era mentira.

El mundo no les pertenece. Queremos cambiar la realidad, no expulsarlos. Lo que queremos es lo mismo que reclamó Marcos:

Un mundo donde quepan muchos mundos. Todos podemos coexistir, pero nos cuesta respetarlos cuando le niegan la libertad a otros.

Esta es una causa histórica. Como fue en su día del pueblo judío, como fue en su día de los afroamericanos en USA, como fue en su día de los republicanos en España, como fue en su día de las mujeres en cada rincón de occidente.

No soy judío, ni afroamericano, ni republicano, ni mujer. Ni homosexual. Pero me sumo a la causa en defensa de la idea.

Cuando te sumás al otro bando sos como un nazi alegre por ver judíos en guetos. Sos como los admiradores del Klu Klux Klan. Sos como los misóginos que querían impedir que las mujeres votaran. Sos como los fascistas ejecutando republicanos tras la Guerra Civil Española.

Si no querés ser como ellos no asistas a las marchas en protesta. Aunque te pongan falta en la escuela, aunque el sacerdote se enoje, aunque tu papá te rete, aunque tus amigos vayan. Si el mundo aún es una mierda tras tantos intentos de cambiarlo es porque siempre hubo enemigos... e indiferentes. Es tiempo de elegir un bando. Si no vas a ayudarnos en esta empresa, al menos no le seas funcional a los dinosaurios.

Somos muchos los heterosexuales que rechazamos la homofobia y hacemos nuestra una causa ajena. ¿Por qué? Como dijo Emma Goldman:

“A los osados pertenece el futuro”.


Las próximas generaciones recordarán a los homofobicos como hoy recordamos a los racistas, a los antisemitas y a los misóginos.

Salud y libertad.

Diego Nieto | Heterosexual, ¿y qué?

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Carta Abierta A Los Dueños Del Mundo

>> sábado, 16 de enero de 2010

CARTA ABIERTA A LOS DUEÑOS DEL MUNDO


1. Historia


Imagino que no serán ajenos a lo que ocurre en sus propiedades. Sabrán que sus acciones en La Tierra S.A. han experimentado una ligera baja en el mercado galáctico. Por si sus sesudos empleados no han sido claros a la hora de explicárselos, esto se debe a un fenómeno llamado terremoto en el área de explotación humana conocida como Haití.

Sus antepasados, señores inversores, han utilizado en demasía estas tierras. Han abusado de los recursos y de la población.

Por si tienen algo de amnesia (selectiva) en este momento les recordaré un par de episodios históricos que, cuando menos, debieran interesarles, ya que forman parte de la esencia de su estirpe.

En 1825 Carlos X, último rey absoluto de la Galia, impuso a su antigua colonia -Haití- una deuda. ¿Por qué? Cabreos del hombre blanco (lo digo con vergüenza por el color de mi piel, luego iré a fustigarme con un látigo durante unas cuantas horas). La deuda debía ser una indemnización para con los colonos. De no aceptar, Francia iniciaría un bloqueo naval seguido de una invasión.

Como es lógico, Haití capituló. La recién dada a luz república, el primer caso en el mundo donde los esclavos se revelaron contra sus amos, tuvo que aceptar no sólo la pérdida de la dignidad medio conquistada, sino también la pérdida de los pocos recursos económicos de los que disponían.

La suma era de 150 millones de francos-oro. En términos actuales, sería el equivalente a imponer una deuda de 23.000 millones de dólares a Bosnia-Herzegovina; a un país que está en un apenas inaugurado período de post-guerra. A un país que NO RECIBIÓ BENEFICIO ALGUNO POR PARTE DE SUS ACREEDORES. Al contrario. Muy al contrario. Se los invadió durante la conquista del continente. Francia mató a los hombres, violó a las mujeres, llevó las desconocidas enfermedades del hombre blanco y los vio como bestias. Y como tal los trató.

Tiempo después, en 1915, la opresión vino por parte de USA. Los Marines ocuparon el país bajo la excusa de siempre: inestabilidad política. Como verán, señores propietarios, ni siquiera son originales a la hora de justificarse. Pero eso lo analizaremos en otro momento.

Entre otras cosas, la ocupación sirvió para formar una milicia auxiliar haitiana, de corte fascista. En 1934 el país fue desocupado. No obstante, la milicia, bautizada Ejército Regular, permaneció. También permaneció, claro, el control de USA sobre las aduanas hasta 1945. Así se estableció una tasa impositiva sobre el café exportable que repercutía ¡en los campesinos!

La otrora milicia sirvió durante décadas para mantener al mando dictaduras. En 1957 François Duvalier fue electo presidente. Gobernó con puño de hierro y con... ayuda financiera de USA. En 1964 se proclamó presidente vitalicio. En 1971 su hijo, Jean-Claude Duvalier, lo sucedió en el... trono. ¿O tengo que llamarle de otro modo? Si eso no era una monarquía, que me devuelvan al secundario y me expliquen una vez más las características de los sistemas de sometimiento, también llamados formas de gobierno, porque no debo haber entendido.

¿Por qué en esa ocasión USA, paladín nuestro que está en el norte, no hizo nada? Entre los abusos de los Duvalier está el desvío de unos 900 millones de dólares a cuentas numeradas suizas. Este dinero jamás fue devuelto a los haitianos. ¿Y por qué nadie dijo nada?
En 2008 Haití tenía 1885 millones de euros en deuda externa bruta. De este monto 430 millones corresponden sólo a los intereses.

Señores propietarios, ¿no les huele mal?

Los niños nacen con una deuda. Y yo les pregunto: ¿Cómo se puede contraer una deuda económica en el útero? No se admiten respuestas del tipo “esconden armas de destrucción masiva” o “no hay estabilidad política” y mucho menos “¡es en nombre de la libertad!”.


2. Abuso


Analizados algunos factores históricos que condicionan a Haití, pasemos al siguiente asunto. El FMI. El FMI, su agencia de recursos globales, ha tenido la loable actitud de solidarizarse con el pueblo haitiano tras la tragedia natural. Dominique Strauss Kahn, presidente de dicha entidad, anunció su intención de desbloquear 100 millones de dólares para ayudar a los damnificados. Así lo informó el 15 de enero (escribo esto a las 4 AM del 16 de enero, hora Argentina) el periodista español Andrés Pérez, corresponsal en el Caribe. Claro que el señor Kahn olvidó comentar un pequeño detalle que el señor Pérez, por fortuna, sí notó: el dinero NO ES UNA AYUDA. No es una donación. Es una “facilidad ampliada de crédito”. Lo cual significa, señores Dueños del La Tierra S.A., que cada centavo debe ser devuelto, con interés, a la Funesta Mancomunión Irónica, mejor conocida como Fondo Monetario Internacional.

¿Es ayuda utilizar un desastre natural para obligar a un país en ruinas a hundirse más en una deuda artificial?

A mí me suena a abuso. No veo en esta actitud más que una encarnación metafísica de el potro, el torno, el despellejamiento de la inquisición sumados a los más recientes “submarino”, picana y “tortura a la argentina” (léase violar a la mujer, embarazarla, permitir los nueve meses de gestación, asistir el parto, entregar a las derechas y humanas fuerzas militares el niño y volarle la cabeza de un tiro a la víctima. O en su defecto arrojarla a algún río desde un avión).

Esto es obsceno. Haití no puede más que aceptar. De otro modo, no podrá atender a sus heridos, reconstruir el país, restituir los servicios. ¡Ni siquiera podrá enterrar en paz a sus muertos!

Pero se aprovechan de todas formas. Sí. Los alimenta el poder. ¿Y quién saldrá a las calles a luchar contra las injusticias, contra el mal revelado en el sistema monetario, si el comunismo mostró su verdadero rostro de predador autoritario y genocida en la persona de Joseph Stalin? ¿y quién tomará las armas para cambiar el mundo, si los más nobles hombres fueron asesinados por los fascistas, si la guerra se perdió allá en 1939, cuando, pese a tanto cartel que rezaba “¡NO PASARÁN!”, Franco entró a Madrid, triunfal, pisoteando la sangre de tanto valiente anarquista que peleó por la libertad?

Sólo nos queda el Rock & Roll, caballeros. Sólo nos queda la insolencia de nuestra juventud, sólo nos queda el puño en alto, la protesta, la barricada emocional que consiste en apagar los televisores y gritar, a viva voz, ¡HIJOS DE PUTA!



3. Voces


Mientras tanto el mundo habla de alguna súper producción de Hollywood, otra división de su empresa, señores accionistas. Aunque hay excepciones, claro. Por ejemplo, José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, una ciudad española, dijo: “Lamentamos muchísimo lo de Haití pero igual deberíamos, además poner toda nuestra solidaridad y recursos económicos con esos pobres, llorar por nosotros y por nuestra pobre situación espiritual. Quizá es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes están sufriendo". La Puta de Babilonia, como llamaron sus correligionarios albigenses a la institución católica, está herida. Miles de muertos no son nada comparados con millones de apóstatas, al parecer. Y sí... los cadáveres no dejan ni siquiera una mísera moneda cuando los sufridos sacerdotes piden limosna. Los atiende mal el banco del Vaticano. Munilla quiso justificarse luego. Dijo algo así como que somos todos pecadores, y por ende nos vamos a ir al infierno, a causa de la existencia de países ricos. Parece que este hombre acaba de enterarse que los imperios obtienen un alto nivel de vida a causa del saqueo de otras culturas.

Otro religioso que habló al respecto fue el ex candidato a presidente de USA, Pat Robertson, quien afirma que el país está maldito. Sí, sí. En el área de desarrollo teocrático de La Tierra S.A. trabajan horas extras a diario. En su programa The 700 Club, emitido por la CBN, este sujeto afirmó que todo se debe a un pacto con el diablo. Palabras textuales de Robertson: "Le dijeron, te serviremos si nos libras de los franceses. Y así fue, el demonio les dijo, ok, trato hecho".

Pero el evangelista no se quedó ahí. Para nada. Según él, la guerra, el terremoto y cuatro huracanes son culpa del diablo. Ni más ni menos.

¿No están enojados? Digo. Huracanes y terremoto, vaya y pase, son fenómenos naturales. ¿Pero las guerras?

Les roba el crédito para dárselos al villano de un best-seller. ¡Todos sabemos que ustedes, los dueños del mundo, son propietarios de las fábricas de armas!

Aún así, esto ni siquiera es lo peor que se pudo ver en las últimas horas. En otros lugares la gente también muere. Un ejemplo es un tal Juan Ignacio Balada Llabrés. Un millonario. En su testamento dejó como herencia su fortuna a Felipe y Letizia, los príncipes de Asturias. Claro, pueden decirme que si quiere está en su derecho. Que este hombre falleció antes que el terremoto golpeara Haití. Pueden recordarme que el dinero no es sólo para los príncipes, sino también para los ocho nietos de los reyes y que un 50% del capital se debe usar, según el testamento, para constituir una fundación de interés general.

Y yo les digo que antes del terremoto Haití ya tenía gente sumida en la miseria. Que siempre hubo personas que mueren de hambre. Que hay quienes viven en la basura, sin casa ni cobijo alguno, en todas las metrópolis del mundo. Pero, claro, es el capitalismo. El dueño hace lo que se le canta.

Ustedes, señores accionistas, lo saben bien. Día a día hacen lo que quieren con el mundo, su propiedad.

¿Pero no les parece la peor pornografía lo que les cuento? La peor pornografía, es por supuesto, aquella que pretende excitar pero no calienta ni a una ninfómana. ¿O será que tal despliegue de indiferencia ante las tragedias humanas excita a algunos? ¿ustedes no se masturbarán al despilfarrar recursos mientras miran por TV como miles de vidas se pierden en la nada, verdad?

Es una burla lo que hizo Balada Llabrés, señores propietarios. El capital no puede llegar jamás a manos del pueblo. Mucho menos el pueblo español, que aún tiene esa malvada CNT que organizó las milicias para la batalla contra los fascistas; esa CNT que resiste, que lucha, que no se rinde, que aún es anarquista.

Podrán estar conformes con el funcionamiento de La Tierra S.A. A fin de cuentas, la ideología corporativa ha sido asimilada en su totalidad por cada uno de sus empleados. No obstante debo decirles que su imagen se deteriora ante sus clientes. Oh, sí. ¿Ya lo habían olvidado? Sin clientes, no hay dinero.

Claro, claro, ustedes tienen el monopolio del área de los planetas con vida inteligente. Que tonto, olvidé que no puedo irme a otra galaxia.


4. De|Construir


Dijo una mujer haitiana: “Por todas partes hay un agua verdosa y maloliente. Los mosquitos nos devoran. Mi hijo de cuatro años tiene bronquitis, malaria y ahora parece que también tifus. El médico dice que si no lo cuido lo perderé.”

¿Impactante? Bueno, espero que más les impacte saber que el testimonio no es de las últimas horas. Lo tomó el historiador y activista político Mike Davis en su libro Planeta de Ciudades Miseria.

Así estaban las cosas hace tres años. Ahora no hay nada. El estado cayó junto a sus edificios. Desde el martes el presidente, René García Préval, no ha podido cambiarse la ropa. Hasta el día 14 de enero no tuvo teléfono. Pocos políticos sobrevivieron al colapso de las estructuras. Los siete ministerios y el Palacio Presidencial fueron destruidos. No hay ley. O, al menos, no hay lo que ustedes, señores inversores, entienden por ley. Quizás exista alguna otra cosa. Yo miro al caribe y veo dos puertas abiertas. Una de regreso al infierno, simple y tempestuosa. Otra, a Shangri-La, compleja y tempestuosa, pero gratificante.

Es curioso que el país más pobre de América tuviera un presidente que pretendía ser de izquierda, que tenía mala relación con las multinacionales, que prometía ayudar a los pobres, sufra semejante horror de la naturaleza...

¿Naturaleza?

Me llamarían paranoico si dijera que han desarrollado un arma de destrucción masiva capaz de manipular a su antojo las placas tectónicas. Pero sean cuidadosos. Porque soy un paranoico. Y un paranoico no es más que aquel que conoce todos los hechos.

Pero volvamos a lo que se ve cuando miramos hacia el caribe. Volvamos a esa parte donde afirmamos que no hay ley ni estado; no hay ejército ni policía. Hay anarquía. ¿Anarquía?

Señores dueños del mundo, imaginaba que personas como ustedes serían más cultas. Anarquía significa sin líderes, no sin orden. Es horizontalidad, respeto por el ser humano, libertad, cooperación. La verdadera anarquía es lo mejor que podría ocurrir en Haití.

Y acá tenemos un problema. Es verdad que ustedes tienen el monopolio de los planetas con vida inteligente, como señalé antes. Pero también es verdad que nos encontramos en un momento único de la historia. Ahora que Gaia, la tierra, derrocó el estado, la gente puede tomar las riendas de su propio futuro. Se puede abolir de una vez y para siempre la tiranía. No más presiones económicas. Autogestión. En otras palabras, y para que comprendan, les advierto que, dadas las circunstancias, la fábrica conocida por ustedes como Haití puede ser expropiada por los obreros.

Les recuerdo que la clase obrera no teme a las ruinas. Hemos levantado todas y cada una de las ciudades del mundo. Cada calle, cada casa, cada poste telefónico, cada conexión a internet, cada vehículo, cada tenedor es obra nuestra. No suya. Nuestra. Si lo hicimos antes podemos volver a hacerlo. ¿Por qué, entonces, temeríamos a las ruinas?

No los necesitamos. Y puede que toda esta muerte sirva para mostrar eso. Que ustedes sólo se nutren de nosotros. Que ustedes son inservibles. Han sido contumaces, señores. Y lo han sido durante demasiado tiempo. Nos subestimaron desde el alba de la especie. Pero eso puede cambiar. Ahora mismo, puede cambiar. Las ciudades se construyen con ladrillos y cemento, no con papel. Y el dinero no es más que papel. Ustedes tienen los billetes. Pero nosotros necesitamos los recursos. Y acá, en nuestro ruego de rodillas, les decimos que guarden sus monedas. Porque queremos cambio.


5. Propuesta


¿Cómo dicen, señores dueños del mundo? ¿quieren mi ayuda? ¿quieren que yo les diga cómo salvar su capital para que no sea expropiado?

No les diré nada que no sepan. Envíen a Haití todo el material necesario para construir edificios nuevos. Gratis. Nada de préstamos ni intereses. Por una vez en sus vidas sean solidarios. Y anulen esa deuda externa. Olvídenla.

Deben asegurarse que en Haití no sólo todo vuelva a funcionar, sino que el país tenga servicio médico y educativo gratuito en perfectas condiciones. Deben establecer fondos para que cada ciudadano pueda comenzar de nuevo su vida. Debe haber empleo para todos. Con salarios dignos. Donen cada centavo.

Hay que acabar con los basurales tomados como viviendas... ¡No, señores accionistas, no hay que enviar tropas a fusilar! Hay que construir hogares dignos y darlos a la gente. No, no, ustedes no pueden fusilar a nadie por tomar la basura aunque la empresa recolectora sea de su propiedad.

Miren. No pueden lucrar con esto. Ni ustedes ni sus hijos. En especial el tuyo, sí, te lo digo a vos, R. Tu hijo es el más pelotudo de todos. Lo escuché en una entrevista que le hizo Alex Jones, dijo que Marte está más cerca del sol que La Tierra S.A. Sí, así de pelotudo es tu hijo. No, no podés fusilarlo por eso. No te deprimás, viejo, si acá en Argentina tuvimos un presidente que afirmó haber leído todos los libros de Sócrates. ¿Qué? ¿tu hijo también dice que los leyó? No me sorprende. Sí, sí, ya sé que Peter Joseph dejó al desnudo sus planes. Sí, ya sé que querés fusilarlo por esto. ¡No, la medalla esa que te dieron no es un arma, tarado!

¡Bah! ¡Me frustré! Hagan lo que quieran. Ya los ayudé demasiado.

Sin ninguna atención y con mucho desprecio y deseos de una muerte dolorosa por sida, cáncer o sarna:

Diego Nieto | Maldito Lobo
Planeta Tierra, 16 de enero de 2010.
www.unamaldicion.com.ar


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Esta carta será traducida a varios idiomas. Se pide que, por favor, la difundan. Queremos que recorra el mundo. Queremos que la voz del pueblo sea oída.

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Gárgola

>> viernes, 19 de junio de 2009



Estoy de pie frente a la iglesia. Subo. Estúpida gravedad, cuan poco valés en el mundo real (este es el real, el otro es la fantasía, donde los malos ganan, donde yo nunca aprendí a volar). ¡Ya estoy acá!

¿Y bien?

-Soñarás-me dice.

-Eso es todo lo que hago.

-¿Seguro?

-Claro. ¿Vas a contarme otra historia?

-¿Es lo que deseas?

-Es lo único que hacemos, vos y yo. Narrás tus historias mientras te escucho. Creo que es mi único motivo para venir.

-Te contaré una historia, la historia de un guerrero y una bruja...

-Sé esa. No me gusta.

-¿La viviste?

-En parte. Yo no terminé muerto, por ejemplo.

-Diferencias...

-Similitudes...

-Hay muchos guerreros ahí afuera, Lobo, y muchas brujas.

-Conozco varias...

-De eso se trata.

-¿Conocer brujas?

-Sí. Así sabrás cuando una no lo sea.

Miro la luna. Estúpida gárgola, tiene razón. A la luz de las ideas, el latir de un corazón solitario -¿el mío?- dice, de modo arcano e indescifrable, lo que debo hacer.

Lástima que no creo en el deber. Lástima que aunque creyera no comprendo el mensaje.

-¿Ya te vas?-pregunta tras su rocosa expresión.

-Están llamándome.

-Otra vez, la soledad espera por vos.

-C'est la vie.

-Siempre te dicen que no hablés así.

-¿Importa?

-A veces.

Salto al vacío -del modo más literal posible- y emprendo el vuelo nocturno a través de una oscura Ciudad de las Luces. París duerme. A veces creo que soy el único tipo despierto.

En lo alto me cruzo otra viajera. Se nota que tiene una impresión muy peculiar sobre sí misma. Su cabellera es una llama enorme iluminando el espacio que deja atrás.

Nos detenemos. No habla. No hablo. Pero esa mirada la conozco.

¿Fue acá? Sí... fue poco antes de la toma... esos ojos... esas llamas... ja! ella debe ser A Fire Inside y yo... The Burning Man?

Fue hace tiempo. Creo que seguiré siendo Lobo. Luz. Demasiada luz.

Un grito. Esa voz. Todo en las alturas se desvanece. Lo último que veo es el espectral fulgor que emana de su cuerpo desnudo, acá, en la cima del mundo.

-¡Mirá el huevo que me dieron!-dice mi sobrino, despertándome.

Y caigo en la vigilia, donde todo es aburrido, donde ganan los malos, donde nunca aprendí a volar. Debería prestar más atención a las gárgolas. Dicen cosas mundanas pero interesantes. Y ella... ¿quién es ella?

Volveré pronto. Debo saber.

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Coraza




Redeem me into childhood
Show me myself without the shell
Like the advent of May
I'll be there when you say
Time to never hold our love

Holopainen - Ghost Love Score




...y cuando terminé, contemplé con frío recelo el reluciente metal. Palpé con cuidado los cayos en mis manos. Valió la pena tanto esfuerzo para forjar ESTO.



Sin miedo, pero un tanto excitado, decidí probarla.



Me puse las hombreras y los guantes, luego las perneras y el peto. Por último el yelmo.



Con la pesada armadura protegiéndome abrí la puerta y salí al mundo. Me paré frente a los enemigos de siempre y grité a viva a voz:



-¡Vamos, cobardes, ataquen de una buena vez!



Y llovieron las piedras y los palos, los golpes y las risas.



Me sentía inmune. Era inmune, en buena medida.



Tras mis sólidas defensas los contemplé y supe que su odio no podría dañarme ya nunca más. Sonreí, victorioso, ante quienes en el pasado abrieron tantas heridas en mi piel para divertirse; para liberar sus propios demonios.



Venganza.



Sus huesos eran míos. Uno a uno fui por ellos. Me lastimaban, pero no sentía dolor alguno. Y estuvo bien, por un tiempo.



En la intimidad, en las noches más silenciosas, pulía mi brillante obra con materiales que fueron concebidos en otras realidades y traídas a estas por grandes Magos y Chamánes. Milton, Blake, Kundera y tantos otros.



Mi marca de Caín no podría ser más efectiva.



Hasta que un día, mientras vagaba sin rumbo, la vi sentada bajo un árbol.



Me acerqué lentamente. Ella me sonrió. Dijo algo. Respondí. Conversamos durante largas horas, hasta que tuvo que marchar. Y me quedé solo bajo el roble, meditando.



Al día siguiente volví a verla en el mismo lugar. Volví a acercarme. Volvió a sonreírme. Volvimos a hablar.



Repetimos esto durante varias semanas.



Un día entre los días me di cuenta que no necesitaba la armadura. Ella no quería dañarme. Pero estaba tan acostumbrado a la protección, que temí quitármela. Fue entonces cuando sentí un dolor nuevo. Algo por completo desconocido.



No podía ser tocado. Y era todo cuanto quería. Quise llorar, pero ya había olvidado como hacerlo. Y en silencio, cargué mis penas. Y la coraza fue más pesada. Y el mundo más oscuro.



No volví a visitar aquel árbol. Alguna vez la vi de la mano de un tipo. No me reconoció. No es para menos, somos tantos los que deambulamos por la vida ocultos tras nuestras armaduras, que sería como distinguir dos gotas de agua.



Me retiré a la cima de la montaña y permanecí ahí, en soledad, durante diez largos años.



Una noche en la que pulía mi armadura apareció un hombre. Era joven y robusto. Me saludó. Lo saludé. Le pregunté que hacía en un lugar tan lejano del mundo.



-Vine a desafiarte a un combate-me dijo, sin expresión alguna en el rostro.



Me sonreí. No quería luchar, pero nunca antes había rechazado una pelea.



-¿Cuales serán tus armas?-pregunté.



-No las necesito-murmuró.



Me encogí de hombros y corrí hacia él. Pensaba golpearlo un poco y dejar que se fuera, para que no perturbase mi paz nuevamente en el futuro.



Al llegar a él sentí su pierna trabando las mías y el filo de una de sus manos golpeando la parte posterior de mi yelmo, a la altura del cuello.



Caí y rodé unos cuantos metros. Me puse de pie y ataqué nuevamente. Él repitió la operación. Al erguirme por segunda vez noté que había perdido ambos guantes. Me enfurecí y quise acabar todo con un golpe limpio a su pecho.



Para mi sorpresa, el desconocido se arrojó al suelo, de espaldas, antes de que pudiera tocarlo. Mientras lo hacía, tomó mis brazos y depositó una de sus piernas en mi peto, arrojándome nuevamente. Ese movimiento hirió más que mi orgullo. Comencé a preocuparme. Esto no debiera suceder nunca. La armadura era perfecta.



A la siguiente embestida él usó el piso de nuevo, pero esta vez sus piernas se enredaron con las mías. No sé si logré golpearlo, pero sí es verdad que caí sobre una roca. Y perdí mis perneras. No tuve tiempo de reaccionar, sentí una fuerza descomunal tomándome y azotándome contra la roca repetidas veces.



Cuando se detuvo me paré y vi como lo que quedaba de mi peto se caía a pedazos. Sólo me quedaba el yelmo. Me senté en el suelo y me lo quité.



-Ganaste, desconocido-le dije, ofreciéndole el cuello-mi vida te pertenece ahora.



Él se sentó a mi lado.



-No-me dijo-ahora tu vida te pertenece a vos de nuevo. Ya no es propiedad de los anhelos de venganza.



Me fui de la montaña a la mañana siguiente. El desconocido se internó aún más en aquellas zonas olvidadas del hombre.



Visité cierto árbol que conocía. Había una chica leyendo. Me senté junto a ella y dejé que me mostrara el mundo sin la coraza.



Duele. Pero puedo sentir su mano tomando la mía. Y eso es todo lo que me importa.

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Llueve


Llueve sobre la ciudad que nació por cesárea. En lo alto, en furiosa caída, interminables hordas de Lágrimas De Ángeles descienden en plan kamikaze sobre los desprevenidos hombres y mujeres que pueblan la zona.



Respira el infierno, aliviado, y las ovejas agradecen a sus Dioses-Pastores la húmeda caricia que llega del cielo. Un trueno. El rayo. ¿Quién arderá?



Salgo a la calle y choco mi rostro con el fresco aire. Camino en silencio, acompañando el constante repiquetear del agua que impacta contra el suelo y los vehículos, contra los techos y las chimeneas.



El viento silva en las copas de los árboles. Un coro para el canto de los gorriones y un guiño para la paz de mi corazón.



Voy empapándome de Mundo mientras el paisaje se niega a cambiar ante mí. No hay tiempo. Nunca lo hubo, me digo a mí mismo mientras, ingenuamente, trato de cobijarme cerca de las paredes, sólo para encender un cigarrillo.



Unos cuantos metros al norte una rubia trata de refugiarse en una parada de colectivo. La garita está deshecha, no es ninguna protección. Lo sé bien. En mis adolescentes noches de vandalismo sin sentido fueron mis nudillos los que destrozaron buena parte de la pobre estructura.



Y avanzo sin pausa hacia otros espacios, hacia otros mudos testigos de historias que antaño olvidé y hoy, sin saber por qué, poco a poco recupero.



Llueve sobre las parejas que huyen buscando un lecho que desordenar y sobre los pájaros que descansan en sus nidos, llueve sobre los niños que juegan en los charcos y sobre los ancianos sin relojes ni prisas, llueve sobre las mujeres despechadas y sobre los hombres solitarios.



Llueve en la ciudad desnuda. Llueve sobre la catedral y la Casa Gris, llueve sobre las plazas y los parques, sobre los pseudo-rascacielos y los cementerios, llueve sobre las villas y los barrios exclusivos. Llueve y la lluvia limpia esos pecados inconfesos, manifiestos en olas de calor, en temperaturas endiabladas, en sofocante ansiedad, en desesperación de vejez.



¿Será que algún Dios nos está perdonando por lo que hicieron los congéneres?



No sea ingenuo, aparcero, ya se sabe: “el infierno es la mirada de los otros”.



Se muere por nada y se vive por menos. Pero ahora mismo Gaia nos da un descanso, algo mínimo pero verídico. El último cigarro del condenado; el fin de semana del alienado.



Y bajo la lluvia, entre el barro y las cloacas desbordadas, sonreímos. Nos olvidamos de aquel miedo, de eso de parar el mundo; se nos fueron las ganas de bajar.



Todo es idílico por diez minutos. Mañana arderemos de nuevo. Lo que reconforta es que el verano, como todo argentino, se quedará, le irá mal y marchitará; le llegará el otoño y terminará siendo invierno. Entonces podremos quejarnos del frío a las seis AM.



Mientras tanto, llueve.

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Alquimia

NOTA: Escribí esto en 2006. Sigo sin madurar.

Transferencia de datos, información en estado puro, viajando en código binario a través de redes interminables constituidas con fibra óptica y señales satelitales. Es el signo de una era, llegó para quedarse, al menos por un tiempo. Es la era de la net. Y casi todo el mundo es una víctima. Sinuosa Generación.com

Babilonia sonríe. En un dejo de estupidez suburbana los flogs atacan a la poesía con sus míseros lugares comunes. MSN apuñala a Word por la espalda y William no puede estar más feliz. Millones de necios copian y pegan en sus “páginas personales” cuentitos y moralejas que pululan en la Comarca Virtual, infectando mentes jóvenes e impresionables, dando la impresión de que ha muerto la obra de autor.

Las Criaturas Del Vacío se fortalecen, los lobos aúllan a la nada, incluso la luna ha sido profanada. Y ahí, en medio del mundo donde los rostros sólo existen exánimes digitalizados en 300 dpi, se alzan, rebeldes, los últimos (o primeros, según a quien le preguntés) Terroristas Digitales. La libertad, su estandarte, la curiosidad, su pecado, las ganas de no pagar ni cobrar por su trabajo, su esencia. Undernet lo sabe. Y otros pocos, lo intuyen.

De la gloriosa obra de Sabato a la inmundicia de Coello, del brillante Sandman a los inconsistentes Mangas japoneses, del pop de Britney a la alquimia de Deep Purple. Todo está ahí, al alcance de tu mano. Internet es el medio de comunicación y la herramienta. Existen miles, millones de recursos, pero se encuentran perdidos entre páginas porno y fotologs, entre mails cadena y pop-ups. Babilonia sonríe.

Todos existen. Nadie existe. ¿Qué es real en la red?

Anonimatos que sólo le son útiles a unos pocos. Valientes legendarios en foros de vacua discusión. Dioses de canales de chat, los mismos que no se atrevieron a invitar a tu ex a salir a causa de una brutal inseguridad, la interacción con un mínimo de acción. Conocer gente que jamás se verá. Hablar de la vida privada del otro. Competir para saber quien tiene más contactos en su agenda. Promesas de sexo jamás puestas de manifiesto. Mierda.

¿Y qué hay de aquellos que están solos? ¿Si no tuvieran la bendita red, no tendrían a nadie? Mentira. Vulgar mentira. Si no tuvieran la red, saldrían a la calle, al mundo real. Se sentarían a charlar con alguien en un bar, sin importar su miedo atroz hacia las pocas criaturas de la noche que aún resistimos. Saldrían, porque tienen más miedo a la soledad que a cualquier otra cosa. Y además, estar solos no les haría daño, ¿verdad? La mayor parte de los seres humanos no sólo no sabe estar a solas, sino que desconoce, por completo, lo que es la soledad misma. Créanme, es algo que conozco como la palma de mi mano. Algo que abracé hace años. Y no ha hecho más que convertirme en un ser más fuerte cada noche.

Mientras unos buscan masturbarse viendo los plásticos pechos de algún travesti europeo a través de su webcam, otros leemos la obra de Sartre; mientras unos bajan famosos cortes publicitarios de TV, otros nos apropiamos de los poderosos riffs de Tony; mientras unos pierden el tiempo degradando la comunicación en salas de chat de sus ciudades, otros acercamos a millones de personas grandes obras que por mezquindad de viejos Mercaderes han sido truncadas; mientras unos exponen sus trilladas historias cotidianas, otros hacemos páginas como esta, con el mismo sentido, con la misma frialdad, con la misma conciencia de que sólo unos pocos leerán nuestras palabras.

Entonces, se preguntarán ustedes, amigos míos, ¿cuál es la diferencia entre unos y otros? No estoy seguro, sinceramente, de cual sea la respuesta, así que les diré cual es la similitud: ambos, unos y otros, consideran que su accionar es el único válido y que los otros son unos idiotas descerebrados. Al final, creo que nadie tiene la razón.

Me declaro un idiota descerebrado, incompetente, y poco práctico. Mis palabras no son válidas.

Me imagino que es la única afirmación inobjetable. Babilonia puede seguir sonriendo, William puede seguir feliz, Las Criaturas Del Vacío y Las Divinidades Del Pozo pueden seguir partiéndose de la risa al observarme. Al fin y al cabo, tras cada memorable paliza recibida, la decisión siempre ha sido la misma. Dolorido y cansado, erguirme nuevamente y caminar con rumbo a la próxima batalla. Después de todo, ¿qué tengo que temer? Desde los cazadores cro-magnon a las desquiciadas cortes medievales, pasando por los nazis y los criadores de ganado, todos aquellos que han intentado erradicarnos han fallado monumentalmente.

Algún día, las redes caerán. Los lobos, prevaleceremos.

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Magia

>> viernes, 23 de enero de 2009





La magia no es irreal, señores. En la odisea de sobreinformación actual hemos perdido el norte.

En Francia, en el buen año de 1789, se trató, entre otras cosas, de eliminar la superstición en todas sus formas. Esto fue un error.

Y de eso se trata todo esto: un error... de concepto.

La magia está en las palabras. Y no en un mero "abracadabra". El término inglés SPELL significa hechizo, pero también deletrear. Y ahí está el punto álgido del embrollo.

¿Qué es una cristiana y ortodoxa plegaria si no un ritual por el cual se busca generr un acto mágico, como por ejemplo devolverle la salud a alguien que padece una enfermedad terminal?

Los católicos tendrán mil objeciones, pero en esencia es eso.

Los fieles de todos los cultos expresan siempre una idea en común: sólo funciona si hay fe.

No importa si están hablando de un gualicho o de un exorcismo, siempre citan la fe como el combustible de la maquinaria que están poniendo en marcha.

Ellos tienen que creer en lo que estan haciendo. Una idea que puede llevarse a casi cualquier experiencia humana con resultados similares, sino idénticos.

Los Magos, chamanes, hechiceros, brujos y sacerdotes fueron quienes por medio del uso de los simbolos lograron algún tipo de transformación.

¿Saben quienes hacen eso hoy en día?

Los artistas. Los de verdad. No piensen en las estrellas que hollywood fabrica cada 10 minutos ni en los pequeños domadores de cuerdas que ocasionalmente componen un tema para su grupo de amigos; esos son imitadores.

Hablo de los grandes testigos de la experiencia humana. Tipos que combinan sonidos, colores o palabras, que comprenden el significado hierático y oculto de sus herramientas, y las utilizan para generar una transformación a nivel personal. Sea o no su persona la que experimenta el cambio.

Eso es magia. Y si bien no es tangible, sabés bien que está ahí, que sucede a diario.

No soy el mismo tipo desde que leí, hace ya muchos años, La Insoportable Levedad Del Ser.

Supongamos que te doy un libro que se llama Crimen Y Castigo. De vos depende lo que tomás en tus manos.

¿Es medio kilo de papel y un litro de tinta o es el alma torturada de un hombre?

Lo que cuesta admitir es que no todo el mundo puede ser tocado. Quizás sea eso que dijo Sabato: por paradójico que suene, hace falta grandeza para poder admirar.

O tal vez la urgencia de algunas personas por NO SABER. Y lo que es peor: la urgencia de algunas personas por anularse, por desaparecer.

Porque el mayor logro posible a través de la magia es no sólo la transformación de una mismo, sino el conocimiento del YO.

Escribo, en este momento de mi vida, para saber más sobre mí. Y no pasa un día sin que me descubra encontrando una pieza del rompecabezas cuya existencia ignoraba.

Recientemente fui informado sobre un dato que es inevitable nombrar en estas líneas: los mayores científicos aplicados a la física cuantica definen la información como "una sustancia super extraña"; dicen que está en todo el universo y que es fundamental al mismo.

Me atrevo a pensar que la información es más que todo dato recibido por orden empírico y/o racional. Me atrevo a pensar algo más, algo nada original.

Me atrevo a pensar en el poder de las palabras.

Y si alguien cambia un punto de vista por haber leído esto, creo que no existirá prueba mayor de la veracidad de lo que acá se afirma.

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Insomnia





En los nuevos mitos -o reformulación de los viejos, como quieran- he descubierto algo, hasta la fecha, por completo desconocido.

En el centro de todas las realidades se encuentra La Vigilia. Sabemos que La Ciudad Investida En Luces, conocida también como Edén, y Pandemonium, el infierno, exceden el plano de este mundo material. Los nacidos humanos, en general, no pueden visitar estos lugares sino tras su muerte y tienden a ir a uno de estos dos sitios al final de sus vidas, guiados más por un balance de cuanto hicieron a lo largo de sus días que por alguna voluntad externa.

Hay otros planos, mucho más pequeños, que no son sino sombras de lo que fueron las Instancias Finales de antiguas culturas. Valhalla, Hades, Cthulhu, Juncos, Annwn, Mictlan.

Más allá de todos estos planos se encuentra Oniria, la tierra prometida de los soñadores, donde habitan las criaturas de los relatos; los hombres que hicieron historia, y los que las escribieron.

Si vas más lejos -si alguien pudiera ir- encontrarás la Esfera Incandescente, donde todo todo comenzó, donde el universo fue ideado, al principio. Porque al comienzo estaba el verbo.

Acá es donde las cosas cambian. Porque si desde la esfera caminás hacia atrás hasta Oniria y de ahí a la vigilia, pasando por todos los planos antes nombrados hasta llegar a Edén, encontrarás una pared que Yaveh no ve; el único lugar al que da la espalda. Ahí hay una puerta. Quien la cruce llegará a Insomnia.

Insomnia es la refracción de Oniria; es la realidad elevada al cubo. No existe forma de romper la ley de gravedad, ni siquiera los pájaros pueden. El agua es agua. No hay vapores ni hielos. Las transformaciones son inconcebibles.

Todo es desde el principio como siempre fue. Y jamás será otra cosa. Presente contínuo. Inmutable, incólume en su fiera necedad.

Es sin duda alguna el Infierno que Dante olvidó soñar. Es tu infierno y el mío. Es el infierno de los narradores. Porque toda historia se trata del cambio. Porque toda historia es sobre alguien que quiere algo, y en Insomnia los anhelos se esfuman.

Sus moradores cuentan una y otra y otra vez la misma oveja saltando sobre la misma cerca, de un modo mecánico y monstruoso. Lo monotonía es tan fuerte que ya olvidaron para qué lo hacían. Y esta es la mayor de las condenas: querían dormir, pero han perdido incluso el sueño de su paraíso. Ya no son nada.

Hace unas noches vengo teniendo visiones de ese lugar. Es frío sin congelar y cálido sin asfixiar. Es gris y aburrido. No hay nada que hacer. Imaginatelo, toda la eternidad sin hacer absolutamente nada más que intentar dormir.

Este es el infierno: dar vueltas en una cama destendida esperando algo que jamás llegará.

No puedo imaginar un tormento mayor.

[Esto era un fragmento, pero ya no recuerdo de qué]

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Prólogo Al Paraíso

>> domingo, 18 de enero de 2009

NOTA: Este relato carece de toda relación con la novela "Sueña Conmigo", fue escrito antes y no afecta en lo más mínimo la continuidad de tal obra.

Prólogo Al Paraíso -Autor invitado: John Milton-

...y el mundo ardió a nuestro alrededor. En medio de la encrucijada donde agonizaban aún los arcángeles, los esclavos de El Creador, él encendió un cigarrillo ruso y me miró fijo a los ojos.

Él.


El primero de todos nosotros.


La viva materialización de un puñado de voluntades.


El más odiado.


El brillante lucero del alba.

-Dimito, viejo amigo-me dijo, helándome la sangre.


-No llegamos hasta acá para rendirnos.


-No es el punto. Estoy cansado. ¿Cuantos permanecen en pie? ¿Dónde están ahora los que me vieron caer?


¿Que fue de tu ejército sin líderes? La legión fue desintegrada, Soñador. Este es el fin.


-¿Entonces?


-Entonces es hora de emprender el viaje. Consideralo mi retiro permanente. Doná el dinero de mi jubilación a alguna de tus obras de caridad, no me importa. Estás solo ahora, ¿sabes?


-Siempre lo supe.


-Adiós, Soñador. Ten esto, un último auxilio a tu revolución

Mientras el gélido metal se materializaba en mi mano, Lucifer extendió sus alas cubriendo de luz la inmensa oscuridad y se desvaneció en el cielo, rumbo a Venus, rumbo a su hogar.

Miré la espada en mi mano. Una herramienta arcana forjada en el tártaro por monjes ciegos que jamás fueron torturados. Tuvo muchos nombres a lo largo de la historia. Yo le llamé Rencor.

Y avancé caminando sobre la corriente de sangre que tiñó de carmesí la realidad, entre los cadáveres de sus soldados; entre los cadáveres de mis amigos. Quienes dieron su vida no por mí ni por el mundo.

-Esto termina hoy-murmuré, sabiendo que podía oírme.

El templo, otrora orgulloso símbolo del divino poder de El Creador, era apenas una ruina que se resistía al desmoronamiento. La corrupción que habían sembrado en la humanidad se había apropiado de ellos.

Pero ya no había humanidad. Nadie volvería a adorarlos. Yo, el soñador, último de los hombres, me negaba a arrodillarme.

Abrí lo que quedaba de la gran puerta de una patada y avancé hasta la sala del trono.

Lo vi y no me sorprendi. Estaba hundido y demacrado. No era nada. Porque nunca valió nada. Rencor rugía en mi diestra.

-Soñador... impertinente hasta el final-murmuró.


-¿Acaso no siempre ha sido así, Yaveh?-cuestioné.


-No. No siempre fuiste así. Ninguno de ustedes fue así antes. Ni siquiera El Lucero Del Alba. ¿Qué fue de él,

Soñador? ¿Cual fue el destino de la mejor de mis obras?


-Estaba cansado. Decidió extinguirse en la nada. Está más allá de tu voluntad ahora.


-Como todos-dijo, sin emoción alguna.


-Como todos.


-Veo que traes en tu mano una de mis viejas obras.


-Rencor-dije entre dientes, observando con frialdad la espada que comenzaba a arder en mi mano.


-Era un seguro de vida. Puse mucho de mí mismo en ella. Del mismo modo que el mundo debía estar repleto de dolor, para que ustedes se vieran forzados a elegir entre sus pasiones y su amor a mí, también debían elegir refugiarse en mi voluntad. Podrían haber elegido que ya no esté. Para eso cree la espada. Y por ese mismo motivo la custodió mi peor enemigo.


-El que no podía entrar acá.


-Sí...


-Porque a este lugar sólo puede entrar quien te ame. Contradictorio, Yaveh. No podía ser de otra manera viniendo de vos.


-Soñador... incluso los dioses temen morir. Pero más miedo me da esto. La soledad. Por eso los cree a ustedes. Mi rebaño.


-Ya no quedan ovejas.


-Ya no quedan ovejas. Sólo vos y yo. Los últimos.


-Toda buena fiesta debe terminar con dos tipos solos y una botella de whisky.


-No beberé. La fiesta terminó, se marcharon los invitados. Pero no fue buena. Reservá ese trago para tu larga

estancia en lo que queda del universo, Soñador. También yo estoy muy cansado. Termina con esto, por favor.

Te lo pido de un hijo de puta a otro.


-Adiós.

Clavé la espada es su putrefacto pecho y Rencor atravesó el corazón de Dios. Luego, la nada y el todo.

El vacío.

La soledad.

Era el último hombre de la tierra; el último habitante de la tierra

Me senté y tomé mi whisky. Arrojé la espada, ahora inútil, donde no molestara. Y entonces, visualizando lo bueno que tuvimos y olvidando lo malo que nos impusimos, los busqué a todos en mis recuerdos. Me recosté en el templo derruido, concentrado en lo que debiera haber sido siempre.

Y entonces soñé...

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Tango

>> miércoles, 14 de enero de 2009





Me interno por las callejuelas del oeste, entre nubes de humo, entre suciedad y miseria. Contemplo los despojos del sistema. Niños con bolsas plásticas en el rostro, hombres fumando en silencio a la entrada de los burdeles, mendigos y putas, policías y proxenetas.


Inspiro profundo y apuro el paso. Es sólo un recorrido por tierra enemiga, me digo a mí mismo.


Me inquieta el lugar, debo reconocerlo. Así que busco una bandera. Exánime frente a mí, veo el letrero, la entrada a un refugio: BAR


Sin prisa y sin pausa busco una mesa mientras los acordes finales de un tango torturan mis oídos.


Busco un nido cerca de la ventana; no tengo derecho a estar en esta zona a esta hora. Los enemigos están cerca. Puedo sentirlos. Debo verlos llegar.


La camarera se aproxima. Rubia teñida, cuarentona verídica. Aliento a mil noches decepcionadas. Una marca de anillo en el anular. La mirada azotada por los años.


-¿Qué vas a tomar?-me dice, adivinando que aunque legalmente compatriota, soy un extranjero.


-Whisky. Escocés.


-¿Grapa, cerveza? Café, de última.


-Whisky. Escocés. Ahora.


Va en busca de mi pedido. En su tierra, las reglas son mías.


Frente a mí, la pista de baile comienza a poblarse. Parece un ritual. Me llama la atención una pareja. Él es un tipo común; ella es alguien que conocí en otro tiempo.


En las sombras aún soy paciente.


El sonido en los parlantes destroza mi percepción. Odio los bandoneones.


Figuras. Las piernas se mueven con fingida lascivia. Espectáculo. Show. Con las piernas cerradas no deja de ser una prostituta. Drama y teatro para espectadores empobrecidos, amateurs al contemplar.


Si oyeran mis pensamientos me crucificarían. Eso me hace sonreír.


Un escote y el intento de mujer que se esconde detrás me miran. Ruego por lograr concretar la soledad que ansío, pero se pone de pie.


Camina hacia mí y en el recorrido la acompañan unas cuantas miradas. Debí haberlo pensado mejor antes de entrar en este lugar. Debí haberlo pensado y punto.


-¿Puedo sentarme?-me dice, inclinándose, exhibiendo sus dotes para mí.


-Espero a alguien.


-¿A una chica?


-Al diablo.


Me sonríe pero no se va.


-El diablo baila todas las noches acá-me dice intentando seducirme.


-Sí, y el fantasma de Gardel canta de vez en cuando-respondo.


La camarera se aproxima. En la bandeja no sólo trae mi whisky.


-Tu trago y la bebida para la chica-me dice.


-Ella ya se va-digo, comprendiendo que caí como un imbécil en el juego más viejo.


-Deja, Mary-le dice ella a la camarera-después arreglamos.


La cuarentona se aleja refunfuñando. Yo me quedo sin mi whisky. Gano una compañía no deseada.


-En serio, creo que ya te ibas…


-No. Me quedo-dice y se sienta sin invitación alguna-una milonga, extranjero, y luego serás libre.


-Nací libre.


Desde el otro extremo, me miran. La miro. Nos miramos. Me siento un inútil. Sólo quiero salir de acá.


-Dale, ya zafaste la copa, no te cuesta nada bailar conmigo.


-Yo no bailo-exclamo y me pongo de pie.


La espada a mi izquierda. La pared mi derecha. Al frente cien tangos. Y a mi espalda, el tipo de seguridad.


-¿Todo bien por acá?-dice.


-Ya me cansó. No me pagó la copa ni el whisky que pidió. Y no quiere bailar.


Es grande y musculoso. Tiene una esvástica tatuada en el antebrazo derecho. Será genial verlo caer.


-Eso mismo. Y no pienso pagar por nada. Es más, me voy ahora mismo.


Escucho una voz conocida pronunciar mi nombre sin la dulzura de otros tiempos. Sé que voy a odiarme por la mañana.


-Dame la billetera-dice él.


Mi boca permanece cerrada mientras le quiebro la rodilla. Asesto una patada a su mentón, frágil como una burbuja. En el suelo apoyo mis rodillas en sus hombros y golpeo repetidas veces su pecho con mis nudillos. Me incorporo y les doy la espalda. Lo pienso mejor, me doy vuelta y pateo las costillas de mi inútil oponente.


Otra vez escucho mi nombre. No hará falta esperar a mañana. Ya mismo me odio. Enciendo un cigarrillo y cruzo la puerta velozmente. No voy a esperar la llegada de más neo-nazis de seguridad.


Afuera en el mundo nadie espera por mí. Mis enemigos deben haber seguido de largo. O ya no les importo.


Escucho un último acorde de bandoneón y unos pasos tras de mí. Tacos. Una mujer. Me detengo. Sé que hablará aunque yo no quiero.


-Vos… vos no cambiás más.


-¿Debería?


-Sí… vas a terminar en la tumba muy rápido si seguís así…


-Creo que es el Führer el que va a necesitar una ambulancia. Yo, por mi parte, puedo volver como vine. Y sin

ayuda de nadie.


-¿Quién te creés que sos?


-Un extraño que no baila. Un amigo del diablo que odia el tango. Un tipo sin refugio. Uno de tus pecados.


Ya hablé. Ahora puedo seguir.


Las sombras están demasiado lejos para cubrirme con ellas. Voy con lentitud hacia una parada de colectivo.


Pronto amanecerá. Otra noche habré cumplido con mi deber; otra noche habré sobrevivido.


Pero es un secreto. Pueden negarlo cuanto quieran.


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